Cantopolítico: 2012

El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, ni participa. No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.

domingo, diciembre 30, 2012

Nueva morfología del trabajo: Entrevista con Ricardo Antunes



Es muy diferente el análisis que yo hago de la ley del valor, del análisis que hacen, por ejemplo, Negri y Hardt, que piensan la inmaterialidad como dominante: esa es una concepción eurocéntrica. Imagínense decir que en la China predomina el trabajo inmaterial; o en la India, o en nuestra América Latina.

Publicada en la revista PAMPA, año 2007, Buenos Aires, Argentina.

En su último libro, usted desarrolla la nueva estructuración del mercado de trabajo a partir de los conceptos de acumulación flexible y formas de trabajo degradado. ¿De qué modo estas conceptualizaciones le permiten entender la nueva morfología del trabajo?

La llamada acumulación flexible, la empresa flexible, es aquella que sustituye la planta de origen taylorista-fordista que fue dominante en el siglo XX. Fundamentalmente, su diferencia está en que el trabajo, la fuerza de trabajo es considerada como costo y, como todos los costos, debe disminuir. En segundo lugar, es la consecuencia de un intenso desarrollo de la maquinaria tecno-científica-informacional y hoy digital.

Esto es importante para el capital porque, por ejemplo, integrada en una red través de una computadora, no es necesaria una empresa concentrada, sino muchas pequeñas unidades desparramadas por distintas partes del mundo. Esto tiene una consecuencia directa: fragmenta la clase trabajadora y dificulta inmensamente la organización sindical. Una cosa es la organización sindical en una fábrica que tiene diez mil trabajadores juntos; otra cosa es un sindicato organizado de una empresa que tiene veinte fábricas con cincuenta, cien o doscientos trabajadores en cada una. Estas plantas más pequeñas, son empresas donde las sustancias vivas el trabajo– está siendo secado, eliminado y los que se quedan en el trabajo, trabajan mucho, porque a diferencia de un trabajador/una máquina como en la planta taylorista-fordista, ahora es un equipo de trabajadores operando simultáneamente con muchas máquinas, y una intensidad más profunda. La empresa crea una situación muy compleja: es aparentemente menos despótica, aparentemente hay más libertad; por ejemplo: los comedores de los trabajadores son los mismos que los de los directores, cuando en el pasado estaban separados. No hay más divisiones.

El hecho de que uno puede mirar al otro genera una situación de aparente igualdad; pero, al mismo tiempo, al no haber divisiones, uno puede vigilar al otro, se ejerce un control más enmascarado, porque todos miran a todos simultáneamente. Hay un proceso en el que, como las plantas son flexibles, las producciones son más flexibilizadas, el consumo no es el mismo tipo de consumo de masas de la época taylorista-fordista: las empresas producen aquellos que la demanda requiere para evitar la hiper producción y la incapacidad de vender los productos. Esto significa que la clase trabajadora debe estar compuesta por un núcleo pequeño y estable, el grupo que dispone del dominio técnico necesario para la empresa. Si la empresa va creciendo mucho toma los tercerizados y cuarterizados. Son aquellos que son contratados cuando los mercados se expanden y que son brutalmente reducidos cuando el mercado se reduce.

Hay otro problema. Los estables, en general, tienen más proximidad con la organización sindical, pero los tercerizados son más vulnerables: tienen empleos más precarizados. Las empresas de tercerización y gestión del trabajo tienen una política muy fuertemente anti-sindical.

Fundamentalmente, son estas las cuestiones que caracterizan a la empresa flexible, que produce para la clase trabajadora una situación muy difícil. En la planta taylorista-fordista, el trabajo estaba más reglamentado, con más derechos; pero era un trabajo animalizado. Taylor hablaba del “gorila amaestrado”: era un trabajo manual, prescripto. Los obreros tenían que hacer únicamente lo que estaba prescripto. En la planta más delgada de la era de acumulación flexible, hay un proceso inverso. Los trabajos aparentemente son más independientes. Se pueden hacer más cosas, no hay tanta prescripción. Es la base de lo que se conoce como “toyotismo”: Taiichi Ohno, el gerente ingeniero de la Toyota, a diferencia de Taylor, decía que es preciso inducir e incentivar la dimensión intelectual y cognitiva de los trabajadores.

Pero, en lo que concierne a las condiciones de trabajo, nos encontramos con trabajos inestables, frecuentemente desregulados, desprovistos de derechos y flexibilizados. Entonces, claro, entre la empresa taylorista y fordista y la empresa de la era de la acumulación flexible, existen estas diferencias. Y entre una y otra, hay graduaciones. En nuestro último trabajo que se llama Riqueza y miseria del trabajo en Brasil, mostramos que hay muchas graduaciones. Hay empresas flexibles que mantienen esa herencia taylorista-fordista; y hay empresas que son tayloristas y fordistas pero tienen algunos elementos del mundo flexibilizado. Este es el escenario de lo que yo llamo “la empresa flexible”.

Usted hace mención en un momento a un mecanismo de mediatización que opera sobre la fuerza de trabajo flexibilizado, a partir de la figura del péndulo...

El mundo de trabajo hoy tiene un movimiento pendular. Cada vez menos hombres y mujeres trabajan menos, encuentran menos trabajo estable y necesitan de muchos trabajos –dos, tres, hasta cuatro– para sobrevivir. Y, cada vez más, hombres y mujeres no encuentran trabajo y viven disputando la búsqueda de cualquier labor. Por ejemplo, los cartoneros: ¿cómo empezó este trabajo? Empezó yendo a la basura para buscar restos para su comida y para sus casas. Y, poco a poco, además de hacer de la basura su sobrevivencia, empezaron a hacerse de los materiales rescatados para venderlo para el reciclado: plástico, lata, aluminio, vidrio. Este es el cuadro del trabajo en los inicios del siglo XXI: cada vez menos hombres y mujeres tienen un trabajo fijo y estable y cada vez más hombres y mujeres viven la precariedad del desempleo estructural. Vivencian la condición de una precarización estructural del trabajo, que actúa hoy como condición de nuestro mundo.

Queríamos preguntarle sobre la discusión que sostiene con Toni Negri sobre la cuestión del trabajo inmaterial en la conformación de la teoría del valor. ¿De qué modo confronta con sus tesis de la centralidad del valor inmaterial?

Yo pienso que el capitalismo hoy utiliza la dimensión intelectual del trabajo para agregar más valor, plusvalía. Porque la producción completa hoy es una producción muy heterogénea que cuenta con sectores muy intelectualizados en la punta, hasta sectores muy precarizados en la base. Por ejemplo, en la producción de la Nike, están aquellos que definen los modelos, las marcas, que son trabajos más intelectuales. Al mismo tiempo, hay trabajos ultra precarizados que están en la base de la producción.

Hace algunos años atrás, una trabajadora de la Nike cobraba menos de cuarenta dólares por mes, cuando una zapatilla cuesta alrededor de doscientos dólares. Lo mismo en la empresa Microsoft, que tiene trabajadores de punta que diseñan el software y están los de la línea de producción en situaciones de absoluta precariedad.

Este proceso incorpora el trabajo material que es visiblemente dominante, pero incorpora también el trabajo inmaterial: el trabajo de propaganda, de investigación, de diseño, etc. En la articulación conjunta, entonces, está el trabajo material, que es central, y el trabajo inmaterial, que es partícipe; ambos participan del proceso de la formación de valor. Esto es muy diferente de lo que dice Negri, para quien, primero, el trabajo inmaterial es dominante y, segundo, el trabajo material no es parte del valor, sino que este se realiza por el trabajo del afecto, de la subjetividad, un trabajo de nuevo tipo. Ahora, no es un trabajo de nuevo tipo: es una forma acentuada de un trabajo del que Marx ya se había percatado cuando escribió El Capital –su obra máxima–, los Grundrisse, y en aquel fragmento muy especial que es el Capítulo VI inédito de El Capital, en donde habla de “trabajo productivo” y “trabajo improductivo” y, dentro de este, lo que denomina “trabajo no material”.

Para mí, “trabajo no material” es lo mismo que “trabajo inmaterial”. Pero es muy diferente el análisis que yo hago de la ley del valor, del análisis que hacen, por ejemplo, Negri y Hardt, que piensan la inmaterialidad como dominante: esa es una concepción eurocéntrica. Imagínense decir que en la China predomina el trabajo inmaterial; o en la India, o en nuestra América Latina. Es una visión eurocéntrica que capta una tendencia real, ciertamente, la emergencia y la expansión del trabajo inmaterial. Pero decir que esa tendencia sea dominante, es a mi juicio algo completamente equivocado. Por eso, en un diálogo crítico, yo digo: mi concepción de trabajo inmaterial es otra. Es un esfuerzo de actualización y comprensión actual de pistas excepcionales que Marx ofreció cuando percibía algunos fenómenos que, en el siglo XIX, eran marginales y que hoy no lo son. Ahora, una cosa es hablar de interacción compleja entre trabajo inmaterial y material, y otra cosa es hablar de un dominio del trabajo inmaterial sin la participación de la creación de valor complejo; esta segunda tesis es para mí un equívoco grave.

¿Cómo analiza esta nueva tendencia del campo intelectual vuelta a reflexionar sobre el trabajo, donde, por ejemplo en Argentina, se ha pasado de muchos análisis sobre los movimientos sociales, a volver a preguntarse sobre esta problemática? ¿Cuáles cree que son los componentes que hicieron que el campo intelectual regrese a la cuestión del trabajo?

Fundamentalmente, hubo un conjunto de cambios a partir de la crisis de los años ’70 que metamorfoseó la forma de ser del trabajo: lo que estamos llamando, hoy, “la nueva morfología del trabajo”. Muchos autores vieron en estas tendencias el fin o la deconstrucción o la reducción del trabajo, con dos consecuencias graves: en primer lugar, el fin, la deconstrucción o la reducción del trabajo implican que la clase trabajadora pierde su fuerza política. En segundo lugar, el trabajo no es el fundamento de la ley del valor y, consecuentemente, de la plusvalía.

Son dos cosas muy fuertes, ya que si no hay más valor, no habitamos más la sociedad capitalista; y si la clase trabajadora no tiene más fuerza para modificar el mundo, éste no cambiará jamás, por lo cual, el capitalismo será eterno. Estas tesis me hicieron plantear en mi libro de 1995 ¿Adiós al trabajo?, una pregunta: ¿adiós al trabajo?, donde polemizaba con Adiós al proletariado de André Gorz, con la Teoría de la acción comunicativa de Habermas, con el ensayo de Claus Offe “Trabajo: ¿una categoría sociológica central?”, donde hacía la pregunta para contestarla negativamente. Yo planteaba una cuestión diferente: no hay un movimiento unidireccional –fin del trabajo o reducción–, sino un movimiento multitendencial e incluso contradictorio, donde en algunos sectores la reducción del trabajo de tipo taylorista-fordista y, por tanto, del obrero tradicional de este tipo, es enorme. Pero al mismo tiempo se amplió el trabajo de los proletariados precarizados en la industria, en los servicios, en la agro-industria, etc.

O sea, hay un movimiento pendular diferente. ¿Qué pasó? Estas tesis del fin del trabajo demostraron ser un fracaso completo. Eran, además, eurocéntricas: paralelamente, en el mundo real, la Nike situaba su producción en la India y en América Latina, para pagar menos a la fuerza de trabajo. Las empresas de EEUU y de Europa cambiaron su producción del suelo norteamericano y europeo hacia el este de Europa. Las empresas alemanas pagaban mucho menos para producir en Hungría o en Polonia de lo que pagaban en Alemania. Por fin, la explosión de India y de China como lugares de producción. ¿Qué significa esta explosión? En primer lugar, ambos países tienen una fuerza de reserva manufacturera industrial y de servicios monumental, que hizo que los niveles de reproducción de la fuerza de trabajo caigan de cien a diez, por poner un ejemplo.

O sea, hoy cualquier empresario transnacional mira los bajos patrones de remuneración de la fuerza de trabajo de China. Los empresarios toman los patrones de reproducción de esa fuerza de trabajo de tal modo que un obrero argentino, brasileño o mexicano es considerado costoso, porque los obreros chinos son mucho más baratos. Es un proceso de pauperización del trabajo y de intensificación de la plusvalía absoluta y relativa en escala global. China tiene una fuerza sobrante de trabajo inmensa; India tiene una fuerza de trabajo inmensa y un aparato científico relativamente fuerte para los llamados países en desarrollo, tiene una clase trabajadora con niveles de formación superior a muchos de los países, por ejemplo, de la América Latina, como Perú, Ecuador, Bolivia, amplias partes de Brasil, que no tienen un proletariado calificado como el de aquellos países. Es evidente que esta tesis del papel del trabajo en la creación del valor –la baja de los precios de fuerza de trabajo en escala global– mostró que los teóricos del fin del trabajo estaban errados: no se trataba del fin del trabajo, sino del fin de cierto tipo de trabajo relativamente estable y relativamente bien remunerado como en Suecia, Alemania, Holanda, Francia; en un contexto global de degradación, precarización y destrucción del trabajo.

