Cantopolítico

El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, ni participa. No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.

domingo, agosto 28, 2011

El libro de Manuel (fragmento) - Julio Cortázar


Bueno, liberación del cónsul brasileño secuestrado por los Tupamaros, súplicas radiales y televisadas de su mujer, y coro desconsolado de ranas humanistas indignadas de que organizaciones políticas recurran al rapto para obtener la libertad de detenidos políticos, dijo Susana con la voz de fierro de la maestrita que llega a lo más peludo del teorema, es la carta que recibió la mujer del cónsul brasileño antes de que los Tupas le devolvieran al marido, y que dice: Señora Aparecida Gomide, todo el mundo conoce su sufrimiento y su angustia. La prensa oral y escrita recuerda diariamente su drama: su marido, funcionario diplomático en el exterior, ha sido secuestrado y envuelto así en acontecimientos de índole política. Señora, no es usted la única que llora. Pero nadie habla de mi sufrimiento y de mi angustia. Yo lloro sola. No tengo sus posibilidades de hacerme oír, de decir a mi vez que «tengo el corazón destrozado» y que quiero volver a ver a mi marido». Su marido está vivo y bien tratado. Volverá a su lado. El mío murió en la tortura, asesinado por el Primer Ejército. Fue ejecutado sin proceso y sin sentencia. He reclamado su cadáver. Nadie me ha oído, ni siquiera la Comisión de Derechos de la Persona Humana. No sé lo que han hecho con él ni dónde lo han arrojado. Se llamaba Mario Alves de Souza Vieira, periodista. Fue detenido por la policía del Primer Ejército el 16 de enero de este año, en Río de Janeiro. Lo llevaron al cuartel de la policía militar donde lo golpearon salvajemente toda la noche, lo empalaron con un bastón tallado en forma de sierra, le arrancaron la piel de todo el cuerpo con un cepillo de metal, porque se rehusaba a dar las informaciones exigidas por los torturadores del Primer Ejército y del DOPS. Los prisioneros llevados a la sala de torturas para que limpiaran el suelo cubierto de sangre y de excrementos, vieron a mi marido agonizando, la sangre que le brotaba por boca y nariz, desnudo en el suelo, ahogándose, pidiendo de beber. Entre risas, los militares torturadores no permitieron que se le prestara el más mínimo socorro.

—Ya entendemos —dijo Roland—, ça va comme ça.

—Ah no, ahora voy a terminar —dijo Susana mirándolo enfurecida—. Ya sé, señora, que no está usted en condiciones de comprender mi sufrimiento, pues el dolor de cada uno es siempre mayor que el de los demás. Pero comprenda, espero, que las condiciones que llevaron al secuestro de su marido y a la tortura mortal del mío son siempre las mismas: que es importante darse cuenta de que la violencia-hambre, la violencia-miseria, la violencia-opresión, la violencia-subdesarrollo, la violencia-tortura, conducen a la violencia-secuestro, a la violencia-terrorismo, a la violencia-guerrilla; y que es muy importante comprender quién pone en práctica la violencia: si son los que provocan la miseria o los que luchan contra ella.

Julio Cortázar - El libro de Manuel (fragmento)

martes, agosto 16, 2011

Tú dices terror


Fesal Chain

Maldito
tú dices terror
tú dices sangre
(se ha coagulado la sangre
en la cama del martirio)
maldito
tú dices paz
pero dices shalom (1)
tú dices justicia
pero dices en verdad

que

se

mantengan

las

cosas

tal

como

están


que los monstruosos mujahidin
no dañen tu vida correcta
tú dices bueno
y dices good
tú dices malo
y dices qbi (2)
tú dices bueno
y dices tov (3)

tú que te has educado en la gloriosa
civilización occidental judeo cristiana
y ahora que no te persiguen
como ayer
cuando eras comunista
o negro
estás a favor del perseguidor
cuando repites como cordero
como idiota
la propaganda oficial

maldito
maldito
maldito
tú dices
terror
tú dices sangre
y hoy que se ha coagulado
la sangre
en la cama del martirio
celebras la muerte
del que no conoces
del poeta y del hombre
con su metralla alada

y yo te digo
ciego del alma
ciego del alma
ciego del alma
lo que hace más de ocho siglos
susurró Yala ud Din Rumi:
"Transforma tu cuerpo entero
en visión, hazte mirada".
y que "la Pasión corta la rama del cansancio.
La Pasión es el elixir que renueva:
(...) ¡busca la Pasión, búscala, búscala!


