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x Fesal Chain
Discursos fascistas
A propósito de este texto y del estilo permítanme esta vez reflexionar, pero también ser un poco traductor-intérprete, como si fuese una especie de secretario de algún empingorotado o sencillo personaje de estado, algo así como el funcionario de un dignatario o dignataria (merece algo de humor la cuestión).
He mantenido un relativo silencio, porque las múltiples tareas a las que he estado abocado lo requerían. Al menos el silencio del que no escribe. Pero hay un silencio especial, que sí tiene un por qué de mayor profundidad o más bien recóndito. Pero lo escribiré, a fuerza de sinceridad como casi siempre me planteó el oficio. Hace ya varios meses, he estado leyendo textos fundamentales y fundadores del nacionalsocialismo, muchos meses. Y por qué no decirlo, causan más allá de la típica contra propaganda y de los libros al estilo Mi Lucha o Mi Doctrina, un cierto revuelo interior, una cierta exaltación. Pero al mismo tiempo he estado leyendo a dos autores, y debería decir re-releyendo a dos autores y por intermedio de ellos a un tercero. A Deleuze, a Guattari, y a Foucault. Sus antípodas. Es la mismísima dialéctica. La del fascismo en su máxima expresión, la del antifascismo en su máxima expresión.
Le he leído a amigos y amigas textos de Joseph Goebbels sin nombrarlo y oh paradoja hombres y mujeres de izquierda, han visto sus propios odios y sus expectativas, han visto y olido sus propias dificultades, limitaciones y sentido sus potencialidades de voluntad y acción: Yo me pregunto, y me gustaría que se preguntasen, qué sienten ustedes, nuestros izquierdistas lectores con ciertos extractos de estos discursos?:
“La magnitud de una meta está siempre en relación directa con la magnitud de aquello que se está dispuesto a arriesgar por ella. Cuanto más alto es lo que se quiere, tanto más alto lo que se ha de aventurar por ello. Lo último siempre puede ser sólo ganado arriesgando la vida. En esto se diferencia un movimiento revolucionario en forma definitoria de un simple partido parlamentario: el parlamentario persigue sólo coparticipación en el sistema y para ello arriesga, a lo sumo, el prestigio y la continuidad de su partido. El revolucionario quiere todo o nada. (...) Y para ello aventura el precio más alto que seres humanos pueden en esta tierra arrojar en la balanza de la decisión: arriesga por ello su vida. (Porque)poner en juego la vida es también la única e infalible pauta para la honradez de un espíritu revolucionario y para la veracidad de sus portadores. Exponer la propia vida, a ello también el hombre de sentir heroico sólo está pronto cuando cree en la magnitud de la meta fijada y está ciegamente convencido de la necesidad de su logro. No es cierto que el hombre de cualquier modo y sin motivo entrega voluntariamente su vida. Nadie muere gustosamente, tampoco el héroe. La frase de la muerte dulce por una causa, esa se la dejamos a los bardos burgueses. La muerte es siempre amarga, y sólo se acepta confortado y sin protesta, cuando se va a morir por una meta por la cual vale la pena entregar una vida. (...)Un sistema cuyos representantes no están ya dispuestos a morir combatiendo sobre sus escaleras, está destinado a sucumbir. Caerá cuando se le oponga una idea que porque es más grande, más arrebatadora y más viviente, determina a sus portadores estar prontos a morir, a la lucha y a abrir brecha”. (1)
“(...) Un pueblo en armas. Desde la mina y el taller, del aula y de la oficina afluimos a las banderas, que ondeaban orgullosamente sobre una Patria libre. No combatimos y nos sacrificamos por acciones y valores bursátiles: vimos amenazado a un pueblo al que también pertenecíamos por nuestra fe. Durante cuatro años estuvimos afuera en el lodo y el hambre, tiesos de barro y de sangre. Jamás una generación tuvo que soportar algo tan terrible como nosotros. Pero también jamás fue defendido un destino tan grande como aquél por el cual arriesgábamos nuestra santa vida. Al lado nuestro caían amigos y camaradas. La muerte hizo terrible cosecha entre nosotros, pero no nos acobardamos. En cada tiro que tirábamos, en cada golpe que dábamos, en cada grito que gritábamos, tiraba y golpeaba y gritaba también algo grande y nuevo. (...) Afuera, en los frentes, dejamos a nuestros muertos, cuyos huesos se desvanecían en los sepulcros. (...)Los caños de nuestros fusiles se enfriaron. No los adornamos con flores, porque los otros habían vencido, y nosotros fuimos forzados a ponemos de rodillas. Pero los corazones permanecieron ardientes. (...)Mayor no puede ser el amor que cuando uno da su vida por los suyos. 。Recuérdalo siempre! 。No por lo perecedero subimos a la morada de los muertos, sino por lo imperecedero, (...) ! Os saludamos, los que estáis parados sobre nuestra sangre y lucháis. El cielo da la libertad a un pueblo cuando merece la libertad. (...) ¡Levantaos y exigid! Tenéis el derecho que hemos adquirido para vosotros: el derecho de los muertos sobre los vivos. (...)Nosotros hemos abierto el camino. ¡Vosotros habéis de terminarlo! Los muertos marchan hacia adelante, jamás hacia atrás. ¡Las calles libres! ¡Disponerse a marchar! ¡Detrás de los muertos! ¡Adelante! (2)
Sentires y pensares, pero sobretodo sentires
¿Qué sienten? Una cierta fuerza arrebatadora, no es cierto? Algo que quizás hemos escuchado y visto suficientemente muy poco en nuestra izquierda, no es cierto? Al menos después de Lenin y Castro. Han visto allí la crítica que la izquierda chilena no hace. Me pregunto, si la izquierda y en especial la izquierda chilena, ¿tendrá la suficiente entereza y capacidad de seducción para provocar en eso que ella llama masas, lo mismo que acaso cualquiera que lee estos textos puede sentir, en virtud de la necesidad y de una vida cerrada en un esfuerzo ciego sin logros?