Una situación donde una parte enorme de la fuerza de trabajo es superflua y no tiene más cómo ser incorporada dentro de la lógica destructiva del capital. Esos trabajadores y trabajadoras sólo tendrán un trabajo dotado de sentido si cambiamos la lógica destructiva del capital. Pero cambiar la lógica destructiva del capital implica derrumbar los sistemas del capital: lo que es algo muy complicado pero, al mismo tiempo, imprescindible.

Porque, si nosotros volvemos acá dentro de veinte años, al sindicato donde estamos hoy, de los trabajadores del Estado, la situación de hoy será buena en comparación con la que se vivirá en las próximas décadas, si no hay un cambio estructural fundamental. ¿Por qué? Hace cinco años yo estuve aquí y decía que la situación era precaria, pero era mucho mejor que ahora –y no hablo sólo de la Argentina, hablo del mundo. Y hace veinte años, la situación de los trabajadores era mucho menos precaria de lo que es hoy. Porque el capitalismo es hoy el capitalismo de las transnacionales que quieren más valor, una competencia desenfrenada como parte de una lógica destructiva.

Tres son las consecuencias visibles de esta lógica destructiva. Una lógica que destruye el trabajo en escala global; una lógica que destruye la naturaleza y el medio ambiente en escala global –yo salí de Brasil hace dos días, estamos en primavera y hacía 35º de temperatura; y en el Nordeste de Brasil hacía cerca de 42º: estamos viviendo un proceso de desertificación del mundo en función de la destrucción ambiental, donde la temperatura del mundo está ascendiendo, los niveles del agua y mares del mundo están subiendo, y vamos de los terremotos a los incendios. La tercera dimensión destructiva es la política internacional de EEUU, que es la política de la guerra: la que implica la invasión de Irak, mañana la invasión de Irán, pasado mañana la invasión de Corea, Venezuela o Cuba, siempre es preciso invadir algún país. Esto atiende a una lógica política de dominación, el falso proyecto de la “democracia global”, un proyecto de apropiación neoimperial de las riquezas energéticas del mundo: petróleo, gas, agua. Todo debe quedar en y para los EEUU.

¿Es un cuadro pesimista? Sí, lo es. Pero en un contexto de crítica que implica muchas luchas sociales. Nosotros estamos viviendo una etapa de cambio en las formas de lucha social. Por ejemplo, en América Latina se lucha contra la privatización del agua –Ecuador, Volvía, Perú–, contra la privatización del Petróleo –Venezuela–, contra la privatización del gas –Bolivia. Se lucha contra la destrucción de la naturaleza que los capitales globales efectúan en nuestra América y en otras partes del mundo. Hay huelgas en distintas partes del mundo, una forma de lucha tradicional pero importante en su persistencia. Hace unos días, hubo una enorme huelga de los trabajadores del servicio de transporte público de Francia que pararon la circulación de todo el país, porque el gobierno de extrema derecha –derecha o extrema derecha, es una cuestión de gustos– de Sarkozy quiere destruir la previsión social de los trabajadores públicos.

También hubo en 2005 una huelga importante en Francia en contra de la Ley del Primer Empleo, que unificó a los estudiantes que no aceptaban el contrato de primer empleo que era una falacia precarizante, y a los trabajadores estables que percibían que los contratos de primer empleo, si pasaban a los estudiantes, después iban a llegar a ellos también, lo que significaba que en dos años los empresarios iban a poder despedir sin justa causa. Y algunos meses antes, en octubre-noviembre del año anterior, fin del 2004, la explosión de los sans papiers en Francia, los “sin papeles”: jóvenes, inmigrantes, precarizados y sin trabajo. ¿Qué empezaron a hacer? A destruir la periferia de París.

¿Cuál fue el objeto que más destruyeron, en ese momento? Automóviles. ¿Por qué? Porque el siglo XX es considerado la era de la sociedad del automóvil; y decían: esta sociedad de los automóviles no es para nosotros, es para ellos y no para nosotros. Este cuadro muestra que hay lucha social en América Latina.

Vimos una maravillosa lucha en Oaxaca, en México, el espíritu de la comuna volvió en Oaxaca. Estamos viendo gobiernos como el de Venezuela, Bolivia e incluso de Ecuador, que están intentando un camino alternativo que no es irrelevante, al contrario: es muy importante que un gobierno como el de Venezuela ponga como bandera de su proyecto político el discutir el socialismo del siglo XXI. Porque hace diez años, no se podía hablar de socialismo. Pero cuando me decían que el socialismo había acabado, yo les respondía que era imposible porque aún no había podido comenzar. Intentó comenzar, pero no lo consiguió. Es una discusión muy importante, la pregunta por el socialismo y su fracaso en el siglo XX. Porque una cosa es tener una revolución socialista, como la Unión Soviética; otra cosa es instaurar un nuevo modo de vida socialista, que no es posible ni en un solo país, ni en un conjunto de países. No habrá socialismo en tanto el corazón del sistema del capital no sea perimido. El corazón del sistema de capital son hoy los EEUU, la Europa avanzada y Japón.

Mientras esos polos centrales del capital no sean golpeados, no habrá socialismo. No se puede hacer una revolución socialista en la periferia del sistema porque acaba agotándose. Los casos más evidentes son dos. La URSS, que hace una revolución majestuosa y que en 1989, 1990 empieza a desaparecer. Y la situación actual de China. Ninguna persona de buen sentido hoy puede decir que China es una sociedad socialista porque China es un país completamente dominado por relaciones de trabajo y de producción capitalistas pero controladas políticamente por un partido comunista chino que es muy centralista, muy autocrático. El partido comunista chino hizo su congreso hace algunas semanas, donde se han afiliado los empresarios: un comunismo de empresarios no tiene por cierto nada del proyecto original marxiano o incluso marxista en el sentido más originario, que no imaginaba un partido comunista compuesto por empresarios y mucho menos una sociedad socialista donde los empresarios mandan.

Entonces, China es un país hoy muy complejo, porque tiene un mando político por parte del partido comunista chino que controla completamente el poder del Estado y del ejército y tiene una sociedad que explota intensamente su fuerza de trabajo. Por todo esto, en dos o tres años China pasó de cinco mil conflictos sociales a ochenta mil conflictos en el año 2005. El país sufrió una explosión, porque la intensidad de la explotación del trabajo de los obreros y obreras chinos tiene un límite, y empieza a generar la explosión de la conflictividad como en cualquier país capitalista.

En este esquema que usted hace, ¿cuál es la autocrítica que debiera hacerse la izquierda latinoamericana por haber contribuido a las condiciones de opresión simbólicas a su interior? En este sentido y retomando a el sentido de la pregunta anterior, ¿cuál es su opinión acerca de este proceso de invisibilización del trabajo en tanto ha sido, en cierta medida, sostenido por el pensamiento de izquierda, en su corrimiento hacia una visión de los movimientos sociales, hacia un enfoque más “onegeista”? ¿Cómo cree, además, que se revierte esta situación?

Es una pregunta muy compleja, intentaré hacer tan sólo algunas observaciones. La izquierda, los marxismos del siglo XX pagaron un precio muy alto frente a la historia. El siglo XX fue muy duro para todas las izquierdas en general. La revolución rusa comenzó como un movimiento magistral que marcaba el inicio de la nueva era. Salvando las diferencias, parecía algo similar a la Revolución Francesa, que cambió el mundo entero, empezando por Francia y extendiéndose a toda Europa. La Revolución Rusa parecía como el punto de partida del cambio desde el Oriente hacia el Occidente. Pero no se extendió. En Alemania, pocos años después, fue derrotada la revolución; en Hungría, dos años después de 1917, fue derrotada la revolución; en Italia, los levantamientos obreros de los años veinte fueron derrotados.

Todos los intentos de revolución fueron derrotados. Y la revolución rusa vivió un dilema trágico del cual no imaginaba ser prisionera: hizo una revolución, derrotó el zarismo, derrotó a los mencheviques y tomó la estructura de poder, pero no hubo una expansión de esa revolución hacia los países centrales en dirección a lo que decía recién, al corazón del capital. Al contrario, no llegó a Alemania, a Italia, a Japón, a EEUU. Llegó a China en el ’49, para Cuba en el ’59. Es decir, cada vez más en dirección al mundo colonial en la periferia del sistema. Porque, ustedes saben, el Este europeo no vivió una revolución: fue una lucha de resistencia muy importante contra la guerra, luego de la cual quedó en parte bajo influencia soviética, pero no por una revolución, sino por un acuerdo en función de la lucha de la resistencia antifascista.

Los resultados de esto: el marxismo del siglo XX se vio prisionero, por un lado, de la barbarie estalinista. Cuando Lenin muere en 1924, se acentúa una guerra muy dura dentro del partido comunista soviético entre Stalin y Trotsky: sabemos quién ganó esa guerra. En el ’28-’29 Trotsky pierde la lucha, se va de la URSS y hay un proceso de estalinización del movimiento comunista internacional que tuvo repercusiones muy profundas. La más trágica, para citar sólo una y no irnos demasiado lejos, es que una revolución singular, que fue la revolución rusa de 1917, pasa a ser tomada como modelo universal de toma del poder. Esto es una tragedia, porque ¿cómo se puede concebir que una revolución en Francia, por ejemplo, tenga que tener el mismo camino que en Rusia? Y un modelo particular de partido revolucionario en un país zarista, dictatorial y autocrático como era Rusia antes del ’17 es tomado como modelo de partido para todo el mundo, lo que dio el partido comunista marxista-leninista. Una total aberración. No es por azar que el que más divulgó al partido marxista-leninista haya sido Stalin: un partido ultracentrista, donde una vanguardia decide y las masas tienen que aceptar de buen o mal grado.

Y yo hago un balance como marxista, no hablo como liberal. El partido de Marx era diferente, porque Marx pensaba un partido en Europa occidental, Marx hablaba en la Primera Internacional de un partido político distinto; nunca pensó un partido de ultravanguardia –que era imprescindible en Rusia, porque Rusia era un país policial, una dictadura terrorista y policial donde, incluso estando en la clandestinidad, los miembros del partido eran eliminados; entonces, no podía ser un partido abierto y democrático. Pero el “transplante” también generó una respuesta muy dura al estalinismo, que fue con diferentes variantes, las distintas modalidades del movimiento trotskista. Muchas de ellas –no todas, pero ciertamente muchas– también muy dogmáticas.

¿Cómo fue esto? Trotsky explicó que hay un problema de traición y el problema es que las direcciones son carcomidas: claro que el problema de las direcciones es frecuentemente un problema real, pero imaginar que todas las direcciones traicionan porque llegan al poder y traicionan, es un problema mal planteado. La pregunta es ¿por qué la traición? ¿Quiénes acaban traicionando?

Aunque yo no comparo nunca al estalinismo con el trotskismo: el estalinismo fue una contrarrevolución dentro de la revolución rusa. Y Trotsky fue una de las figuras más lúcidas al percibir la imposibilidad de la prosecución del socialismo en un solo país; pero muchos trotskismos mantuvieron y mantienen la idea de un partido de vanguardia muy sectario. Yo pienso que el siglo XXI nos va a obligar a pensar, primero, que las luchas sociales, las luchas de clases suponen muchos movimientos, lo que nos lleva a una des-jerarquización de la relación entre movimientos y otras organizaciones que plantean la representación política. Y discutir eso de “¿Por qué el partido es más importante? Porque el Comité Central lo define así”, “¿Por qué los sindicatos son lo segundo? Porque el Comité Central define que primero es el partido y segundo los sindicatos”, etc.

Más importante hoy es ver cuáles son los movimientos que hacen la lucha más radical. ¿Y qué es hacer la lucha más radical? No es protestar, protestar no hace avanzar, la cuestión no es un concurso de gritos. Es pegar en las raíces, “erradicar” es tomar las cosas por la raíz.

La revolución rusa tenía una consigna, su bandera: Pan, Paz y Tierra. Pan, porque la población estaba famélica, tenía hambre.