(1) Paz en hebreo
(2) Malvado en árabe
(3) Bueno en hebreo

sábado, junio 18, 2011

Gabriel Salazar, Alfredo Jocelyn-Holt y Rolf Lüders - Mercaderes, Empresarios y Capitalistas

Parte 1


Parte 2

‎
"La historia social no es una ciencia pura, en el sentido de que hay una sola dimensión, lo social, que excluye lo económico, que excluye lo político, que excluye lo cultural. Es multidimensional. Por eso no creo en el análisis economista puro, que excluye lo subjetivo, lo intersubjetivo, la estupidez humana. (....) Hay una dimensión ahí, social, subjetiva, cultural, que no podemos eludir." (Gabriel Salazar)

sábado, mayo 21, 2011

Wilhelm Reich - La función social de la represión sexual


A Lenin ya le había sorprendido el comportamiento irracional y singular de las masas antes de la sublevación o durante el desarrollo de ésta. Hace el siguiente relato de las sublevaciones de soldados en Rusia en 1905:

"El soldado estaba lleno de simpatía por la causa de los campesinos; a la sola mención del campo le brillaban los ojos. Más de una vez había pasado el poder en las tropas a manos de los soldados, pero esta situación no había sido explotada casi nunca; los soldados dudaban; algunas horas después de haber matado a un superior detestado, les concedían la libertad a los demás, entablaban negociaciones con las autoridades y luego se dejaban ejecutar y azotar, y aceptaban "el yugo de nuevo..." (Lenin, Sobre la religión.)

Los místicos de todos los pelajes explicarán tal actitud por la naturaleza moral inmutable del hombre, que constituiría un obstáculo a la rebelión contra las instituciones divinas, la autoridad del Estado y sus representantes; los marxistas vulgares pasan al lado de tales fenómenos que no les interesan, sin prestarles atención y sin poder explicarlos, porque no son explicables por los solos argumentos económicos. La teoría freudiana se acerca más a la verdad cuando explica tal comportamiento por el sentimiento de culpabilidad adquirido durante la infancia, frente a todas las personas que representan al padre. Sólo que no nos dice nada sobre el origen y la función sociológica de un comportamiento como ese y no propone, por este motivo, solución práctica ninguna. Tampoco comprende sus relaciones con la represión y la deformación de la vida sexual de las masas.

Antes de abordar el análisis de los fenómenos irracionales de los que se ocupa la psicología de masas es indispensable echar una breve ojeada a los problemas suscitados por la economía sexual, de la que hemos tratado en detalle en otra parte.

La economía sexual es un sector de la investigación desgajado hace algunos años de la sociología de la vida sexual humana por la aplicación a este campo del funcionalismo y que, desde entonces, ha conseguido esclarecer una serie de hechos de un tipo nuevo. Su fundamento son las condiciones preliminares siguientes: Marx encontró la vida social dominada por las condiciones de la producción económica y los conflictos de clase que, en un punto determinado de la historia son su consecuencia. La servidumbre de la clase oprimida por los propietarios de los medios de producción social no se hace casi nunca por la fuerza bruta: su arma principal es su poder ideológico sobre los oprimidos, que sostiene eficazmente el aparato del Estado. Ya hemos subrayado que Marx veía en el hombre vivo y productor, con sus atributos psíquicos y físicos, la primera condición de la historia y la política. La estructura caracterológica del hombre que actúa, dicho de otro modo, del "factor subjetivo de la historia" en el sentido de Marx, no fue explorada porque Marx era sociólogo y no psicólogo y porque, en su tiempo, la psicología científica aún no existía. Aún no se ha dado respuesta alguna a la cuestión de saber por qué razón los hombres han soportado a lo largo de milenios la explotación y la humillación, en una palabra, el esclavismo; la investigación se limitaba al proceso económico de la sociedad y al mecanismo de la explotación económica.

Apenas cincuenta años más tarde, Freud descubrió, por un método particular, al que dio el nombre de psicoanálisis, el proceso que domina la vida del alma. Sus más importantes descubrimientos, que anularon y conmocionaron una gran cantidad de antiguos conceptos — lo cual le atrajo al principio el odio de la gente—, son los siguientes: La conciencia (psicológica) no es más que una pequeña parte del campo psíquico; es tributaria de los procesos psíquicos inconscientes que, por esta razón, escapan al control de la ciencia: todo acontecimiento psíquico —incluso aunque aparezca desprovisto de sentido, como el sueño, el acto fallido, los despropósitos de los psicóticos y de los alienados— tiene una función y un "sentido" perfectamente comprensible si se consigue insertarlo en la historia del desarrollo de la persona humana. Debido a este descubrimiento, la psicología que hasta entonces había vegetado bajo la forma de una especie de física del cerebro ("mitología del cerebro"), o como la hipótesis de un espíritu objetivo misterioso, alcanzaba repentinamente un puesto entre las ciencias naturales.

El segundo gran descubrimiento de Freud era el de una sexualidad infantil muy activa, completamente independiente de la función de reproducción: la sexualidad y la reproducción, lo sexual y lo genital no son, pues, en absoluto, idénticos; la disección analítica de los procesos psíquicos ha puesto en evidencia, por otro lado, que la sexualidad o, más bien, la energía, la libido, que es de origen somático, es el motor central de la vida del alma. Las premisas biológicas y las condiciones sociales se van a encontrar en el terreno psíquico.