Jajá, por no poner una gran carcajada continua. Somos los hijos de una izquierda que fue derrotada hasta los tuétanos, para en su gran mayoría pasarse a la filas del enemigo liberal, desde los más neo hasta los recientes socialdemócratas-comunistas. En nuestro caso, pero especialmente para los dirigentes de la izquierda chilena: Los muertos marchan hacia hacia atrás jamás hacia adelante, jamás. ¡Las calles polvorientas y las nuevas avenidas están hechas por y para esclavos!
Hoy la izquierda no es nada más que fraseología seudo revolucionaria y por continuidad actos de parlamento, producto de la ideología acomodaticia del martirologio y de la victimización. Y de la ideología de la agitación y de la propaganda de un pueblo minoritario con banderitas de plástico, en piedras y en las calles, a lo sumo. Todos en la historia han tenido sus muertos, Pero no todos han hecho con sus muertos lo que ha dejado de hacer, balances más, balances menos, nuestra pobre y triste izquierda.
No se enamoren del poder. (Como no girar a, o potenciar nuestro fascismo cotidiano)
Pero no porque la izquierda sea en suma, pusilánime y carente de convicción, giraremos por necesidad, nosotros masas sin destino, hacia el fascismo. Como la misma izquierda por acomodaticia, giró hacia el neoliberalismo y a la socialdemocracia al ser derrotada en su ineficaz ímpetu revolucionario de antaño. Y aquí hablo de las masas de cuales formo parte, de los trabajadores manuales e intelectuales, de los oficinistas, de la clase media empobrecida, de quienes escuchan los cuentos de los liberales y de la izquierda ricachona en las alturas de algún cerro, y se retuercen en la necesidad real y el desamparo que tan crudamente nos muestran en Chile los terremotos y los aluviones, las lluvias incesantes de un invierno, que no es más que la síntesis espiritual del verdadero sufrimiento cotidiano del pueblo también muy real. Ese pueblo iluso aún, que cree y decrece en la promesa del mercado, en la lucha de unos contra otros para terminar siempre, durante centurias, mascando el ínfimo pedazo de una torta bancaria y usurera putrefacta.
Así, adentrémonos en el Antiedipo de Deleuze y Guattari, pero a través de Foucault, que nos dice:
“(...) En un modesto homenaje a San Francisco de Sales, podría decirse que el Antiedipo es una Introducción a la vida no fascista. Este arte de vivir, contrario a todas las formas de fascismo, estén éstas instaladas o bien cercanas al ser, se acompaña de cierto número de principios esenciales, que resumiría de la manera siguiente si debiera hacer de esta gran obra un manual o una guía para la vida cotidiana:
-Liberen la acción política de toda forma de paranoia unitaria y totalizadora.
-Hagan que la acción, el pensamiento y los deseos crezcan por proliferación. yuxtaposición y disyunción, no por subdivisión o jerarquización piramidal.
-Líbrense de las viejas categorías de lo Negativo (la ley, el límite la castración, la falta la laguna) que el pensamiento occidental ha sostenido como sagradas durante tan largo tiempo en tanto forma de poder y modo de acceso a la realidad. Prefieran lo positivo y lo múltiple, la diferencia a la uniformidad, los flujos a las unidades, los ordenamientos múltiples a los sistemas. Consideren que lo productivo no es sedentario sino nómada.
-No imaginen que haya que estar triste para ser un militante, aún cuando lo que se combata sea abominable. Es el lazo entre el deseo y la realidad (y no su fuga bajo las formas de la representación) lo que posee fuerza revolucionaria.