Paz porque en la lucha habían muerto millones de soldados pobres, luchando sin saber por qué. Y Tierra, porque era un país con mucha tierra y con mucha hambre. No eran banderas genéricas, eran muy radicales y vitales. Es importante luchar para que los sindicatos hoy diseñen una lucha radical: de carácter radical en tanto es de carácter vital. Entonces, el trabajo es vital, claro, ahora bien: ¿qué trabajo? ¿El de los estables o el de todos? El de todos.

Por eso, yo veo con simpatía que la CTA tenga una preocupación al menos en luchar para contener, para comprender a los trabajadores sin trabajo. Veo con simpatía a la CIG, la Confederación Intersindical Gallega, que es diferente de la UGT y de Comisiones Obreras, que se integraron: el sindicalismo no pueden “integrarse”, no puede ser un sindicalismo institucional, estatal o “amigo” del capital. Ese es el camino de la conversión de los sindicatos hacia un sindicato dentro del orden: estar atado al Estado, subordinarse a la negociación del capital y burocratizarse e institucionalizarse. Ese es el camino de la servidumbre sindical.

Y un último punto: yo pienso que los sindicatos de izquierda, los sindicatos de clase, tienen que comprender primero cuál son las nuevas formas del trabajo hoy, quién es la clase trabajadora: hombres, mujeres, jóvenes, viejos, nativos, inmigrantes, calificados, no calificados, empleados, no empleados, etc. Y, además, en qué sociedad vivimos. Y si los sindicatos profundizan la cuestión acerca de qué sociedad tenemos, llegarán a la conclusión, en este siglo XXI, de que el capitalismo es inviable para la humanidad.

Entonces, es necesario preguntar ¿qué queremos? Porque esto repone la cuestión del socialismo. Yo pienso que es un desafío de los sindicatos reflexionar qué será el socialismo del siglo XXI.

Y no, como algunos plantearon en el pasado, que “los sindicatos se dedican al sindicalismo y los partidos a la política” –y la burguesía, que divide las cosas, domina el mundo.

Los sindicatos tienen que pensar la lucha concreta e inmediata y, al mismo tiempo, para dónde vamos. Así como los movimientos sociales deben pensar la lucha por el agua, por la comida, por el transporte y, al mismo tiempo, para dónde vamos. Y los partidos que quieran tener vitalidad, deben pensar menos en las elecciones de cada año –ya que hay muchas elecciones y no se cambia completamente nada, y cuando se cambia es para peor– y pensar en luchas extra-parlamentarias para fundir la lucha popular en un proyecto más general de transformación radical de la sociedad.

sábado, agosto 11, 2012

Selk'nam: Vida y muerte en Tierra del Fuego

   

Estoy aquí cantando,
el viento me lleva,
estoy siguiendo las pisadas de aquellos que se fueron.

Se me ha permitido venir
a la Montaña del Poder,
he llegado a la gran cordillera del cielo,
camino hacia la casa del cielo.

El poder de aquellos que se fueron vuelven a mí,
los del infinito me han hablado.

Mario Benedetti - Defensa de la alegría


Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

Pablo de Rocka - Canto del macho anciano


Sentado a la sombra inmortal de un sepulcro,
o enarbolando el gran anillo matrimonial
herido a la manera de palomas que se deshojan como congojas,
escarbo los últimos atardeceres.

Como quien arroja un libro de botellas tristes a la Mar-Océano
o una enorme piedra de humo echando sin embargo
espanto a los acantilados de la historia
o acaso un pájaro muerto que gotea llanto,
voy lanzando los peñascos inexorables del pretérito
contra la muralla negra.

Y como ya todo es inútil,
como los candados del infinito crujen en goznes mohosos,
su actitud llena la tierra de lamentos.

Escucho el regimiento de esqueletos del gran crepúsculo,
del gran crepúsculo cardíaco o demoníaco,
maníaco de los enfurecidos ancianos,
la trompeta acusatoria de la desgracia acumulada,
el arriarse descomunal de todas las banderas,
el ámbito terriblemente pálido de los fusilamientos,
la angustia del soldado que agoniza entre tizanas y frazadas,
a quinientas leguas abiertas del campo de batalla,
y sollozo como un pabellón antiguo.

Hay lágrimas de hierro amontonadas,
pero por adentro del invierno
se levanta el hongo infernal del cataclismo personal,
y catástrofes de ciudades que murieron y son polvo remoto, aúllan.

Ha llegado la hora vestida de pánico
en la cual todas las vidas carecen de sentido, carecen de destino,
carecen de estilo y de espada,
carecen de dirección, de voz,
carecen de todo lo rojo y terrible de las empresas
o las epopeyas o las vivencias ecuménicas,
que justificarán la existencia como peligro y como suicidio;
un mito enorme, equivocado, rupestre, de rumiante fue el existir;
y restan las chaquetas solas del ágape inexorable,
las risas caídas y el arrepentimiento invernal de los excesos,
en aquel entonces antiquísimo con rasgos de santo y de demonio,
cuando yo era hermoso como un toro negro y tenía las mujeres que quería
y un revólver de hombre a la cintura.

Fallan las glándulas
y el varón genital intimidado por el yo rabioso,
se recoge a la medida del abatimiento o atardeciendo
araña la perdida felicidad en los escombros;
el amor nos agarró y nos estrujó como a limones desesperados,
yo ando lamiendo su ternura, pero ella se diluye en la eternidad,
se confunde en la eternidad, se destruye en la eternidad y aunque existo porque batallo
y «mi poesía es mi militancia»,
todo lo eterno me rodea amenazándome y gritando desde la otra orilla.

Busco los musgos, las cosas usadas y estupefactas,
lo postpretérito y difícil, arado de pasado e infinitamente de olvido,
polvoso y mohoso como las panoplias de antaño,
como las familias de antaño, como las monedas de antaño,
con el resplandor de los ataúdes enfurecidos,
el gigante relincho de los sombreros muertos,
o aquello únicamente aquello que se está cayendo en las formas,
el yo público, la figura atronadora del ser que se ahoga contradiciéndose.

Ahora la hembra domina, envenenada,
y el vino se burla de nosotros como un cómplice de nosotros,
emborrachándonos, cuando nos llevamos la copa a la boca dolorosa,
acorralándonos y aculatándonos contra nosotros mismos como mitos.

Estamos muy cansados de escribir universos sobre universos
y la inmortalidad que otrora tanto amaba el corazón adolescente,
se arrastra como una pobre puta envejeciendo;
sabemos que podemos escalar todas las montañas de la literatura
como en la juventud heroica, que nos aguanta el ánimo
el coraje suicida de los temerarios, y sin embargo yo,
definitivamente viudo, definitivamente solo, definitivamente viejo,
y apuñalado de padecimientos,
ejecutando la hazaña desesperada de sobrepujarme,
el autoretrato de todo lo heroico de la sociedad y la naturaleza me abruma;
¿qué les sucede a los ancianos con su propia ex-combatiente sombra?
se confunden con ella ardiendo
y son fuego rugiendo sueño de sombra hecho de sombra,
lo sombrío definitivo y un ataúd que anda llorando sombra sobre sombra.

Viviendo del recuerdo, amamantándome del recuerdo,
el recuerdo me envuelve y al retornar a la gran soledad de la adolescencia,
padre y abuelo, padre de innumerables familias,
rasguño los rescoldos, y la ceniza helada agranda la desesperación
en la que todos están muertos entre muertos,
y la más amada de las mujeres, retumba en la tumba de truenos y héroes
labrada con palancas universales o como bramando.

¿En qué bosques de fusiles nos esconderemos de aquestos pellejos ardiendo?
porque es terrible el seguirse a sí mismo
cuando lo hicimos todo, lo quisimos todo, lo pudimos todo
y se nos quebraron las manos, las manos y los dientes mordiendo hierro con fuego;
y ahora como se desciende terriblemente de lo cuotidiano a lo infinito,
ataúd por ataúd, desbarrancándonos como peñascos o como caballos mundo abajo,
vamos con extraños, paso a paso y tranco a tranco
midiendo el derrumbamiento general,
calculándolo, a la sordina,
y de ahí entonces la prudencia que es la derrota de la ancianidad;
vacías restan las botellas, gastados los zapatos
y desaparecidos los amigos más queridos,
nuestro viejo tiempo, la época
y tú, Winétt, colosal e inexorable.

Todas las cosas van siguiendo mis pisadas, ladrando desesperadamente,
como un acompañamiento fúnebre,
mordiendo el siniestro funeral del mundo,
como el entierro nacional de las edades, y yo voy muerto andando.
infinitamente cansado, desengañado, errado,
con la sensación categórica de haberme equivocado en lo ejecutado
o desperdiciado o abandonado o atropellado al avatar del destino
en la inutilidad de existir y su gran carrera despedazada.

Comprendo y admiro a los líderes,
pero soy el coordinador de la angustia del universo,
el suicida que apostó su destino a la baraja de la expresionalidad
y lo ganó perdiendo el derecho a perderlo,
el hombre que rompe su época y arrasándola, le da categoría y régimen,
pero queda hecho pedazos y a la expectativa;
rompiente de jubilaciones, ariete y símbolo de piedra,
anhelo ya la antigua plaza de provincia
y la discusión con los pájaros,
el vagabundaje y la retreta apolillada en los extramuros.

Está lloviendo, está lloviendo, está lloviendo,
¡ojalá siempre esté lloviendo, esté lloviendo siempre
y el vendaval desenfrenado que yo soy íntegro,
se asocie a la personalidad popular del huracán!

A la manera de la estación de ferrocarriles,
mi situación está poblada de adioses y de ausencia,
una gran lágrima enfurecida derrama tiempo con sueños y águilas tristes;
cae la tarde de la literatura y no hicimos lo que pudimos,
cuando hicimos lo que quisimos con nuestro pellejo.

El aventurero de los océanos deshabitados,
el descubridor, el conquistador, el gobernador de naciones
y el fundador de ciudades tentaculares,
como un gran capitán frustrado,
rememorando lo soñado como errado y vil
o trocando en el escarnio celestial del vocabulario
espadas por poemas, entregó la cuchilla rota del canto
al soñador que arrastraría adentro del pecho universal muerto,
el cadáver de un conductor de pueblos,
con su bastón de mariscal tronchado y echando llamas.

El «borracho, bestial, lascivo e iconoclasta» como el cíclope de Eurípides,
queriendo y muriendo de amor, arrasándola a la amada en temporal de besos,
es ya nada ahora más que un león herido y mordido de cóndores.
 
Caduco en «la República asesinada»
y como el dolor nacional es mío, el dolor popular me horada la palabra,
desgarrándome, como si todos los niños hambrientos de Chile fueran mis parientes;
el trágico y el dionisíaco naufragan en este enorme atado de lujuria en angustia,
y la acometida agonal se estrella la cabeza en las murallas enarboladas de sol caído,
trompetas botadas, botellas quebradas, banderas ajadas,
ensangrentadas por el martirio del trabajo mal pagado;
escucho la muerte roncando por debajo del mundo
a la manera de las culebras,
a la manera de las escopetas apuntándonos a la cabeza,
a la manera de Dios, que no existió nunca.

Hueso de estatua gritando en antiguos panteones,
amarillo y aterido como crucifijo de prostituta,
llorando estoy, botado, con el badajo de la campana del corazón hecho pedazos,
entre cabezas destronadas, trompetas enlutadas y cataclismos,
como carreta de ajusticiamiento,
como espada de batallas perdidas en  montañas, desiertos y desfiladeros,
como zapato loco.

Anduve todos los caminos preguntando por el camino,
e intuyó mi estupor que una sola ruta, la muerte adentro de la muerte
edificaba su ámbito adentro de la muerte,
reintegrándose en oleaje oscuro a su epicentro;
he llegado adonde partiera, cansado y sudando sangre
como el Jesucristo de los olivos, yo que soy su enemigo;
y sé perfectamente que no va a retornar ninguno de los actos pasados o antepasados,
que son el recuerdo de un recuerdo
como lloviendo años difuntos del agonizante ciclópeo,
porque yo siendo el mismo soy distinto, soy lo distinto mismo y lo mismo distinto;
todo lo mío ya es irreparable;
y la gran euforia alcohólica en la cual naufragaría el varón conyugal de entonces,
conmemorando los desbordamientos felices,
es hoy por hoy un vino terrible despedazando las vasijas o clavo ardiendo.

Tal como esos molos muertos del atardecer,
los deseos y la ambición catastrófica,
están rumiando verdad deshecha y humo
en los sepulcros de los estupendos panteones extranjeros,
que son ríos malditos a la orilla del mar de ceniza que llora abriendo su boca de tromba.

