El presente documento, sobre educación pública, no es de mera crítica o denuncia sino, principalmente, de PROPUESTA. Creemos que ha llegado el tiempo de que hagamos valer nuestra voluntad política en todos los ámbitos, como simple y directo ejercicio de nuestra (inalienable) soberanía. En este sentido, la propuesta educativa que aquí exponemos emana del debate y las acciones que diversas organizaciones sociales y de auto-educación popular hemos venido realizando, internamente y también en el espacio público, este último tiempo, precisamente en respuesta al empantamiento que se ha producido en el debate nacional sobre Educación. Este documento es fruto de nuestro debate, y se pone a disposición de la comunidad en general para que lo continúe y perfeccione enriqueciéndolo con sus propias experiencias, deliberaciones y propuestas. Hemos acumulado suficiente desencanto y crítica. Ahora, creemos, debemos acumular propuesta y soberanía.
La soberanía radica inembargablemente en la ciudadanía. Lo que significa que ella habita y se expresa en las redes sociales y organizaciones de base que configuran la carne viva de la comunidad local y la sociedad civil. Y estando siempre allí, es anterior y superior a la Ley, a la Constitución Política de la Nación, a las autoridades impuestas por la violencia o de otro modo, porque es el fundamento y la raíz de todo poder. La soberanía ciudadana (o popular) trasciende el Estado de punta a cabo, razón por la que éste no puede ser sino el producto deliberado de su voluntad. Y por la misma razón, para ejercer libremente su poder, la soberanía puede y debe auto-educarse. No es el Estado – con su cohorte de políticos, burócratas y militares – el que educa a la soberanía ciudadana, sino ésta a sí misma.
El Estado nacional debería expresar el carácter soberano de la voluntad de la mayoría. Por eso, el Estado debe garantizar un sistema nacional de educación centrado en la autoeducación de la comunidad, sistema que debería ser, por las razones dichas, gratuito en todas sus instancias y niveles. El Estado debe garantizar esa gratuidad. Por la misma razón, no tiene por qué financiar por sí mismo la educación elitaria que consume objetos culturales importados. La educación de elite (hetero-educación) puede y debería ser privada. El Estado, por ningún motivo, debería financiar a la educación de elite.
martes, mayo 18, 2010
Propuestas para la Constitución de un sistema educativo para las mayorías
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