El tercer gran descubrimiento de Freud fue que la sexualidad infantil, de la que también forma parte lo esencial de las relaciones padre-hijo (complejo de Edipo), es generalmente reprimida porque el niño teme que sus padres le castiguen por actos y pensamientos sexuales (aquí se encuentra el sentido profundo de la "angustia de castración"); de este modo, la sexualidad queda apartada de la acción y borrada de la memoria. La represión de la sexualidad infantil la suprime de la conciencia sin por ello arrebatarle su energía; por el contrario, la refuerza y la influye de tal modo que se manifiesta en muchas turbaciones patológicas de la vida del alma. Como esta regla se aplica, sin excepción, a todos los hombres vivos, Freud podía decir que su paciente era la humanidad entera.

El cuarto descubrimiento importante en este contexto fue el de que las instancias morales en el hombre no tienen origen supraterrestre alguno, sino que son el resultado de las medidas pedagógicas que, desde la más tierna edad del niño toman los padres o sus representantes. En el centro de estas medidas pedagógicas se encuentran las que se dirigen a la represión sexual del niño. El conflicto que opone al principio los deseos de los niños a las prohibiciones de los padres se prolonga después en el conflicto interior de la persona entre los impulsos y la moral. Las instancias morales, que pertenecen al inconsciente, chocan en el adulto contra su conocimiento de las leyes de la sexualidad y de la vida psíquica inconsciente; favorecen la represión sexual ("resistencia sexual") y aplican la resistencia del mundo contra el descubrimiento de la sexualidad infantil.

Todos estos descubrimientos (y nos hemos limitado a citar los que tienen una incidencia directa sobre nuestro objeto) han asestado un golpe muy fuerte —a veces debido a su sola existencia— a la filosofía reaccionaria y muy especialmente a la metafísica religiosa, que se erige en defensora de los valores morales eternos, que afirma que el mundo está dominado por un espíritu objetivo y que niega la sexualidad infantil y pretende relegar la sexualidad a la función reproductora únicamente. Tales descubrimientos no pudieron desplegar todos sus efectos porque la sociología psicoanalítica que se edificara a partir de ellos les arrebató en gran medida lo que tenían de revolucionario y progresista. No es éste el lugar de demostrarlo. La sociología analítica intentó analizar la sociedad como si fuera un individuo, opuso de modo absoluto el proceso cultural a la satisfacción sexual, interpretó los impulsos destructores como datos biológicos originales que presidieran de modo ineluctable los destinos humanos, negó la existencia de una era matriarcal primitiva y desembocó, espantada de sus propias conclusiones, en un escepticismo paralizante. Desde hace mucho tiempo ha adoptado una actitud hostil frente a los que hacen este balance y sus representantes son consecuentes consigo mismos cuando luchan contra estas tentativas. Pero todo esto no cambia nada en el hecho de que nosotros estemos dispuestos a rechazar enérgicamente todo ataque contra los grandes descubrimientos de Freud, venga de donde venga.

Las investigaciones realizadas con ayuda de la sociología fundada sobre la economía sexual, la cual toma como punto de partida estos descubrimientos, no se limitan a ser una tentativa más de completar a Marx con Freud o a Freud con Marx, o de hacer una amalgama de los dos. Hace poco, hemos declarado cuál era la función precisa que asume el psicoanálisis en el edificio del materialismo histórico: puede ayudar a la comprensión de la estructura y de la dinámica de la ideología, pero no de su aspecto histórico. Sólo un político limitado podría reprocharle a la psicología analítica estructural no sacar rápido partido de sus hallazgos en forma de consejos prácticos. El hecho de que se encuentre afectada de algunas deformaciones debido al contagio con la filosofía conservadora, no debería ser motivo para que un politicastro la rechazara en bloque. Que haya comprendido la sexualidad infantil es un título de gloria científica y revolucionaria que ningún sociólogo auténtico le disputará.

Se sigue de ello que la ciencia de la sociología de la economía sexual, que descansa sobre los descubrimientos sociológicos de Marx y sobre los descubrimientos psicológicos de Freud, es una psicología de masas y una sociología sexual a la vez. Comienza allí donde, tras el rechazo de la filosofía de la cultura de Freud (que, a pesar de su idealismo, contiene más verdades sobre la vida activa que todas las sociologías y muchas de las psicologías marxistas reunidas), termina la problemática clínica y psicológica del psicoanálisis.