El garañón desenfrenado y atrabiliario,
cuyos altos y anchos veinte años meaban las plazas públicas del mundo,
dueño del sexo de las doncellas más hermosas
y de los lazos trenzados de doce corriones,
da la lástima humillatoria del cazador de leones decrépito y dramático,
al cual la tormenta de las pasiones acumuladas
como culebras en un torreón hundido, lo azota;
me repugna la sexualidad pornográfica,
y el cadáver de Pan enamorado de la niña morena;
pero el viejo es de intuición y ensoñación e imaginación cínica
como el niño o el gran poeta a caballo en el espanto,
tremendamente amoral y desesperado,
y como es todo un hombre a esas alturas,
anda levantándoles las polleras a las hembras chilenas e internacionales
y cayendo de derrota en derrota en la batalla entre los hechos y los sueños;
es mentira la ancianidad agropecuaria y de égloga,
porque el anciano se está vengando,
cuando el anciano se está creando su pirámide;
como aquellos vinos añejos, con alcohol reconcentrado en sus errores
y ecos de esos que rugen como sables o como calles llenas de suburbio,
desgarraríamos los toneles si pudiese la dinamita adolorida del espíritu
arrasar su condensación épica, y sol caído, su concentración trágica,
pero los abuelos sonríen en equivalente frustrados,
no porque son gangochos enmohecidos, sino rol marchito,
pero con fuego adentro del ánimo.

Sabemos que tenemos el coraje de los asesinados y los crucificados por ideas,
la dignidad antigua y categórica de los guerreros de religión,
pero los huesos síquicos flaquean, el espanto cruje de doliente
y se caen de bruces los riñones, los pulmones, los cojones de las médulas categóricas.

Agarrándonos a la tabla de salvación de la poesía, que es una gran máquina negra,
somos los santos carajos y desocupados de aquella irreligiosidad horrenda
que da vergüenza porque desapareció cuando desapareció el último «dios» de la tierra,
y la nacionalidad de la personalidad ilustre,
se pudre de eminente y de formidable como divino oro judío;
todo lo miramos en pasado, y el pasado, el pasado,
el pasado es el   porvenir de los desengañados y los túmulos;
yo, en este instante, soy como un navío que avanza mar afuera
con todo lo remoto en las bodegas y acordeones de navegaciones;
querríamos arañar la eternidad y a patadas, abofeteándola,
agujerear su acerbo y colosal acero;
olorosos a tinajas y a tonelería o a la esposa fiel, a lágrima deshabitada,
a lo chileno postpretérito o como ruinoso y relampagueante,
nuestros viejos sueños de antaño ya hogaño son delirio,
nuestros viejos sueños de antaño, son llanto usado y candelabros de espantajos,
valores de orden y categorías sin vivencias.

Envejeciendo con nosotros, la época en desintegración entra en coma,
entra en sombra, entra toda la gran tiniebla de quien rodase periclitando,
pero por adentro le sacamos los nuevos estilos contra los viejos estilos
arrastrándolos del infierno de los cabellos restableciendo lo inaudito de la juventud,
el ser rebelde, insurgente, silvestre e iconoclasta.

La idolatrábamos, e idolatrándola,
nos revolcábamos en la clandestinidad de la mujer ajena
y retornábamos como sudando lo humano, chorreando lo humano, llorando lo humano,
o despavoridos o acaso más humanos que lo más humano entre lo más humano,
más   bestias humanas, más error, más dolor, más terror,
porque el hombre es precisamente aquello,
lo que deviene sublimidad en la gran caída, flor de victorias-derrotas llamando,
gritando, llorando por lo desaparecido,
como grandes, tremendos mares-océanos degollándose en oleajes,
criatura de aventura contra el destino,
voz de los naufragios en los naufragios resplandeciendo, estrella de tinieblas,
ahora no caemos porque no podemos y como no caemos,
a la misma altura, morimos, porque el cuero del cuerpo,
como los viejos veleros, se prueba en la tormenta;
del dolor del error salió la poesía, del dolor del error y el hombre enorme,
contradictorio, aforme, acumulado,
el hombre es el eslabón perdido de una gran cadena de miserias,
el hombre expoliado y azotado por el hombre,
y hoy devuelvo a la especie la angustia individual;
adentro del corazón ardiendo nosotros la amamantamos con fracasos
que son batallas completamente ganadas en literatura, contra la literatura;
la amamos y la amábamos con todo lo hondo del espíritu,
furiosos con nosotros, hipnotizados, horrorizados, idiotizados,
con el   ser montañés que éramos, agrario-oceánicos de Chile,
ahora es ceniza, ceniza y convicción materialista, ceniza y desesperación helada,
lo trágico enigmático, paloma del mundo e historia del mundo,
y aquella belleza inmensa e idolatrada, Luisa Anabalón, entrañas.

Ruge la muerte con la cabeza ensangrentada y sonríe pateándonos,
y yo estoy solo, terriblemente solo, medio a medio de la multitud que amo y canto,
solo y funeral como en la adolescencia,
 solo, solo entre los grandes murallones de las provincias despavoridas,
solo y vacío, solo y oscuro, solo y remoto, solo y extraño, solo y tremendo,
enfrentándome a la certidumbre de hundirme para siempre
en las tinieblas sin haberla inmortalizado con barro llorado,
y extraño como un lobo de mar en las lagunas.

Los años náufragos escarban, arañan, espantan
son demoníacos y ardientes como serpientes de azufre,
porque son besos rugiendo, pueblos blandiendo la contradicción,
gestos mordiendo, el pan candeal quemado del presente,
esta cosa hueca y siniestra de saberse derrumbándose,
cayendo al abismo abierto por nosotros mismos, adentro de nosotros mismos,
con nosotros mismos que nos fuimos cavando y alimentando de vísceras.

Así se está rígido, en círculo, como en un ataúd redondo y como de ida y vuelta,
aserruchando sombra, hachando sombra, apuñalando sombra,
viajando en un tren desorbitado y amargo que anda tronchado en tres mitades y llora inmóvil,
sin itinerario ni línea, ni conductor, ni brújula,
y es como si todo se hubiese cortado la lengua entera con un pedazo de andrajo.

Muertas las personas, las costumbres, las palabras,
las ciudades en las que todas las murallas están caídas, como guitarras de desolación,
y  las hojas profundas, yertas,
yo ando tronando, desorientado, y en gran cantidad
melancólicamente uncido a antiguas cosas arcaicas que periclitaron,
a maneras de ser que son yerbajos o lagartos de ruinas,
y me parece que las vías publicas son versos añejos y traicionados o cirios llovidos;
la emotividad épica se desgarra universalmente en el asesinato general del mundo,
planificado por los verdugos de los pueblos,
a la espalda de los pueblos entre las grandes alcantarillas de dólares,
o cuando miramos a1 mixtificador, ahito de banquetes episcopales
hartarse de condecoraciones y dinero con pelos, hincharse y doparse
enmascarándose en una gran pausa humana y refocilándose como un gran demonio
y un gran podrido y un gran engendro de Judas,
condecorado de bienestar burgués sobre el hambre gigante de las masas,
relajándolas y humillándolas.

Encima de bancos de palo que resuenan como tabernas,
como mítines, como iglesias o como sepulcros,
como acordeones de ladrones de mar en las oceanías de las cárceles
o como átomos en desintegración,
sentados los ancianos me aguardan desde cinco siglos
hace con los brazos cruzados a la espalda,
a la espalda de las montañas huracanadas que les golpean los testículos,
arrojándolos a la sensualidad de la ancianidad, que es terrible,
arrojándolos a patadas de los hogares y de las ciudades,
porque estos viejos lesos son todos trágicos,
arrojándolos, como guiñapos o pingajos, a la nada quebrada de las apátriadas
a lo que nadie quiere, porque nadie teme.

Eduardo Paz - Mapudungun Volador


Sueña despierto mapudungun volador
abre tus ojos al vacío y al temblor

Y las estrellas ya amaneciendo están
y los automóviles cantan canciones de paz
y tus zapatos cuelgan del amanecer
han heredado por las garras del poder
son miles de historias que cuelgan de tus labios
enorgullecen almas
valorizando el corazón de las gentes
milenaria vocación
piedras que caen sobre la melancolía
de renacer al viento
de concentrar la vida
revisando las hojas
texto de alguna hormiga
de evocar amores
al ritmo de sus besos
memorizando formas
amenazando al tiempo

Sueña despierto mapudungun volador
abre tus ojos al vacío y al temblor

Patricio Manns - La muerte no va conmigo


La muerte no va conmigo
la vida va en fuego entero,
me plazco en sangrar la sombra
del carnicero.
La muerte no va conmigo
la extravié de mi escarcela,
no corta rabo ni oreja,
ni duerme en vela.
Cuando la mano recurre
a este supremo argumento
se va nublando el camino,
naufragan los elementos,
soplan los vientos contrarios
y se hunden los miramientos.
Hoy se piensa que en vez de arar,
de amar y volar,
de abrir y cantar
es mejor matar.
La muerte no va conmigo
la borro sobre mi tapa,
la arrío de mi lucero,
la rebajo con mi capa,
la insulto con mi sombrero
y la degüello en mi mapa.

El futuro es de la vida,
los pueblos aman la vida,
lo muerto no,
la muerte no,
los muertos no.

La muerte no va conmigo
la vida va en fuego entero,
me plazco en sangrar la sombra
del carnicero.
La muerte no va conmigo
la extravié de mi escarcela,
no corta rabo ni oreja,
ni duerme en vela.
La muerte no va conmigo
y a quien haga el desacato
lo mato con estas manos,
mato y remato.

Pedro Lemebel - Manifiesto (hablo por mi diferencia)



No soy Passolini pidiendo explicaciones
No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?
Nos meterán en algún tren de ninguna parte
Como el barco del General Ibañez
Donde aprendimos a nadar
Pero ninguno llegó a la costa
Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas
Por eso las casas de caramba
Le brindaron una lágrima negra
A los colizas comidos por las jaibas
Ese año que la Comisión de Derechos Humanos
no recuerda
Por eso compañero le pregunto
¿Existe aún el tren siberiano
de la propaganda reaccionaria?
Ese tren que pasa por sus pupilas
Cuando mi voz se pone demasiado dulce
¿Y usted?
¿Qué hará con ese recuerdo de niños
Pajeandonos y otras cosas
En las vacaciones de Cartagena?
¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaros
las banderas de la patria libre?
El fusil se lo dejo a usted
Que tiene la sangre fría
Y no es miedo
El miedo se me fue pasando
De atajar cuchillos
En los sótanos sexuales donde anduve
Y no se sienta agredido
Si le hablo de estas cosas
Y le miro el bulto
No soy hipócrita
¿Acaso las tetas de una mujer
no lo hacen bajar la vista?
¿No cree usted
que solos en la sierra
algo se nos iba a ocurrir?
Aunque después me odie
Por corromper su moral revolucionaria
¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero
Usted no sabe
Cómo cuesta encontrar el amor
En estas condiciones
Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice :
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigo
Super-buena onda
Yo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda
Pero igual se ríen
Tengo cicatrices de risas en la espalda
Usted cree que pienso con el poto
Y que al primer parrilazo de la CNI
lo iba a soltar todo
No sabe que la hombría
Nunca la aprendí en los cuarteles
Mi hombría me la enseño la noche
Detrás de un poste
Esa hombría de la que usted se jacta
Se la metieron en el regimiento
Un milico asesino
De esos que aún están en el poder
Mi hombría no la recibí del partido
Porque me rechazaron con risitas
Muchas veces
Mi hombría la aprendí participando
En la dura de esos años
Y se rieron de mi voz amariconada
Gritando: Y va a caer, y va a caer
Y aunque usted grita como hombre
No ha conseguido que se vaya
Mi hombría fue la mordaza
No fue ir al estadio
Y agarrarme a combos por el Colo Colo
El fútbol es otra homosexualidad tapada
Como el box, la política y el vino
Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y esa es mi venganza
Mi hombría espera paciente
Que los machos se hagan viejos
Porque a esta altura del partido
La izquierda tranza su culo lacio
En el parlamento
Mi hombría fue difícil
Por eso a este tren no me subo
Sin saber dónde va
Yo no voy a cambiar por el marxismo
Que me rechazó tantas veces
No necesito cambiar
Soy más subersvo que usted
No voy a cambiar solamente
Porque los pobres y los ricos
A otro perro con ese hueso
Tampoco porque el capitalismo es injusto
En Nueva York los maricas se besan en la calle
Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa
Que la revolución no se pudra del todo
A usted le doy este mensaje
Y no es por mí
Yo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alita rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.

