Me sorprendió ver esta columna en LUN, pero igual buena así que la comparto.
Si yo fuera juez viviría atormentado con la idea de condenar a un inocente. Las cárceles en Chile son indignas, pero aunque fuesen limpias y humanas, el hecho de quebrar la vida de un hombre que no ha hecho nada malo me haría retroceder horrorizado. Cada vez que un inocente es condenado, todo nuestro sistema judicial se hace cómplice de un crimen.
Por suerte que hay gente que no tiene mis escrúpulos. Hace años que toda suerte de legisladores mediáticos abogan porque se le crea ciento por ciento a la víctima, dejando cada vez menos espacio para que los inculpados prueben su inocencia.
Las cifras, por cierto, apoyan a esos legisladores. La mayor parte de los que parecen ser culpables lo son. Quienes nacen en determinados lugares o con determinados padres terminan tarde o temprano en la cárcel. Pero estoy seguro que si la justicia condenara a más amigos de los legisladroes, lo que ellos llaman "galantismo"-por respetar el principio de inocencia- volvería a llamarse civilización.
Condenar al bulto escuchando sólo una parte funciona y en la mayor parte de los casos da con los culpables. Pero existe la excepción. Ese caso puede ser uno en mil (es bastante más que eso), pero basta para poner en alerta todo el sistema judicial. Una injusticia cometida por el Estado merece que nos detengamos en la maquinaria y la obliguemos a no funcionar atomáticamente, sin mirar las cabezas que corta ni las inocencias que mancha.
Por suerte que hay gente que no tiene mis escrúpulos. Hace años que toda suerte de legisladores mediáticos abogan porque se le crea ciento por ciento a la víctima, dejando cada vez menos espacio para que los inculpados prueben su inocencia.
Las cifras, por cierto, apoyan a esos legisladores. La mayor parte de los que parecen ser culpables lo son. Quienes nacen en determinados lugares o con determinados padres terminan tarde o temprano en la cárcel. Pero estoy seguro que si la justicia condenara a más amigos de los legisladroes, lo que ellos llaman "galantismo"-por respetar el principio de inocencia- volvería a llamarse civilización.
Condenar al bulto escuchando sólo una parte funciona y en la mayor parte de los casos da con los culpables. Pero existe la excepción. Ese caso puede ser uno en mil (es bastante más que eso), pero basta para poner en alerta todo el sistema judicial. Una injusticia cometida por el Estado merece que nos detengamos en la maquinaria y la obliguemos a no funcionar atomáticamente, sin mirar las cabezas que corta ni las inocencias que mancha.
Rafael Gumucio, Las Últimas Noticias.
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