El psicoanálisis nos revela los efectos y los mecanismos de la represión y la inhibición sexuales así como los detalles de sus consecuencias patológicas. La sociología basada en la economía sexual va más allá: ¿por qué motivo de orden social está reprimida la sexualidad en la sociedad e inhibida en el individuo? es la pregunta que se plantea. La Iglesia responde: en interés de la salvación eterna; la filosofía moral mística: a causa de la naturaleza moral eterna del hombre; la filosofía cultural freudiana dice: en interés de la "cultura". Uno puede llegar a preguntarse con escepticismo en qué puede obstaculizar a la instalación de estaciones de gasolina o a la producción de aviones, la masturbación de los niños o las relaciones sexuales entre los adolescentes. Tenemos la impresión de que no es la actividad cultural la que está en peligro, sino la forma actual de esa actividad, cosa que estaríamos dispuestos a sacrificar gustosamente a ese precio, para poner fin a la inmensa angustia de los niños y de los adolescentes. De este modo queda claro que el problema no es cultural, sino de orden social. Si examinamos la historia de la represión sexual descubriremos que su nacimiento no coincide con el de la cultura, que no es una condición de la formación de la cultura, sino que ha aparecido relativamente tarde, tras la instauración del patriarcado autoritario y el nacimiento de las clases. En ese momento se comienza a poner al servicio de la minoría los intereses sexuales de todos; el matrimonio y la familia autoritaria le han dado a esta situación una nueva forma de organización. La sensibilidad del hombre se modifica con la restricción y la represión sexuales y, de este modo, aparece la religión que niega la sexualidad y que, poco a poco, instala su propia organización de política sexual: la Iglesia, con todos sus precursores, dedicada especialmente a la extirpación del placer sexual y de la escasa felicidad sobre la tierra. No es preciso añadir que esta evolución no carece de significación social si se la estudia bajo el punto de vista de la explotación, entonces floreciente, de la fuerza humana de trabajo.

Para comprender bien esta relación es importante hacerse una idea muy clara de la institución central social donde convergen las situaciones económica y socioeconómica de la sociedad patriarcal y autoritaria. Sin tomar en consideración- esta institución es imposible comprender la economía sexual y el proceso ideológico del patriarcado. El psicoanálisis de individuos de todos los países y de todas las capas sociales muestra que la conjunción de las estructuras socioeconómica y sexual de la sociedad así como su reproducción estructural se producen a lo largo de los cuatro o cinco primeros años de la vida por los cuidados de la familia autoritaria. A continuación, la Iglesia no hace otra cosa que perpetuar esta función. Al Estado autoritario le interesa por tanto sobre todo perpetuar la familia autoritaria: ella es la fábrica en la que se elaboran su estructura y su ideología.

Hemos encontrado, pues, la institución donde se opera la conjunción entre los intereses económicos y sexuales del Estado autoritario. Queda la cuestión de saber cómo se efectúa esta conjunción y cuál es su mecanismo. Aquí también el análisis de la estructura caracterológica típica del hombre reaccionario (comprendido el trabajador) nos proporciona la respuesta; pero tal respuesta no es patente más que al que está acostumbrado a investigar sobre el análisis caracterológico. La inhibición moral de la sexualidad natural del niño cuya última etapa es la limitación característica a la sexualidad genital hace del niño un ser angustiado, salvaje, sumiso, obediente, "amable" y "dócil" en el sentido autoritario de la palabra; de este modo, todo gesto vital y libre está cargado de una fuerte dosis de angustia, que paraliza las fuerzas rebeldes en el hombre y deteriora su potencia intelectual y su sentido crítico, imponiéndole la prohibición de pensar en las cosas sexuales. En una palabra, su fin es la creación del sujeto adaptado al orden autoritario, que lo acepta a despecho de todas las miserias y humillaciones. Para comenzar, el niño ha de plegarse al estado autoritario en miniatura que es la familia, cuyas estructuras tiene que aceptar a fin de poder integrarse más tarde en el marco del orden social general. La estructuración autoritaria del hombre se produce en primer lugar por la localización de inhibiciones y angustias sexuales en la materia viva de los impulsos sexuales; lo cual no debe olvidarse.

No nos resultará difícil comprender por qué la economía sexual considera a la familia como la célula de reproducción más importante del sistema social autoritario si nos paramos a considerar a título de ejemplo, el caso de la mujer conservadora, esposa de un trabajador medio. Tiene la misma hambre que la esposa partidaria de la libertad, padece de la misma forma bajo la situación económica, pero vota a los fascistas.

Si, además, por otro lado, examinamos la diferencia, en materia de ideología sexual, entre la mujer liberal y la reaccionaria media, nos daremos cuenta de la importancia primordial de la estructura sexual: la inhibición moral antisexual impide a la mujer conservadora tomar conciencia de su situación social y la liga con tanta fuerza a la Iglesia cuanto ella teme al "bolchevismo sexual". Desde el punto de vista teórico, las cosas se presentan de modo siguiente: el marxista vulgar, acostumbrado a los razonamientos mecanicistas supondrá que la toma de conciencia de la situación económica será tanto más decisiva, cuanto mayor sea la miseria sexual que se añada a la económica. Según esta hipótesis, los adolescentes y la masa de mujeres deberían estar más inclinados a la revolución que los hombres. Sin embargo, la verdad es lo contrario. El economista no sabe cómo explicar este fenómeno; es incapaz de comprender incluso por qué la mujer reaccionaria rehúsa escuchar su programa económico. La explicación es la siguiente: la represión de las necesidades materiales más groseras no produce el mismo efecto que la represión de las necesidades sexuales. La primera excita a la revolución; la segunda, dado que somete las exigencias sexuales a la inhibición, que las sustrae a la conciencia, que se ancla interiormente bajo la forma de defensa moral, impide la revolución contra las dos formas de la represión. Notemos que la inhibición de la revolución es también inconsciente. El hombre medio apolítico no experimenta ni los primeros atisbos.