Este texto fue leído como intervención en un acto político de la izquierda en Septiembre de 1986, en Santiago de Chile.

Stella Díaz - Dos de noviembre


No quiero
que mis muertos descansen en paz
tienen la obligación
de estar presentes
vivientes en cada flor que me robo
a escondidas
al filo de la medianoche
cuando los vivos al borde del insomnio
juegan a los dados
y enhebran su amargura

Los conmino a estar presentes
en cada pensamiento que desvelo.

No quiero que los míos
se me olviden bajo la tierra
los que allí los acostaron
no resolvieron la eternidad.

No quiero
que a mis muertos me los hundan
me los ignoren
me los hagan olvidar
aquí o allá
en cualquier hemisferio

Los obligo a mis muertos
en su día.
Los descubro, los trasplanto
los desnudo
los llevo a la superficie
a flor de tierra
donde está esperándolos
el nido de la acústica.

Nicanor Parra - Oda a las palomas


Qué divertidas son
Estas palomas que se burlan de todo
Con sus pequeñas plumas de colores
Y sus enormes vientres redondos.
Pasan del comedor a la cocina
Como hojas que dispersa el otoño
Y en el jardín se instalan a comer
Moscas, de todo un poco,
Picotean las piedras amarillas
O se paran en el lomo del toro:
Más ridículas son que una escopeta
O que una rosa llena de piojos.
Sus estudiados vuelos, sin embargo,
Hipnotizan a mancos y cojos
Que creen ver en ellas
La explicación de este mundo y el otro.
Aunque no hay que confiarse porque tienen
El olfato del zorro,
La inteligencia fría del reptil
Y la experiencia larga del loro.
Más hipnóticas son que el profesor
Y que el abad que se cae de gordo.
Pero al menor descuido se abalanzan
Como bomberos locos,
Entran por la ventana al edificio
Y se apoderan de la caja de fondos.

A ver si alguna vez
Nos agrupamos realmente todos
Y nos ponemos firmes
Como gallinas que defienden sus pollos.

Octavio Paz - Decir, Hacer


A Roman Jakobson

Entre lo que veo y digo,
Entre lo que digo y callo,
Entre lo que callo y sueño,
Entre lo que sueño y olvido
La poesía.
Se desliza entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer
que es un decir.
La poesía
se dice y se oye:
es real.
Y apenas digo
es real,
se disipa.
¿Así es más real?
Idea palpable,
palabra
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.
Teje reflejos
y los desteje.
La poesía
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos.
Los ojos hablan
las palabras miran,
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,
ver
lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.
Los ojos
se cierran
Las palabras se abren.

jueves, mayo 03, 2012

Violeta y su guitarra, Pablo de Rokha, París, 1964



La gran placenta de la tierra la está pariendo cuotidianamente, como a un niño de material sangriento e irreparable, y el hambre milenaria y polvorosa de todos los pueblos calibra su vocabulario y su idioma folklórico, es decir, su estilo, como su destino estético y no a la manera de las categorías.

Por eso es pueblo y dolor popular, complejo y ecuménico en su sencillez de subterráneo, porque el pueblo es complejo, sencillo, tremendo e inmortal, como sus héroes, criado con leche de sangre.

Tiene su arte aquella virtud de salud, que es vital y mortal simultáneamente, de las honestas, recias, tremendas yerbas medicinales de Chile, que aroman las colinas o las montañas y las arañan con su olor a sudor dl mundo del futuro, o de lo remoto antiquísimo, y son como látigos de miel dialéctica, con hierro adentro, en rebelión contra el yugo.

Yo no defino así ni el volumen ni el tamaño social de su estilo; no, me refiero a la cualidad que la orienta a ella y su guitarra y aun la pintura en proverbio o la tonada revolucionaria, a su guitarra y a ella, porque ella no es una guitarra con mujer, sino una mujer con guitarra.

Por debajo, en el total denominador común humano, su folklore, no snob, se entronca a la Picaresca española, construida con la entraña popular, interfiriéndolo; un catolicismo, más pagano que cristiano, llora, sonríe, brama en el subsuelo; aquel humor feliz de sentirse desaventurado de coraje dramatiza la guitarra y de tan ingenuo es macabro, como la gárgola de la Catedral Gótica, como Rabelais o como el Aduanero Henri Julien Rousseau, o Bosch, el fraile terrible.

Saludo a Violeta, como a una "cantora" americana de todo lo chileno, chilenísimo y popular, entrañablemente popular, sudado y ensangrentado y su gran enigma, y como a una heroica mujer chilena.

PABLO DE ROKHA
París, 1 de junio de 1964.

viernes, abril 06, 2012

Tensiones y conflictos al interior de la dictadura militar: Los Nacionalistas y la Secretaría Nacional de los Gremios

Por Aníbal Pérez Contreras.
Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales,
Universidad de Valparaíso.

“Aún repercute en nuestra memoria
la acción politizante que los grupos marxistas
desarrollaron en el seno de la mayoría
de las organizaciones sindicales,
apartándolas de los fines netamente gremiales,
que son el fundamento y la razón de su existencia”
(Discurso del día del trabajador, 1 de mayo de 1981)



1. Introducción

De manera general, el presente artículo analiza la disputa acaecida al interior de la dictadura militar entre formaciones de extrema derecha, nacionalistas y gremialistas. En términos particulares reconstruye el proceso mediante el cual los sectores “duros” –es decir, los nacionalistas- intentaron desplegar una política de masas dirigida hacia el movimiento de trabajadores a través de la Secretaría Nacional de los Gremios, bajo la creación de la escuela nacional sindical. Por su parte, la idea central de este trabajo sostiene que la disputa entre ambos sectores estuvo lejos de restringirse al ámbito del Estado, también supuso un despliegue hacia los movimientos sociales; en ellos cada bando pretendió hegemonizar diversos espacios de la sociedad civil. Para el caso del movimiento gremialista, la principal herramienta utilizada fue la Secretaría Nacional de la Juventud y de la mujer, por el contrario los nacionalistas intentaron penetrar el movimiento de trabajadores mediante la Secretaría Nacional de los Gremios. Ambas entidades bajo la dirección del ministerio Secretaría General de Gobierno y del Departamento de Organizaciones Civiles.

En este último caso nos detendremos mayormente, debido a la inexistencia de un estudio histórico que aborde el tema.[1]

Desde el punto de vista metodológico, el presente trabajo se enmarca dentro de una línea cualitativa con un carácter descriptivo. Bajo la utilización de técnicas de historia oral –en formato de entrevistas– y la revisión de fuentes documentales, se construye el andamiaje argumentativo pertinente a fin de hacer demostrable y coherente la investigación. Dicho andamiaje se desarrolla en tres capítulos. En el primero de ellos, se muestra de manera general el empeño de la dictadura en implementar un nuevo patrón de desarrollo global mediante la despolitización de la sociedad. Bajo el segundo, se evidencian las tensiones y diferencias entre los bandos gremialistas y nacionalistas. En el tercero, se examina con más detalle el caso de la vertiente nacionalista, su rol y objetivos propuestos mediante la Secretaría Nacional de los Gremios y la Escuela Sindical de Chile.

El objetivo general que persigue es mostrar otra cara de la dictadura militar, alejada de las concepciones que piensan a esta última como un todo homogéneo.

2. La "refundación nacional"

El golpe de Estado de 1973 supuso la resolución de una contradicción vital en el proceso democratizador chileno, significando el triunfo de la derecha y el gran empresariado, en contra de los sujetos mesocráticos y populares que venían cuestionando la hegemonía de los sectores dominantes -claramente desde los cincuenta en adelante-, ya sea desde una perspectiva reformista o revolucionaria.

Además de esto, incluyó el triunfo y la aplicación de un proyecto global[2] que buscaba transformar en sus diversas expresiones la sociedad chilena, dejando atrás la influencia de la izquierda y la politización existente. De manera más precisa, Luis Corvalán lo ha enunciado de la siguiente manera:

La dictadura militar resultante de dicho golpe cumplió una función precisa, que podríamos resumir así: 

1) instaurar el proyecto de modernización capitalista impulsado por la derecha y el gran empresariado; 2) restituir a este sector social y a los grupos conservadores en general el control de la sociedad chilena; 3) disolver, como parte de lo anterior, a los sujetos mesocráticos y populares que le habían disputado a aquéllos, desde los sesenta en adelante, la dirección social levantando sus propios proyectos globales, y 4) instaurar una institucionalidad política que en las circunstancias históricas que se vivían fuera funcional a esas finalidades, asegurando su cumplimiento[3].

La implantación de este nuevo proyecto de sociedad no estuvo ajena de conflictos, sobre todo en lo que tendría que ver con los sujetos históricos que habían trabajado y sustentado los proyectos de democratización de la sociedad anteriores a la dictadura, encima de los cuales se dejaría caer una sistemática represión y desarticulación social y política.

Al respecto, Corvalán ha sostenido:

La existencia de tales sujetos era, por cierto, incompatible con la implementación del proyecto de la derecha y el gran empresariado (...) Se requería pues, su erradicación, lo que implicaba prohibir y destruir sus organizaciones e incluso, aniquilar físicamente a gran parte de sus cuadros, tanto políticos como sociales, generando a la par experiencias amedrentadoras y traumáticas en sus bases[4].

A juicio del historiador, la relación entre necesidades objetivas de implementación del nuevo proyecto global, junto con la violencia propiciada desde el Estado –ya sea por militares o civiles– fueron dos caras inseparables de la misma "necesidad histórica" de aplicación del modelo. 

Quizás, donde quedó de manera más evidente y explícita la idea según la cual el nuevo régimen implantado buscaría una total refundación de Chile y la organización de un nuevo tipo de sociedad, fue en la Declaración de Principios de la Junta Militar de 1974, la cual pasaremos a analizar.

La tesis principal expuesta en dicho documento, sostenía que Chile –desde el golpe militar de 1973– se encontraba en un profundo proceso de reconstrucción nacional, en los momentos en que una aguda crisis estaría remeciendo al mundo, la cual “pone en tela de juicio los valores y formas de vida de los diversos tipos de sociedad”[5]. Esta crisis –a juicio del documento– sería sustentada por ideas foráneas, particularmente el marxismo, sobre el cual se sostenía:

La alternativa de una sociedad de inspiración marxista debe ser rechazada por Chile, dado su carácter totalitario y anulador de la persona humana, todo lo cual contradice nuestra tradición cristiana e hispánica. Además, la experiencia demuestra que el marxismo tampoco engendra bienestar, porque su carácter socialista y estatista no es apto para un adecuado desarrollo económico[6].

En cuanto a lo ideológico, la Declaración de Principios presentaba todo un despliegue argumentativo de carácter metafísico, sustentado en la teoría de los cuerpos intermedios, -de tipo corporativista- se encuentra en el tradicionalismo de Vásquez de Mella y el nacionalismo hispanista de Primo de Rivera. Esta concepción, característica del pensamiento contra revolucionario español, plantea que la sociedad se debe organizar mediante las sociedades intermedias (esto es familias, municipios, gremios, etc.), las cuales creadas por Dios, tendrían fines particulares y específicos impidiéndose con ello la intromisión de unas por sobre otras. En esta línea, la única función que le corresponde al Estado sería asegurar el cumplimiento del bien común, sin invadir la autonomía de estas sociedades en general y del individuo en particular, esto debido al carácter artificial del Estado como fruto de la creación humana. Por el contrario, el individuo “dotado de espiritualidad” como “hijo de Dios”, nunca podría verse invadido por una sociedad mayor carente de “gracia” como lo sería el Estado.

Ahora bien, el objetivo de asegurar el bien común sólo se lograría mediante una absoluta independencia político partidista de los cuerpos intermedios a fin de que éstos pudiesen desarrollarse libremente. Por ello el documento sostuvo la urgencia de “asegurar la independencia y despolitización de todas las sociedades intermedias entre el hombre y el estado”[7]. La declaración agregaba que:

Esta definición traduce una concepción del bien común, que difiere por igual de la que sustentan el individualismo liberal y el colectivismo totalitario. El individualismo liberal concibe al bien común como la simple suma de los bienes individuales, que cada cual procura obtener con casi total prescindencia del de los demás.

El colectivismo se sitúa en el extremo opuesto, y entiende el bien común como un concepto referido al todo colectivo o estatal, frente al cual el bien individual de cada persona desaparece por completo[8].

