Dentro de los recursos naturales de un país -clima, agua, suelo, topografía, vegetales, fauna- está el mayor o menor potencial económico humano. Es lo que quedó en Europa después que la Segunda Guerra destruyó todo: gente que sabía poner en marcha una producción de alta tecnología. Por esa razón el Plan Marshall de ayuda tuvo espectacular respuesta allí y no en otros lados. Una inversión en maquinaria tiene diez años de vida: una inversión en la alimentación, la salud y la enseñanza fructifica durante cuarenta años".
Iniciativa individual y Plan
"De cada uno según su capacidad" no se refiere solamente a, la capacidad intelectual o adquirida. También pueden variar las inclinaciones idiosincraticas que deben ser respetadas, porque el trabajo debe ser lo más voluntario y deseado posible. Algunas personas funcionan mejor en equipo y otras solas, lo que no quiere decir para sí. Un número creciente tendrá conciencia social del trabajo, pero no se puede asumir que esta es la motivación de todos, hasta que no se logre que sea así.
Muchas personas tienen proyectos de producción que pueden hacer avanzar la economía. El hombre, en general, hace proyectos, una parte de los cuales son económicos: algunos de consumo, otros más indefinidos, de ahorro por ejemplo, otros de producción. Ocurre frecuentemente en el capitalismo, que sobre la misma empresa familiar, el abuelo haga proyectos de producción (reinvierte ganancias), y el nieto los haga de consumo (gasta ganancias). Si se mata toda la iniciativa individual para producir, sólo quedan los proyectos de consumo.
Mucha gente está dispuesta a un sacrificio del consumo, a veces durante años con el objetivo de realizar sus proyectos de trabajo. Es el caso de los estudiantes, de los agricultores que sacrifican su consumo para reinvertir y otros. Y no siempre con miras al lucro ulterior (no son mayoría los médicos que en los países subdesarrollados recuperan con lo que ganan, los años de trabajo gratuito de sus estudios).
Un universitario presenta a la sociedad un hecho consumado: hay que darle trabajo en la profesión para la que estudió. Otros proyectos de trabajo o producción deben tener igual oportunidad porque nada de esto es antieconómico mientras no interfiera en los planes generales; incluso la posibilidad de obtener créditos para poder llevar adelante a sus expensas —o sea con limitación temporal del consumo— un proyecto de producción acorde con su vocación.
Las diferencias con la iniciativa privada capitalista son por lo menos dos. Una es que ofrece iniciativa de producción a todos, no sólo a los que tienen capital o propiedades para lograr crédito. Otra es que crea a la empresa socializada, o que se integra en el Plan general, o que no está reñida con él. O sea que permite la ramificación del Plan por la iniciativa individual o popular. Aquí hay que casar dos poderosos factores económicos, que no siempre son contrapuestos: aprovechar toda la riqueza en variedad, calidad y dinamismo que históricamente le ha dado la iniciativa privada a la economía, con las ventajas que ahora también ha mostrado el Plan para lograr grandes objetivos evitando el desperdicio y la desigualdad.
Esto se logra quitándole a la iniciativa privada sus aspectos negativos, como la tendencia en los países subdesarrollados a encauzarse en el comercio, que exige menor especialización, el peligro de que siembre el caos, la redundancia (doble empleo) o la desigualdad social. Todo esto se corrige impidiendo el aprovechamiento privado de esta iniciativa y filtrándola para que no interfiera con el Plan. Pero éste es impotente como tal para captarla, porque aún el planificador más minucioso desconoce el potencial económico latente en cada individuo: La experiencia dice que el Plan es más adecuado para los grandes objetivos y la iniciativa individual y popular para los pequeños y medios.
Creatividad e interés en la producción
Aparte de proyectos de trabajo y producción, hay una creatividad para inventar o innovar en la producción o en su organización, que puede permitir a veces dar un gran salto en la economía. Esto es reconocido hasta por las empresas capitalistas que organizan "tormentas cerebrales" entre empleados para captar iniciativas en esas discusiones colectivas. O los "círculos de calidad" en cada sección de fábrica en Japón, constituidos por grupos menores de doce personas, que discuten cómo organizar mejor el trabajo en su sector.