El resultado es el conservadurismo, el miedo a la libertad, una mentalidad reaccionaria.

La inhibición sexual refuerza la reacción política no sólo por medio del proceso descrito más arriba haciendo pasivo y apolítico el individuo integrado en la masa, sino que crea en la estructura del hombre una fuerza secundaria, un interés artificial que sostienen por su parte el orden autoritario de modo activo. Puesto que la sexualidad, a la que el proceso de inhibición niega las satisfacciones naturales, se vuelve a toda clase de satisfacciones complementarias. De este modo la agresividad natural se transforma en sadismo brutal, sadismo que es una de las bases esenciales, desde el punto de vista de la psicología de masas, de las guerras que los intereses imperialistas organizan. Tomemos otro ejemplo: desde el punto de vista de la psicología de masas, el militarismo resulta eficaz porque pone en movimiento un mecanismo libidinal. El efecto sexual del uniforme, la excitación erótica de los desfiles debido a la perfección del movimiento rítmico, el carácter exhibicionista de la facha militar son más claramente accesibles a una criada o a una empleadilla que a nuestros políticos más eruditos. La reacción política, por su parte, se sirve a sabiendas de estos intereses sexuales. No solamente crea vistosos uniformes para los hombres, sino que, además, confía el reclutamiento a muchachas atractivas. Para terminar, citemos los carteles de las potencias militaristas cuya argumentación, más o menos, es la siguiente: “¡Si quieres conocer los países extranjeros, enrólate en la Marina Real. Los países extranjeros se representan por mujeres exóticas. ¿Por qué son tan eficaces estos carteles? Porque nuestra juventud, frustrada por la represión sexual, tiene hambre sexual.

Tanto la moral sexual que obstaculiza las aspiraciones a la libertad, como las potencias que hacen el juego a los intereses autoritarios, obtienen su energía de la sexualidad reprimida. Con ello tocamos uno de los resortes esenciales del proceso llamado “efecto de reacción de la ideología sobre la base económica”: la inhibición sexual crea modificaciones estructurales en el hombre oprimido económicamente, que le obligan a actuar, sentir y pensar en contra de sus intereses materiales.

La observación de Lenin encuentra así su confirmación y explicación en los descubrimientos de la psicología de masas. Los soldados de 1905 veían de modo inconsciente, en sus oficiales a sus padres del tiempo de su infancia, símbolos de la idea de Dios, que reprimían la sexualidad y a los que no se podía matar, incluso aunque le envenenaran a uno la vida. Su arrepentimiento y sus dudas una vez que habían tomado el poder eran la expresión del odio transformado en su contrario, la compasión; odio que, de este modo, no podía traducirse en actos.

El problema práctico de la psicología de masas es, pues la activación de la mayoría pasiva de la población, siempre dispuesta a volar en auxilio de la reacción política, así como la supresión de las inhibiciones que contrarrestan las génesis de la voluntad de libertad nacida de la situación socio-económica. Nada podía detener las energías psíquicas de una masa media que vibra ante el espectáculo de un partido de fútbol o de una ópera de pacotilla, si se consiguiera desencadenarla y canalizarla hacia los fines racionales del movimiento de liberación. Este es el punto de partida del siguiente estudio sobre la economía sexual.

Extracto del libro “La Psicología de Masas del Fascismo”, escrito por Wilhelm Reich.

lunes, mayo 02, 2011

Paul Bowles


Al no saber cuándo moriremos, pensamos que la vida es inagotable. Pero todo ocurre sólo un cierto número de veces. Y son muy pocas. ¿Cuántas veces más recordará una cierta tarde de su infancia? Una tarde tan arraigada en su ser que no puede concebir su vida sin ella. Quizá tres o cuatro. Quizá menos. ¿Cuántas veces contemplará la luna llena? Veinte quizá. Sin embargo, nada parece tener límite. (Paul Bowles)

sábado, abril 23, 2011

De la reflexión crítica, individu@s y colectiv@s. (Carta Segunda a Luis Villoro en el Intercambio Epistolar sobre Ética y Política)


Abril del 2011.

“Si en el cielo hay unanimidad, apartadme un lugar en el infierno”
(SupMarcos. Instrucciones para mi muerte II)


I.- LA PROSA DE LA CALAVERA.

Don Luis:

Salud y saludos maestro. Esperamos de veras que se encuentre mejor de salud y que la palabra sea como esos remedios caseros que alivian aunque nadie sabe cómo.

Cuando inicio estas líneas, el dolor y la rabia de Javier Sicilia (lejano a la distancia pero cercano en ideales desde antaño) se hacen eco que reverbera en nuestras montañas. Es de esperar y de esperanza que su legendaria tenacidad, así como ahora convoca nuestra palabra y acción, alcance a agrupar las rabias y dolores que se multiplican en suelos mexicanos.