Como queda de manifiesto, el régimen marcaba distancia tanto de las lecturas liberales clásicas (según esta mirada, principal responsable de la crisis de la nación debido a la posibilidad que abrió históricamente a la penetración de ideas foráneas como el marxismo), como de las colectivistas de carácter socialistas, asignándole un nuevo rol al Estado que se denominaría como subsidiario, argumentando explícitamente que:

El respeto al principio de subsidiariedad representa la clave de la vigencia de una sociedad auténticamente libertaria... Por oposición a él, cuanto mayor sea el estatismo que afecte a una sociedad, menor será su efectiva libertad, por extendido que sea el ejercicio ciudadano de los derechos políticos [...] El estatismo genera, en cambio, una sociedad gris, uniforme, sometida y sin horizontes[9].

Así, según la mirada de la Junta, la única manera de asegurar el bien común recaería en la plena autonomía de las sociedades intermedias, para que éstas cumpliesen sus fines propios.

Más aun, la Junta Militar anunciaba de antemano que "no se propondría como un gobierno transitorio entre dos de tipo partidista"[10], sino que por el contrario, emprendería todo un enorme proyecto de reconstrucción nacional, a nivel político, económico y social. Es decir, presentaba la implementación de un proyecto global.

Por su parte, este proyecto global a nivel político se caracterizó por implantar un régimen altamente autoritario, generando en 1980 una construcción jurídica de carácter excluyente. Al mismo tiempo, en el plano económico supuso la imposición del modelo neoliberal, el cual según el profesor Jorge Gonzalorena Döll se caracterizó por:

a) Una radical liberalización de los mercados, sustentada en la eliminación casi total de los controles y restricciones previamente existentes; b) una también radical y unilateral apertura al exterior, apoyada en una rápida y sustantiva disminución de los aranceles y de los controles cambiarios; c) una extensión muy amplia de los ámbitos de actividad privada y el encogimiento equivalente de la acción del Estado que traspasa a particulares muchas de sus anteriores funciones[11].

Por otra parte, en el plano social la dictadura apostó a generar una sociedad atomizada y despolitizada, bajo el firme convencimiento de eliminar la politización gremial y a los partidos que la hacían efectiva.

A fin de poner en marcha este proyecto, lo que vendría sería la despolitización de las sociedades intermedias y el exterminio de los sujetos opositores, objetivos que necesitaron de la ayuda de “colaboradores” civiles, los cuales, en su pasado político, emprendieron la lucha contra el gobierno de Salvador Allende. La Secretaría de la Juventud –a cargo de los futuros miembros de la UDI– y la Secretaría Nacional de los Gremios – ocupada por el MRNS[12]– serán a nuestro juicio elementos importantes en esta "tarea de refundación nacional" para con la sociedad civil.

3. Divergencias en torno al camino a seguir

El denominado proceso de “refundación nacional” –descrito más arriba– ubicó a diversos sectores políticos –que habían sido oposición al gobierno de Allende y que acompañarán a los militares– en distintos cargos en la nueva burocracia Estatal. Esto, mientras los militantes de partidos de izquierda y opositores al nuevo régimen eran perseguidos y torturados[13].

Entre quienes fueron actores activos del régimen, podemos distinguir: a) el Partido Demócrata Cristiano, pero que prontamente se distanciará de la dictadura, cuando se percate que no puede hegemonizar a los militares, b) el movimiento gremialista liderado por Jaime Guzmán, que más tarde devendrá en la formación de la UDI, c) los nacionalistas de extrema derecha[14], algunos dispersos y otros agrupados como el caso del MRNS, d) los neoliberales de la Universidad Católica, y e) los
antiguos miembros del disuelto Partido Nacional de tendencias liberales y conservadoras.

Al mismo tiempo que el objetivo de despolitizar a la sociedad civil e implantar un nuevo patrón de desarrollo se cumplía, dentro del régimen se dará una férrea competencia entre los diversos grupos que participaban en el nuevo gobierno. Esta competencia tenía como objetivo “ocupar espacios” en las áreas de influencia y de decisión al interior del régimen implantado, lo que incluía ganar la simpatía de los militares con rol político. Bajo esta disputa, los que generen mayores roces y conflictos serán por una parte los movimientos nacionalistas civiles junto con algunos oficiales de las FF.AA[15], quienes se caracterizarán por intentar plantear un régimen corporativo de tendencia más "fascista"[16] alejado del neoliberalismo y por otra, la alianza perpetrada al interior del gobierno entre gremialistas y neoliberales.

a) El caso de los nacionalistas

Con respecto a las formaciones nacionalistas, cabe señalar que históricamente en el siglo XX resaltaron cada vez que los sujetos mesocráticos y populares avanzaron en los procesos de democratización. Particularmente en la coyuntura 1970-1973 tuvieron un rol activo en lo que a desestabilizar el gobierno de Salvador Allende se refiere.Ya sea en su vertiente católica –como el caso del M.R.N.S– o en su expresión laica –el Frente Nacionalista Patria y Libertad–, las formaciones nacionalistas mantuvieron un imaginario político que podríamos resumir en las siguientes tesis:
  1. La idea según la cual, la democracia liberal lleva consigo una enfermedad congénita que propicia su autodestrucción.
  2. La concepción de la nación como un cuerpo, el cual sería infectado y atacado por ideas foráneas –como el marxismo y el liberalismo– que amenazarían las tradiciones propias de Chile, llevándole a su destrucción.
  3. La necesidad de refundar Chile mediante una “revolución” nacionalista de carácter: autoritaria, corporativista y anticapitalista.
Fue bajo la dictadura militar, que las formaciones nacionalistas vieron la posibilidad de llevar a cabo su “revolución”. Es por esto que en un comienzo apoyaron la dictadura militar, pero luego de que ésta asumiera en el plano económico el modelo neoliberal, se distanciaron de aquella. Así, Patria y Libertad terminó auto-disolviéndose y el MRNS se concentró en el mundo sindical, para intentar desde ahí generar un nuevo sujeto social.

Ahora bien, en el marco de la competencia con los gremialistas y aclarando las diferencias al interior del gobierno con los neoliberales, Roberto Thieme –ex secretario general de Patria y Libertad[17]– sostuvo: "En el plano económico, nosotros proponíamos una economía social de mercado, que sustituyera la empresa capitalista tradicional, por una empresa integrada de trabajadores"[18].

En relación con ello, en agosto de 1983, tres personajes importantes del nacionalismo criollo, Pablo Rodríguez Grez, junto con Federico Willoughy y Gastón Acuña[19], publicaron un libro llamado “¿Qué es el nacionalismo hoy?”, mediante el cual desarrollaron una ácida crítica a las políticas neoliberales asumidas por el gobierno luego de la crisis de la década de los ochenta. Al respecto, sostuvieron:

¡Que no se diga tampoco que el modelo estaba errado! El error estuvo en el libertinaje. El error estuvo en suponer que ese modelo podía operar con un “Estado ausente”. El error estuvo en creer que puede haber libertad sin disciplina e iniciativa privada sin planificación. El error estuvo en olvidarse que somos una comunidad nacional, donde cada cual tiene su sitio en la tarea, y donde aquel que actúa a su sólo arbitrio, o a su capricho, abusa de la libertad, la traiciona y desbarranca. El error estuvo en el vergonzante, impúdico, repulsivo ejemplo que en el mal uso de esa libertad dieron aquellos que tenían una responsabilidad más alta y un rol más decisivo en las esferas de las finanzas privadas[20].

En el mismo marco de las críticas a los neoliberales, Misael Galleguillos[21] –uno de los principales líderes del Movimiento Revolucionario Nacional Sindicalista (MRNS), representante del nacionalismo– nos expuso, lo siguiente en una entrevista realizada el año 2009:

Cuando se creó el MAN, –Movimiento Acción Nacional-, por iniciativa de Federico Willoughby, Gastón Acuña y Pablo Rodríguez, me invitaron a una reunión y me preguntaron qué es lo que pensaba de la empresa, yo les dije: –la unidad básica productiva–, no, me dijeron, sobre la propiedad de la empresa. Bueno, les dije que el sector laboral debía participar de cierta manera en la propiedad de la empresa mediante un acceso gradual, como en Alemania, en Inglaterra, etc. A lo que uno de los que estaba en la reunión (que era el pro-rector de la Universidad de Chile, Hernán García Vidal) dice: ¡No te dije yo! Este último –que era tío de la Lucía Hiriart de Pinochet– “tenía pasada para allá”, era importante. Luego de eso Willoughby dijo: ¡Hay un problema! (de hecho este último había logrado el apoyo del Partido Conservador Inglés), porque Hernán ha llegado a cierto nivel de sectores  empresariales y le habían preguntado al MAN, acerca de este tema.

Pablo Rodríguez les había planteado la idea de la empresa integrada, en donde todos los que trabajaban en ella eran los dueños, participando en la gestión y propiedad. Esto era importante porque un sector empresarial había visto que podía ser un movimiento que ellos respaldarían, para tener una visión distinta, ya que el sector productor chileno estaba en contra de Guzmán, porque éste apoyaba al sector financiero, dejando de lado a los productores, sintiéndose los empresarios desplazados. Recuerda que muchas empresas quebraron en este tiempo. Finalmente no pudimos ganar esa pelea y ellos fueron –los neoliberales- quienes perdieron el control con la crisis del ‘83[22].

b) Los gremialistas

El gremialismo fue un movimiento de masas surgido en la Universidad Católica. Liderado por Jaime Guzmán, en un primer momento se caracterizó por su oposición total a la reforma universitaria y luego de esto, por su tenaz lucha en contra del gobierno de la Unidad Popular. Como movimiento de masas, se caracterizó por ser "abierto", lo cual le permitió generar una gran cantidad de apoyo. Una vez perpetrado el golpe militar, Jaime Guzmán fue dejando de lado las concepciones tradicionalistas de su juventud, para encaminarse en la formación de un partido político de derecha católica y conservadora, el cual fuese capaz de disputar espacios, en el maco de una futura democracia de partidos. Además de esto, fue uno de los principales elabora- dores de la Constitución autoritaria de 1980.

Por su parte, logró hacer una alianza estratégica con los neoliberales, quienes –como lo vimos más arriba– eran partidarios de un capitalismo desregulado, disminuyendo la injerencia Estatal en el área económica. Así en el mismo régimen militar, el movimiento gremialista con los neoliberales, fueron bloqueando y disminuyendo las áreas de influencia de los nacionalistas al interior del Estado.

Esta competencia –como sostiene nuestra hipótesis– no se restringió al campo de la burocracia Estatal, sino que también se encargó de desplegar toda una política hacia la sociedad civil, con el objetivo de "despolitizar" los "cuerpos intermedios" de la sociedad y cooptar un nuevo sujeto popular para esta nueva derecha.

Su política estuvo plasmada en la Secretaría Nacional de la Juventud y de la Mujer, donde el movimiento se especializó en generar una enorme red de actividades con las Juntas de Vecinos, agrupaciones poblacionales, trabajos voluntarios de invierno y verano y preuniversitarios populares[23], disputándole directamente el histórico espacio a la izquierda, perseguida y aniquilada mediante los organismos de inteligencia.

Cabe resaltar que la Secretaría Nacional de la Juventud entre 1975 y 1983 logró incluir en sus diversas actividades alrededor de 230.000 personas[24]. En este inmenso trabajo de bases sociales la futura UDI se nutrirá de dirigentes, militantes y electores hasta el día de hoy. Al respecto,Verónica Valdivia en una de sus últimas publicaciones sostiene:

El movimiento gremial dirigido por Guzmán logró dos pilares a partir de los cuales fortalecer su influencia socio-política: por un lado acercarse a los sectores populares a través de la Secretaría Nacional de la Juventud y las Federaciones estudiantiles universitarias, lo cual habría sido muy difícil –si no imposible- bajo un contexto políticamente competitivo y con una izquierda vigente. En este sentido el futuro de la derecha dependía del aniquilamiento de la izquierda[25].

4. Los nacionalistas y la “despolitización” de la sociedad: El MRNS y la Secretaría Nacional de los Gremios

Sin perjuicio de que el régimen militar irá siendo hegemonizado por tendencias neoliberales, los nacionalistas liderados por el MRNS[26] desarrollaron su política en la Secretaría Nacional de los Gremios. Según lo recordaba Misael Galleguillos:


La Secretaría Nacional de los Gremios se creó en 1977. Antes había sólo una oficina de gremios, que no tenía estructura, estaba a cargo de Rubén Díaz Neira, amigo mío. Una vez creada, viajé desde Arica a Punta Arenas con un gasto enorme creando oficinas regionales. La primera fue en Santiago, luego en Valparaíso, Concepción, Copiapó, Iquique, Arica.