-No utilicen el pensamiento para dar a la práctica política valor de Verdad; ni la acción política para desacreditar un pensamiento como si éste no fuera más que especulación pura. Utilicen la práctica política como un intensificador del pensamiento, y el análisis como multiplicador de las formas y los ámbitos de intervención de la acción política.
-No exijan de la política el restablecimiento de los derechos del individuo tales como los define la filosofía. El individuo es producto del poder. Lo que hay que hacer es des individualizar por medio de la multiplicación, el desplazamiento, el ordenamiento en combinaciones diferentes. El grupo no ha de ser un lazo orgánico que una individuos jerarquizados sino un constante generador de des individualización.
-No se enamoren del poder.
(...) En el libro (...) tiene lugar algo esencial, algo de la mayor seriedad: el asedio a todas las formas de fascismo, desde aquellas formas (colosales) que nos rodean y aplastan hasta las formas menudas que conforman la amarga tiranía de nuestra vida cotidiana”. (3)
Algunas mínimas y no exhaustivas conclusiones generales
Que a mí mismo, a mis amigos y amigas o a ustedes los interpelen los discursos de Goebbels, de carácter tan leninistas por lo demás, no significa en absoluto que seamos una nueva banda de camisas pardas rabiosas o como diría alguien de la izquierda funcionaria o burocrática: “ahh en el fondo son fascistas, por eso no nos quieren”. Nada más lejos. Probablemente habrán algunos lectores más viejos que se vigorizaron con los discursos de Stalin. Probablemente nos seducen ciertas cuestiones telúricas y de gran fuerza, a falta de una izquierda revolucionaria. O a falta de una izquierda cotidiana enraizada en la vida del pueblo trabajador.
Tampoco significa que seamos como nadie lo es, blancas palomas inmaculadas y antifascistas, al estilo de esa izquierda fascista que anda vociferando que no lo es, lo más probable es que al decir de Foucault, “... todas las formas de fascismo, estén instaladas o bien cercanas al ser”. Y especialmente al ser de la izquierda que aún posee esa paranoia unitaria y totalizadora, que es jerárquica ya sea como centralismo democrático o como castas dirigenciales privilegiadas, que es profundamente sistémica y sedentaria, que está llena de verdades y sobretodo de verdades excluyentes y castigadoras y que por sobre todo, ama el control y el poder a toda costa. Y que de pasada, muy socialdemócratamente ama el típico lenguaje agitativo de raíz estalinista, por sobre los actos que corroboren el arrojo.
Algunas mínimas y no exhaustivas conclusiones particulares
Finalmente y tratando vincular este párrafo a otro tipos de respuesta a las enormes preguntas de Foucault , (aún cuando el mismo trató de contestarlas en el decálogo anterior), “¿cómo librar del fascismo nuestro discurso y nuestros actos, nuestro corazón y nuestros placeres?, ¿cómo expulsar el fascismo incrustado en nuestro comportamiento? ” (4)
No es simple, para nada simple, pero probablemente deba uno comenzar como padre o madre y como pareja, y desde el oficio cotidiano y en su relación con el barrio y la comunidad. Es largo detallar y trabajar en ello: discursos-actos-corazón y placeres sin fascismo, requiere vincular esforzadamente estas realidades propias, al ser cotidiano con otros, con esos otros anteriores a la ideología y a las idealizaciones, o a las mascaradas de discursos públicos, que esconden lo privado fascistizante. Pues desde lo privado es donde se comienza a construir y desde allí se pretende actuar en los micro y macro espacios públicos como micro y macro poderes. Debemos reeducar y metamorfosear nuestro deseo del dominio y de control en función de nuestros particulares intereses, deseo bastardo hijo del individualismo liberal y del autoritarismo izquierdizante.
Por mi parte, yo, no deseo dar respuestas taxativas a esto, porque no termino de trabajar cotidiana y duramente en ello, a la par que deseo firmemente reconstruir la izquierda desde la necesaria tradición antifascista, antiestalinista y anti liberal-socialdemócrata, esa que proviene de la profundidad de Mayo del 68, del socialismo con rostro humano checoeslovaco, del socialismo en libertad y democracia en Chile,y aún cuando parezca paradojal, para llegar a decir con valentía y pasión, con verdadero arrojo, ¡Que nuestros muertos marchen hacia adelante, jamás hacia atrás. ¡Las calles libres! ¡Detrás de los muertos! ¡Adelante!
(1 y 2) Arriesgar la vida, 5-Nov-1928; Un muerto habla 19-Agos.-1929; Joseph Goebbels . “Hacia el Tercer Reich : La lucha del Ejército Pardo de Adolf Hitler por el despertar de Alemania en http://www.resistenciaria.org/hg/tercer.htm.,
(3)El Antiedipo : Introducción a la vida no-fascista ; Michel Foucault (traducido del francés por Claudia Oxman). Fuente: Luis Kancyper. El campo analítico con niños & adolescentes. Zona erógena 18. 1994.
(4) Ibídem 3.
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