De Don Javier Sicilia recordamos sus críticas irreductibles pero fraternas al sistema de educación autónoma en las comunidades indígenas zapatistas y su terquedad al recordar periódicamente, al finalizar su columna semanal en la revista mexicana PROCESO, el pendiente del cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés.

La tragedia colectiva de una guerra insensata, concretada en la tragedia particular que lo hirió, ha colocado a Don Javier en una situación difícil y delicada. Muchos son los dolores que esperan encontrar eco y volumen en sus reclamos de justicia, y no son pocas las inquietudes que esperan que su voz acuerpe, que no dirija, las ignoradas voces de indignación.

Y también ocurre que en torno a su figura agigantada por el digno dolor, acechen los buitres carroñeros de la política de arriba, para quienes una muerte vale sólo si suma o resta en sus proyectos individuales y de grupúsculos, aunque se escondan detrás de una representatividad.

¿Un nuevo asesinato se hace visible? Pues entonces hay que ver cómo afecta eso la pueril contabilidad electoral. Para allá arriba importan las muertes si pueden incidir en la agenda electoral. Si no se pueden capitalizar en encuestas y tendencias de preferencia electoral, entonces vuelven a la lúgubre cuenta donde las muertes ya no importan, aunque sean decenas de miles, porque vuelven a ser un asunto individual.

Ignoro, al momento de escribirle estas palabras, los pasos que sigue ese dolor que convoca. Pero su reclamo de justicia, y todos los que en él se sintetizan, merecen nuestro respeto y apoyo, aún con nuestro pequeño ser y nuestras grandes limitaciones.

En el ir y venir de las noticias sobre ese suceso, se recuerda que Don Javier Sicilia es poeta. Tal vez por eso su persistente dignidad.

En su muy particular estilo de ver y explicar el mundo, el Viejo Antonio, ese indígena que fue maestro y guía de todos nosotros, decía que había personas que eran capaces de ver realidades que aún no existían y que, como no existían tampoco las palabras para describir esas realidades, entonces tenían que trabajar con las palabras ya existentes y acomodarlas de un modo extraño, en parte canto y en parte profecía.

El Viejo Antonio hablaba de la poesía y de quienes la hacen. (yo agregaría a quienes la traducen, porque l@s traductor@s de la poesía que habla lenguas lejanas también deben ser un mucho hacedor@s de poesía).

Los poetas, las poetisas, ¿ven más lejos o ven de otro modo? No lo sé, pero buscando algo que, dicho en el pasado, hablara del presente que nos duele y del futuro incierto, encontré este escrito de José Emilio Pacheco que me mandó hace tiempo un mi hermano mayor y que viene al pelo para que nadie entienda:

Prosa de la Calavera.


Como Ulises me llamo Nadie. Como el demonio de los Evangelios mi nombre es Legión. Soy tú porque eres yo. O serás porque fui. Tú y yo. Nosotros dos. Vosotros, los otros, los innumerables ustedes que se resuelven en mí.
(…)
Después fui, al punto de convertirme en lugar común, símbolo de la sabiduría. Porque lo más sabio es también lo más obvio. Como nadie quiere verlo de frente nunca estará de sobra repetirlo: No somos ciudadanos de este mundo sino pasajeros en tránsito por la tierra prodigiosa e intolerable.
Si la carne es hierba y nace para ser cortada, soy a tu cuerpo lo que el árbol a la pradera: no invulnerable, tampoco perdurable, sí material más empecinado o resistente.
Cuando tú y todos los nacidos en el hueco del tiempo que te fue dado en préstamo acaben de representar su papel en este drama, esta farsa, esta trágica y bufa comedia, yo permaneceré por largos años: descarnada desencarnada.
Serena mueca, secreto rostro que te niegas a ver (arráncate la máscara: en mí hallarás tu verdadera cara), aunque lo sabes íntimo y tuyo y siempre va contigo.
Y lleva adentro, en fugaces células que a cada instante mueren por millones, todo lo que eres: tu pensamiento, tu memoria, tus palabras, tus ambiciones, tus deseos, tus miedos, tus miradas que a golpes de luz erigen la apariencia del mundo, tu alejamiento o entendimiento de lo que realmente llamamos realidad.
Lo que te eleva por encima de tus olvidados semejantes, los animales, y lo que te sitúa por debajo de ellos: la señal de Caín, el odio a tu especie, tu capacidad bicéfala de hacer y destruir, hormiga y carcoma.
(…)
Porque voy con ustedes a todas partes. Siempre con él, con ella, contigo, esperando sin protestar, esperando. De los ejércitos de mis semejantes se ha forjado la historia. De la pulverización de mis añicos está amasada la tierra.
(…)
Así, quién lo diría, yo -máscara de la muerte- soy la más profunda entre tus señales de vida, tu huella final, tu última ofrenda de basura al planeta que ya no cabe en sí mismo de tantos muertos. Si bien sólo perduraré por breve tiempo, de todos modos muy superior al que te concedieron.
(…)
Toda belleza y toda inteligencia descansan en mí, y me repudias. Me ves como señal del miedo a los muertos que se resisten a estar muertos, o a la muerte llana y simple: tu muerte. Porque sólo puedo salir a flote con tu naufragio. Sólo cuando has tocado fondo aparezco.
Pero a cierta edad me insinúo en los surcos que me dibujan, en los cabellos que comparten mi gastada blancura. Yo, tu verdadera cara, tu apariencia última, tu rostro final que te hace Nadie y te vuelve Legión, hoy te ofrezco un espejo y te digo: Contémplate.