Nosotros dependíamos directamente del Ministerio Secretaría General de Gobierno[27].

El objetivo que perseguía este organismo -según se señala en las fuentes del MRNS- era:

Contribuir al cumplimiento de las acciones de gobierno sobre el ámbito gremial, que incluye a los sindicatos, los gremios empresariales y a los colegios profesionales, a fin de relacionar a este sector social con el gobierno de la República[28].

Sin perjuicio de lo anterior, es posible observar que existía un objetivo político también para el MRNS, el cual era obtener un sujeto social dentro del mundo de los trabajadores a fin de dar cuerpo a la propuesta nacionalista, al mismo tiempo que se promovería una vertiente del sindicalismo de carácter nacionalista, corporativa, antipartidista y anticomunista, todo muy afín al imaginario Nacional Sindicalista.

Así como la futura UDI saldrá a conquistar los “cuerpos sociales” mientras la dictadura eliminaba al “enemigo interno”, el MRNS buscará lograr lo mismo en el mundo sindicalista influenciado históricamente por la izquierda; la Secretaría será el espacio.

Ahora bien, la creación de la Secretaría Nacional de los Gremios, tuvo como principal organismo la “Escuela Nacional Sindical” con el objetivo de formar ideológicamente a los diferentes dirigentes sindicales en materias propiamente gremiales, como lo eran los derechos y deberes de los trabajadores.



Dicha “escuela” incluyó cursos de “capacitación” en el sindicalismo, asistencia a seminarios y conferencias sobre materia sindical. En cuanto al impacto de ésta en el mundo sindical, cabe señalar que para 1977 tomaron algún tipo de curso en la Escuela –ya sea seminarios breves o internados más extensos– alrededor de 1411 dirigentes y en 1978, 1553 personas[29].

La Escuela Sindical tuvo una casa en donde se alojaban los dirigentes para recibir la educación de manera más cómoda. Además recibían alimentación y ratos de esparcimiento[30], todo esto bajo un régimen de internado que permitiera aprender de mejor manera los cursos de “formación” sindical. Resulta relevante destacar que dentro de los profesores que hicieron clases en la Escuela encontramos a "Ramón Callis Arrigorriaga [el ex jefe nacional del MRNS], Ariel Peralta[31] y Eduardo Sánchez"[32].
Por otra parte, dentro de quienes trabajaron en la Secretaría en general se encuentran entre otros: Pedro Zurita, Germán Cuevas, Patricia Arancibia Clavel, Soledad Acuña, Arturo Marshall, Fernando Muñoz, Federico Morales, Nancy Sepúlveda[33].

Sobre la importancia que representó este espacio para las formaciones nacionalistas, Guillermo Henríquez, ex miembro del MRNS, comentó en una interesante entrevista –que debido a su relevancia es presentada de manera casi integral- publicada en internet a través de la página nacionalista "Alerta Austral"[34]:

Yo llegué al nacional sindicalismo junto con otra cantidad de camaradas, que habían militado durante el gobierno de la Unidad Popular, en el comando Rolando Matus y otros en Patria y Libertad (...) No obstante, como había una similitud de propósitos, nos fuimos abriendo paso en los círculos ligados a la armada y el ejército, siendo aceptada nuestra existencia, hasta que en un momento determinado nuestro jefe fáctico del movimiento, fue nombrado en la dirección de la Secretaría Nacional de los Gremios.


Esta entidad era un organismo paralelo y equivalente a la Secretaría de la Juventud, la Secretaría de la Mujer, la Secretaría de la Cultura, etc. Organismos dependientes de la Secretaría General de Gobierno... Nosotros por ese entonces éramos jóvenes universitarios y naturalmente participábamos de todo aquello, teniendo también nuestras luchas al interior de la universidad, las que tenían un carácter distinto, toda vez que se vivía en un régimen militar, hacíamos lo que se hacía: trabajo en los centros de alumnos y federaciones de estudiantes. Así empezamos a tener nuestras primeras grandes disputas, que fueron bastante serias, con otro grupo que también apoyaba al régimen militar y que tenía una visión totalmente distinta a la nuestra, el movimiento gremial que después se transformó en la UDI.


De hecho, los gremialistas ya manejaban la Secretaría de la Juventud... Los nacionalistas del MRNS, por estar en la Secretaría de los Gremios, desarrollamos un fuerte contacto con las bases sindicales y esto, por un lado, de algún modo dificultó nuestro contacto con los jóvenes. [Los] Aportes del nacional sindicalismo en aquellos años fue a mi modo de ver, la creación en la ciudad de Santiago de la Escuela Sindical de Chile.


Este era un proyecto, que en alguna medida se realizó en el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, durante un período muy corto, y en el gobierno militar fue un proyecto que se concretó y cuyo objetivo era básicamente formar dirigentes sindicales, pero no políticamente o en el sentido leninista, sino en conocimientos de la historia del sindicalismo, desarrollo de técnicas de oratoria, lectura de balance, el manejo de herramientas contables y financieras. Para nosotros, el dirigente sindical no podía ser más un ignorante en esos temas, él debía sentarse con toda propiedad, para así representar los intereses de sus representados[35].

De esta entrevista se desprende lo importante que era para el MRNS la generación de este espacio de "formación sindical" al interior del régimen, al mismo tiempo que evidencia las diferencias constantes con el movimiento gremialista de Jaime Guzmán.

Por otra parte, se generó una revista propia -dependiente de la Secretaría llamada Gremios, la cual contaba con recursos y una calidad no menor en cuanto a la impresión. El director de la revista era Ramón Rivas Guzmán, en el comité redactor se encontraban, entre otros, Fernando Muñoz Parra, Pedro Zurita, Carlos Koch, Luis Lazzaro. Además, entre quienes publicaban en esta revista se encontraba: Patricia Arancibia Clavel.

La revista estaba encargada de cubrir los eventos que realizaba la Secretaría, al mismo tiempo que propugnaba el desarrollo ideológico del MRNS y concepciones sindicalistas basadas en la “doctrina de los cuerpos intermedios”, concordantes con los principios ideológicos expuestos en la “Declaración de principios de la Junta Militar de 1974”, ya explicados con anterioridad.

En su editorial N°1 señalaba:

Gremios es una publicación que nace a la vida nacional para contribuir al fortalecimiento y desarrollo de los gremios y sindicatos en que se han organizado los trabajadores, profesionales y empresarios chilenos [...]


El Supremo gobierno se ha propuesto lograr la participación social a través de los organismos sociales intermedios entre el hombre y el Estado, para lograr la constitución de un poder social responsable que no esté supeditado al poder político del Estado, sino más bien que le sirva de límite.

La función primordial del Estado de lograr el bien común, de ser el custodio del derecho, el promotor del desarrollo y el ejecutor de nuestro destino histórico...[36]


Más aun, en el lanzamiento del N°1 de la revista se cubrió de manera detallada el aniversario del 1 de Mayo de 1978, celebrado en el edificio Diego Portales, con una plenaria llena de más de 3000 dirigentes sindicales. En dicha plenaria, Pinochet junto con Lucía Hiriart se dedicaron a saludar y premiar de manera “carismática” a los diversos asistentes, además de generar discursos en conmemoración del día del trabajador. Resulta decidora la declaración que se hizo en la cobertura acerca del discurso de Manuel Hernández, dirigente de Ferrocarriles, quien sostenía:

 "El 1 de Mayo tiene hoy una nueva connotación. Es la fiesta del trabajador en que se manifiesta la unión de todos por encima de las diferencias."[37]

Otro discurso relevante lo realizó Guillermo Medina (en la foto premiado por Pinochet), dirigente del Cobre, el cual señalaba:

"Los trabajadores chilenos han devuelto al 1° de Mayo su verdadera y real significación”. Además de esto Gremios agregaba: 
“Al final de su intervención hizo presente cinco puntos de los cuales destacó el primero por ser aplaudido por la totalidad de los asistentes. Pedía la dictación de la reforma constitucional en que se fijara claramente el camino de los chilenos en las responsabilidades ciudadanas -concretamente la prohibición total de que los dirigentes sindicales tengan participación en los partidos políticos-[38].

Estas declaraciones, de una u otra forma, podrían mostrarnos el alcance de la Secretaría Nacional de los Gremios y la no despreciable capacidad de movilización de ésta[39], al mismo tiempo que exigen una investigación más extensa y detallada, a fin de dar cuenta del movimiento sindical bajo la dictadura militar.

No es menor el hecho de que en ese 1 de Mayo se encontraban presentes entre otras personas:

El presidente de la Corte Suprema, José María Eyzaguirre; el ex presidente de la República y vicepresidente del Consejo de Estado, Gabriel González Videla; el Contralor General de la República, Osvaldo Iturriaga; miembros del consejo de Estado y dirigentes gremiales y de colegios profesionales, el director de organizaciones civiles Coronel Sergio Badiola, y el Secretario Nacional de los Gremios Galleguillos[40].

Ahora bien, la celebración de ese 1° de Mayo coincidía también con el anuncio de tres importantes políticas laborales desde el punto de vista del MRNS. La primera de ellas decía relación de la nueva ley de contrato del trabajo. Al respecto, Gremios publicaba:

El Ministro del Trabajo, Vasco Costa, explicó que la nueva Ley sobre las normas relativas al contrato de trabajo se basa en el establecimiento de derechos igualitarios para todos los trabajadores, terminando con la discriminación entre empleados y obreros.

La ley iguala a ambos en beneficios de jornada ordinaria de trabajo, descanso entre jornadas, formas de remuneración, monto y protección de ésta...[41]

La segunda política contemplaba: “Para las nuevas contrataciones, se establece una indemnización automática en razón del término del contrato, ascendente a un mes por año de trabajo o fracción, superior a seis meses”[42].


La tercera y la más importante guardaba relación con la creación del Consejo del Trabajo, máxima expresión de una política de corte corporativa que deseaba impulsar el MRNS. Sobre esto Gremios sostenía:

El Consejo del Trabajo es un cuerpo de integración, formado por 15 representantes de los trabajadores y 15 representantes de las organizaciones de empleadores, que se desempeñen en las actividades de producción y servicios, bajo la presidencia del Ministro del Trabajo y Previsión Social, quien en representación del gobierno se reservará la función de armonizar los diversos intereses particulares con miras al bien común.


La designación de los consejeros operará mediante la presentación de ternas por parte de las directivas de las organizaciones sindicales y gremiales de los trabajadores y empleadores. En el Consejo del Trabajo, las autoridades expondrán los aspectos laborales de la política gubernamental y analizarán las opciones y planteamientos de empleadores y trabajadores sobre tales materias.[43]


Este Consejo del trabajo -de clara inspiración corporativista-, sólo se entiende en relación con el marco ideológico sustentado en un nacionalismo corporativista, al mismo tiempo que buscaba generar un espacio político relevante para el MRNS, toda vez que los cuadros que ingresarían a él, habrían pasado directa o indirectamente por la Secretaría y la Escuela Sindical de Chile.

Cabe señalar que si bien este organismo fue aprobado, demoró un tiempo en desarrollar las elecciones de sus miembros. Esto llevó a reclamos publicados por dirigentes sindicales a través de Gremios, particularmente en el N°3, los cuales reflejan la queja de los trabajadores:

El representante de los trabajadores en el Consejo de Estado, Guillermo Medina, planteó una serie de inquietudes, las que calificó de extraordinaria importancia para el sector laboral nacional.


Entre otras materias, pidió que se nombrara a la brevedad posible el Consejo Nacional del Trabajo, la pronta promulgación de la reforma de Seguridad Social y la promulgación del Libro III del Código del Trabajo, que regula la negociación colectiva.[44]

Es importante señalar que este dirigente sindical, fue el mismo que era citado en el número 1 de Gremios exigiendo una reforma constitucional para el término de la militancia partidista en los dirigentes sindicales.