Toda esta creatividad tropieza con el bizarro lema del burócrata —y el profesional universitario no suele ir a la zaga en la toma de iniciativas— de que "lo que se me ocurre a mí, no se le puede ocurrir a nadie". Por lo tanto hay que encontrar vías especiales para que esa creatividad no se vea frustrada. En la fábrica, la célula es donde mejor pueden expresarse todos, más que la asamblea (los malos oradores también pueden tener mucha iniciativa). Pero estas células deben funcionar con un mecanismo de intercambio mutuo muy fluido de proposiciones para que tengan un panorama amplio.
La célula debería constituir la unidad de toda democracia. La asamblea, como el mitin son didácticos y tienen el objetivo de enfervorizar. Cómo órgano resolutivo muestran en su haber grandes fechorías históricas, desde aquella de Atenas que decidió el asesinato de toda la población de Lesbos, a instancias de un demagogo, hasta las ejecuciones y contra-ejecuciones en que demagogo, hasta las ejecuciones y contra-ejecuciones en que naufragó la Revolución Francesa. En la producción, la célula debe garantizar en general la iniciativa, alguna resolución y el control, pero la ejecución debe ser lo más individual posible.
Para captar los proyectos de trabajo y producción, así como la creatividad para la fabricación y organización sin trabas, o para decirlo mejor, para eludir el escollo burocrático, es conveniente desarrollar organismos dependientes de la enseñanza, que también contaría con un Instituto de Tecnología Aplicada, como existe en varios países, para llevar adelante sus propias iniciativas.
Se le agregarían facultades para autorizar créditos, etc. para la ejecución de estas iniciativas y también un control de calidad de los artículos para proteger al consumo.
Es un engaño creer que el incentivo económico es el motor de la economía capitalista, ya que aún en ella existen otras motivaciones. Se manifiesta una fuga de los trabajos tediosos y una búsqueda de los trabajos prestigiosos, por ejemplo, para lo cual el estudio y la especialización suelen ser la vía, así como esos proyectos de producción ya mencionados. Despojándolas de la posibilidad de lucrar a costa de otros, todas estas iniciativas de trabajo dinamizan la economía mientras que el incentivo económico contenido en ellas no es distinto al del obrero por su salario.
Una de las formas en que el ser humano se realiza es automanteniéndose, de ahí el orgullo del joven o de la mujer por su primer salario. Hay trabajos que tienen otras compensaciones, él ver crecer sus plantíos para el agricultor, la cura de un enfermo para el médico. Pero hay otros que no tienen más que la remuneración —aparte del sentido social del trabajo, que lo tienen todos. Es un buen índice que la gente trate de escapar de estos trabajos, aún a costa de menor remuneración global.
Es el hombre siempre persiguiendo sus proyectos y realizándose en sus obras, y es así que muchas personas que han vivido huyéndole al trabajo, terminan recibiendo una prescripción de laborterapia en el diván de un psicoanalista. Otros escapan al trabajo físico y terminan en el aerobismo o practicando ejercicios tediosos en un gimnasio.
Existe un trabajo sano, lleno de compensaciones que no hay tanta prisa en sustituir. Un ejemplo puede ser el que la tecnología aplicada a la agricultura no progrese, en los países subdesarrollados, tanto como en los desarrollados, aunque también en ellos parece haberse detenido, y que se concrete en herramientas que transformen las tareas agobiadoras en otras más sanas y gimnásticas, sin suprimir la fuerza humana ayudada por elementos químicos, como fertilizantes, herbicidas y otros. Lo mismo es deseable para las tareas domésticas ya que el confort también mata. En Suiza las defunciones' por accidentes cardiovasculares ascendieron a 18% en 1920 y se elevaron a 43% en 1978.
El objetivo no es transformar al hombre de actor en espectador, ni en un consumidor compulsivo desentendido de la producción. Y en tal sentido son necesarios no sólo sus proyectos, sino también los de la sociedad. Para que la sociedad cumpla con el objetivo "a cada uno según sus necesidades", es necesaria una mística de "economía de guerra", que será tanto más imprescindible cuanto más mayoritarios sean los sectores desposeídos de bienes.
Hay que reconocer que entre los proyectos por los cuales el hombre se realiza, son muchos los ligados al consumo y obtenibles con un trabajo mayor. Se debe destruir la mentalidad de lograr ingresos injustos explotando a otros, pero admitir que uno trabaje más que otro para realizar sus proyectos. La buena formulación de la consigna sería pues "a cada uno según sus necesidades básicas, cubiertas éstas, a cada uno según su trabajo".
Extracto del libro de Raúl Sendic "Reflexiones sobre política económica".
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