(José Emilio Pacheco, “Prosa de la calavera”, en “Fin de siglo y otros poemas”, México, Fondo de Cultura Económica / Secretaría de Educación Pública, Lecturas Mexicanas No. 44, 1984, pp. 114-117)

II.- LA PERTINENCIA DE LA REFLEXIÓN CRÍTICA.

“Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala
calidad, es hora de comenzar a decir la verdad”
Bertold Brecht.

La guerra de arriba sigue, y su paso de destrucción pretende también que todos empecemos a aceptar ese horror cotidiano como si fuera algo natural, algo imposible de cambiar. Como si la confusión reinante fuera premeditada y pretendiera democratizar una resignación que inmoviliza, que conforma, que derrota, que rinde.

En tiempos en que se organiza la confusión y se ejerce conscientemente la arbitrariedad, es preciso hacer algo.

Y un algo es tratar de desorganizar esa confusión con la reflexión crítica.

Como podrá ver en las misivas que le adjunto, Don Luis, se han sumado a este intercambio de reflexiones sobre la Ética y la Política, Carlos Antonio Aguirre Rojas, Raúl Zibechi, Sergio Rodríguez Lascano y Gustavo Esteva. Esperamos que más pensamientos se vayan agregando a este espacio.

Quisiera tocar en esta segunda carta nuestra, algunos de los puntos que toca usted en su respuesta y que, directa o indirectamente, también señalan nuestros corresponsales que lanzan sus ideas desde la Ciudad de México, Oaxaca y el Uruguay.

Todos abordan, con sus particularidades, es decir, en su calendario y su geografía propios, este asunto de la reflexión crítica. Estoy seguro que ninguno de nosotros (usted, ellos, nosotros) pretendemos que se establezcan verdades inamovibles. Nuestro propósito es arrojar piedras, bueno, ideas, al estanque aparentemente tranquilo del quehacer teórico actual.

El símil que uso de la piedra va más allá de la retórica de una superficie momentáneamente agitada por la piedra. Se trata de llegar al fondo. De no conformarse con lo evidente, sino atravesar con irreverencia el estanco estanque de las ideas y llegar al fondo, abajo.

En la época actual la reflexión crítica está aparentemente estancada. Y digo aparentemente si es que uno se atiene a lo que en los medios impresos y electrónicos se presenta como reflexión teórica. Y no se trata sólo de que lo urgente haya desplazado a lo importante, en este caso, los tiempos electorales a la destrucción del tejido social.

Se dice, por ejemplo, que el año que nos preocupa, el 2011, es un año electoral. Bueno, también lo fueron todos los años anteriores. Es más, la única fecha que no es electoral en el calendario de arriba es… el día de las elecciones.

Pero ya se ve que la inmediatez difícilmente puede diferenciar lo que pasó ayer de lo que pasó hace 17 años.

Salvo las “molestas” interrupciones de catástrofes naturales y humanas (porque los crímenes cotidianos de esta guerra son una catástrofe), los teóricos de arriba, o los pensadores de lo inmediato, vuelven una y otra vez sobre el tema electoral… o hacen malabarismos para ligar cualquier cosa al tema electoral.

La teoría chatarra, como la comida ídem, no nutre, sólo entretiene. Y de eso parece tratarse si nos atenemos a lo que aparece en la gran mayoría de los diarios y revistas, así como en los paneles de “especialistas” de los medios electrónicos de nuestro país.

Cuando estos expendedores de teoría chatarra miran hacia otras partes del Mundo y deducen que las movilizaciones que derrocan gobiernos son productos de celulares y redes sociales, y no de organización, capacidad de movilización y poder de convocatoria, expresan, a más de una ignorancia supina, el deseo inconfeso de conseguir, sin esfuerzo, su lugar en “LA HISTORIA”. “Twittea y ganarás los cielos” es su moderno credo.

Y, al igual que los “productos milagro”, estos exaltadores del Alzheimer teórico y político, promueven soluciones fáciles para el caos social actual.

A nadie se le ocurre que, tal y como lo presenta la publicidad, si usa tal loción para caballero o tal perfume para dama se verá instantáneamente en Francia, al pie de la Torre Eiffel, o en los bares del Londres de arriba.

Pero, al igual que los productos milagros que prometen bajar de peso sin hacer ejercicio y atascándose de comida, y hay personas que lo creen, también hay quien cree que se puede tener libertad, justicia y democracia con sólo tachar una boleta a favor de la permanencia del Partido Acción Nacional, del arribo del Partido de la Revolución Democrática o del regreso del Partido Revolucionario Institucional.