Ahora bien, con respecto a este tema Galleguillos recordaba muy molesto el hecho, toda vez que había representado un triunfo frustrado para el MRNS y al mismo tiempo la puesta en práctica de una medida corporativa, la cual habría sido impedida por gente ligada al sector neoliberal:


Aunque si bien, más adelante se eligieron las personas que integrarían el Consejo, éste nunca se puso en marcha, debido a que en la mañana de ese día Miguel Kast fue a hablar con el Presidente de la República y le dijo que el país atravesaba por una fuerte crisis económica y que el funcionamiento del Consejo Nacional del Trabajo iba a dificultar la aplicación de leyes para superar la crisis, entonces le pidió al presidente que lo postergara. Kast decía que podía ocurrir la necesidad de tomar una medida dura y el Consejo Nacional del Trabajo la podía rechazar. Quedó creado pero no funcionado.[45]

Aunque este hecho significó un estancamiento para la política del MRNS, cabe señalar que el funcionamiento de la Escuela Nacional Sindical se extendió por más de siete años. Mediante ella, se proporcionó una fuerte, sistemática y clara ideologización a los dirigentes sindicales chilenos. Sin lugar a dudas, estamos en presencia de un espacio histórico para el nacionalismo chileno, que aún no ha sido reconocido por la historiografía actual, constituyéndose este artículo, solamente en su introducción.

Finalmente, el asesinato de Tucapel Jiménez, líder sindical y Presidente de la ANEF, el 25 de febrero de 1982, marcará el fin de Galleguillos como Secretario Nacional de los Gremios y al mismo tiempo la pérdida para el sector nacionalista de una poco explorada experiencia sindical. Este último será inculpado –aunque procesado recién el año 1999[46] y luego dejado en libertad– como autor intelectual del asesinato, por lo cual dejará la Secretaría y volverá a la Universidad de Santiago de Chile a impartir docencia. De hecho, en 1991 será raptado por un comando del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (autónomo), desde la sala de clases en la cual se encontraba trabajando y lo dejarán encadenado a la puerta de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, con bombas pegadas al cuerpo, además de un cartel alusivo al asesinato de Tucapel Jiménez.


A propósito de este tema, el periodista Benedicto Castillo ha escrito un libro llamado “El emblemático crimen de Tucapel Jiménez. El cóndor quiere carne”[47], en donde sostiene la tesis según la cual Galleguillos habría sido el responsable del espionaje al líder sindical, sobre la base del cual se habría realizado su asesinato.

Por otra parte, el propio Galleguillos accedió a hablar de este tema y nos comentó:

Lo concreto ahí es que la Secretaría no tenía nada que ver. Nosotros no hacíamos seguimiento, para eso está la división del trabajo en la CNI, había ahí algo dedicado a los sindicatos. A mí me preguntaron si en la secretaría había una persona de seguridad, yo les dije que no, pero sí había en el ministerio del trabajo. Estos tipos pensaban que la Secretaría de los Gremios era una central sindical. Y no, era un organismo de gobierno. Incluso el ministro Muñoz preguntó si éramos parte de la CNI, se le pidió informes a la CNI y no había nadie. En abril de 1999 nos procesaron por solicitud de los querellantes, luego el mismo Ministro revocó el auto-procesamiento, en el fondo nunca fuimos parte del proceso[48].

En ese sentido, Galleguillos se mostraba favorable a la tesis de que la DINE mató a Tucapel, siendo él una especie de “chivo expiatorio”. El objetivo de los militares habría sido provocar una distracción en la investigación –inculpando a la Secretaría–, a fin de que tras correr el tiempo la causa caducara. Cabe señalar que este hecho servirá de paso para que los neoliberales junto con los gremialistas desarticularan el último bastión del nacionalismo.

Finalmente quienes terminarán ganando esta competencia a lo largo del gobierno serán los neoliberales aliados con los gremialistas –implicando eso sí un radical quiebre de Jaime Guzmán con sus antiguas concepciones ideológicas de carácter corporativas y tradicionalistas–[49], desplazando la influencia de los sectores nacionalistas, tanto en su afluente civil y militar. Esto último se explicaría a juicio de Verónica Valdivia, debido a la incapacidad política de estos últimos[50] de generar una alianza programática entre “los sectores duros” del régimen. De hecho el propio Galleguillos –frunciendo el seño y suspirando– sostuvo en la última entrevista concedida:

“Nos faltó mayor capacidad política”[51].

No obstante el proceso de ideologización bajo la escuela sindical de Chile, aunque no se puede evidenciar mediante estadísticas electorales –como sí podríamos hacerlo con el caso de la UDI–, fue un proyecto que no dejó de contar con el apoyo del mundo sindical, siendo un caso desconocido hasta el
día de hoy por la historiografía tradicional.

5. Conclusión

Mediante el desarrollo del presente artículo, se analiza la disputa acaecida al interior de la dictadura militar entre la alianza gremialista-neoliberal contra las formaciones nacionalistas, centralmente el MRNS. En esta línea, se muestra cómo cada sector, lejos de concentrarse en el Estado, desarrolló una política hacia los movimientos sociales, a fin de ganar nuevos espacios y conquistar un nuevo sujeto social y político.

Particularmente se estudió el caso del sector nacionalista, a fin de mostrar cómo se sometió a un proceso de “educación” sindical a los dirigentes sociales del mundo de los trabajadores, mediante una formación ideológica desde una variante corporativista y nacionalista. Esto último al alero de la Escuela Sindical de Chile.

Se ha mostrado una lectura de la dictadura militar no explorada, con el objetivo de ayudar a dejar de lado las compresiones de esta última como un todo homogéneo, mostrando de esta manera, las tensiones propias que surgen al alero de un proceso histórico caracterizado por una violación sistemática de los derechos humanos, además de la implantación de un proyecto de tipo global, es decir, mediante una reconfiguración política de los sectores dominantes chilenos.
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[1] Cabe señalar que historiadores como Patricio Quiroga, Verónica Valdivia y Luis Corvalán han realizado estudios sobre los movimientos nacionalistas en otras épocas históricas.
[2] Por proyecto global entenderemos un proceso mediante el cual se transforman los diversos ámbitos
de una sociedad, ya sean políticos, económicos, sociales y culturales. Para profundizar este proceso ver:
Corvalán, Luis: Del anticapitalismo al Neoliberalismo en Chile. Editorial Sudamericana. Santiago, 2004.
[3] Ibíd., p. 279.
[4] Ibíd., p. 280.
[5] Declaración de Principios del gobierno de Chile, Santiago, marzo 11 de 1974, Correa, Sofía y varios autores, en “Documentos históricos del siglo XX”, Ed. Sudamericana, Santiago, 2001.
[6] Ibíd., p. 2
[7] Ibíd., pp. 2-3.
[8] Ibíd.
[9] Ibíd., p. 5.
[10] Ibíd. Esto también representaba un fuerte revés para el Partido Demócrata Cristiano, que mantenía esperanzas de un breve período de dictadura militar. Perdiendo de esta manera, el supuesto de manipular a las FF.AA. Por el contrario, creemos que serán los neoliberales quienes terminen hegemonizando al gobierno.
[11] Gonzalorena, Jorge: “Causas y consecuencias de la implantación del modelo económico Neoliberal en Chile”. En Ríos Kroyer, Nicole [ed.]: Para el análisis del Chile contemporáneo: aportes desde la Historia Política. Valparaíso, 2002. p. 35.
[12] El Movimiento Revolucionario Nacional Sindicalista, es la agrupación de extrema derecha con más larga data en la historia de Chile, existiendo hasta nuestros días. Esta colectividad ideológicamente se ubica en el pensamiento ultra conservador chileno, desde una vertiente católica nacionalista-hispanista y anti-liberal. Para profundizar esto ver: Pérez, Anibal, “Dios que buen vasallo si hubiese buen señor. El imaginario político del M.R.N.S”, en Para el análisis del Chile contemporáneo, Ríos, Nicole editora, Valparaíso, abril, 2010.
[13] Para profundizar este tema ver Corvalán, Luis: op. cit. Particularmente la tercera parte denominada “Después del tiempo eje” en su tema I: “Violencias extremas desde el Estado”.
[14] Entre las formaciones nacionalistas de extrema derecha existentes previo al golpe de Estado podemos encontrar: Fiducia, Tacna, Patria y Libertad, el movimiento gremialista de la Universidad Católica y el Movimiento Revolucionario Nacional Sindicalista.
[15] Dentro de los cuales se puede ubicar al General Gustavo Leigh, el General Oscar Bonilla –muerto en un accidente aéreo-, el coronel Pedro Edwin, Nicanor Díaz Estrada, por nombrar algunos.
[16] Me refiero a un carácter más estatista, corporativo, autoritario y anticomunista.
[17] El Frente Nacionalista Patria y Libertad (FNPL) será uno de los movimientos de extrema derecha más radicales en su lucha contra el gobierno de Salvador Allende. Su líder principal era Pablo Rodríguez Grez.
[18] Salazar, Manuel: Roberto Thieme. El rebelde de Patria y Libertad. Editorial Mare Nostrum. Santiago, agosto de 2007. p. 153.
[19] Ex M.R.N.S.
[20] Acuña, Gastón; Willoughby, Federico; Rodríguez, Pablo, “¿Qué es el nacionalismo hoy?”. Sin editorial. Agosto de 1983. pp. 26-27.
[21] Misael Galleguillos Vásquez era profesor de la Universidad de Chile sede Valparaíso y de la USACH. Uno de los principales líderes del MRNS y Secretario Nacional de los Gremios desde 1977 hasta 1982.
[22] Entrevista a Misael Galleguillos, 21 de agosto de 2009.
[23] Recomiendo la publicación de Verónica Valdivia sobre este tema: Su revolución contra nuestra revolución II. Editorial LOM. Santiago, 2009.
[24] Valdivia, Verónica: Su revolución contra nuestra revolución. Editorial LOM. Santiago, 2009. p. 74.
[25] Ibíd., p. 85.
[26] El M.R.N.S. para aquel entonces era la formación nacionalista que contaba con una estructura definida y clara, al contrario de las otras colectividades de extrema derecha que mantenían una organización algo más laxa y coyuntural.
[27] Ibíd.
[28] Citado el 25 de abril de 2010 en: http://feresuelta.blogspot.cl (http://feresuelta.wordpress.com/)
[29] Revista Gremios, N°1, P. 32
[30] Entrevista a Misael Galleguillos, agosto de 2008.
[31] Profesor del Instituto Nacional y autor del libro: “El mito de Chile”.
[32] Profesor de Historia, y ex director de un liceo municipal de Estación Central, esto según entrevista a Misael Galleguillos.
[33] Citado el 25 de abril de 2010 en: http://feresuelta.blogspot.cl op. cit.
[34] Alerta Austral es una importante página de difusión de las ideas nacionalistas en internet, en donde escriben nacionalistas de las más diversas tendencias. Para profundizar esto ver: www.alertaustral.cl
[35] Citado el 25 de abril de 2010, en: http://www.alertaustral.cl
[36] Revista Gremios, N°1, P. 3. Junio de 1978. En las concepciones nacionalistas, son típicos los rasgos mesiánicos y metafísicos que se encuentran en el discurso recién citado. Al mismo tiempo, la idea según la cual las naciones tienen destinos históricos, se encuentra presente en Primo de Rivera, teórico y político español, quien propugna un nacionalismo sustentado en el tradicionalismo hispanista. Las negritas son nuestras.
[37] Revista Gremios, op. cit. p. 4.
[38] Ibíd., p. 4.
[39] Galleguillos sostuvo en la entrevista del 19 de agosto del 2009, Al presidente le encantaba esto de estar con los dirigentes y a estos últimos también.
[40] Ibíd., P. 4.
[41] Revista Gremios, op. cit. p. 13.
[42] Ibíd., p. 13
[43] Revista Gremios, op.cit. p. 13.
[44] Revista Gremios, N° 3, julio de 1978. p. 5.
[45] Entrevista a Misael Galleguillos, op. cit.
[46] Mientras Galleguillos esté en prisión escribirá un texto con sus reflexiones llamado: La patria de los valores eternos. Reflexiones y pensamientos escritos en prisión. Editorial Macul. Santiago, marzo de 2006.
[47] Para profundizar esto, recomiendo leer: Castillo, Benedicto, “El emblemático crimen de Tucapel Jiménez”, Editorial Mare Nostrum, Santiago 2009.
[48] Entrevista a Misael Galleguillos.
[49] Cabe señalar que Jaime Guzmán siempre intentará conciliar de manera forzosa ambas vertientes de
pensamiento. Pero según Renato Cristi, terminaría cediendo ante una visión política más pragmática. Para profundizar este tema ver: Renato, Cristi: El pensamiento político de Jaime Guzmán, Editorial LOM, Santiago 2000.
[50] Para profundizar este tema ver: Valdivia, Verónica: El golpe después del golpe. op. cit. Especialmente el capítulo V: ¡Porque la patria no se vende!
[51] Entrevista a Misael Galleguillos, 21 de agosto de 2009.