Cuando esta gente sentencia que sólo hay una opción, la vía electoral o la vía armada, no sólo demuestra su falta de imaginación y de conocimiento de la historia nacional y mundial. También, y sobre todo, vuelve a tejer la trampa que sirvió de argumento para la intolerancia y la exigencia de una unanimidad fascista y retrógrada para uno u otro lado del espectro político.

“Brillante” análisis éste que se plantea la urgencia de definiciones… frente a las opciones que imponen los de arriba.

Pero de las falsas opciones alerta muy bien Gustavo Esteva en su texto, y creo que da para un tema especial de este intercambio a la distancia.

En lugar de tratar de imponer sus endebles axiomas, podrían optar por debatir, por argumentar, por tratar de convencer. Pero no. Se trató y se trata de imponer.

Creo sinceramente que no les interesa debatir en serio. Y no sólo porque no tienen argumentos de peso (hasta ahora todo es un listado de buenas intenciones e ingenuidades que rayan en lo patético, donde el Partido Acción Nacional demuestra que el “modo Fox” no es un caso aislado sino toda una escuela de dirigentes en ese partido, donde el Partido Revolucionario Institucional predica el autismo frente a la historia propia, donde el vario pinto de la autodenominada izquierda institucional pretende convencer con consignas a falta de argumentos), sino porque no se trata de cambiar nada de fondo.

Es hasta cómico ver cómo se hacen malabares para encantar a las masas (sí, las desprecian pero las necesitan) y al mismo tiempo cortejar sin rubor al poder económico.

De lo que se trata, para ellos, es precisamente de maniobrar en el estrecho margen de los escombros del Estado Nacional en México para tratar de exorcizar una crisis que, cuando reviente, habrá de barrer también con ellos, es decir, con la clase política en su conjunto. En suma: para ellos es una cuestión de supervivencia individual.

La vocación de soplones, delatores y gendarmes le sienta bien a esta chatarra teórica que alentó la histeria intelectual y artística, primero en contra del movimiento estudiantil de 1999-2000 y su Consejo General de Huelga, y después contra todo lo que no aceptara las directivas de esta gavilla de policías del pensamiento y la acción.

Se trata de establecer una diferenciación que es más bien un exorcismo: están ellos, los bien portados, es decir, los civilizados, y están los otros, los bárbaros.

En su endeble tinglado teórico están, por un lado (y arriba), l@s individu@s brillantes, sapientes, mesurados, prudentes; y por el otro lado (y abajo) está la masa oscura, ignorante, arrebatada y provocadora.

Del lado de allá: los prudentes y maduros usurpadores de la representatividad de las mayorías.

Del lado de acá: las minorías violentas representándose sólo a ellas mismas.

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Pero supongamos que les interesa debatir y convencer.

Discutamos, por ejemplo, las reales consecuencia del proyecto transexenal de Acción Nacional de cambiar una conocida estrofa del Himno Nacional mexicano y en su lugar poner “Piensa, ¡Oh Patria Querida!, que el cielo una víctima colateral en cada hijo te dio” y frente al cual ninguno de los otros partidos ha planteado una alternativa puntual y firme.

O las supuestas bondades del regreso del Revolucionario Institucional y el consecuente refrendo de toda una cultura de corrupción y crimen que empapó al conjunto de la clase política de México.

O las posibilidades reales del proyecto de dar marcha atrás a la rueda de la historia y volver al Estado Benefactor que es la propuesta de la aún endeble coalición de oposición.

Todos, además de detestar la reflexión teórica (claro, la que no sea una púber autocomplacencia), se plantean un imposible: mantener, rescatar o regenerar los escombros de un Estado Nacional que dio a luz y acuerpó al sistema de partidos de Estado. Ése que encontró en el Partido Revolucionario Institucional su mejor espejo y frente al cual toda la clase política de arriba hoy se esmera en acicalarse.

¿O no se han dado cuenta de hasta qué punto están destruidas las bases de ese Estado? ¿Cómo mantener, rescatar o renovar un cadáver? Y aún así, hace tiempo que la clase política y analistas que la acompañan se esmeran en vano en embalsamar las ruinas.

Pero se entiende, la ignorancia no es condenable. Claro, a menos que se vista de sabiduría.

No es posible, decimos nosotros, plantearse cualquier tipo de solución al desastre del Estado Nacional sin tocar al sistema responsable de esa ruina y de la pesadilla que puebla todo el país.

Hay soluciones, decimos nosotros, pero sólo pueden nacer de abajo, de una propuesta radical que no espera a un consejo de sabios para legitimarse, sino que ya se vive, es decir, se lucha en varios rincones de nuestro país. Y que es, por tanto, no una propuesta unánime en su forma, en su modo, en su calendario, en su geografía. Es decir, es plural, incluyente, participativa. Nada que ver con las unanimidades que pretenden ser impuestas por azules, amarillos, rojos, verdes, rosas, y comparsas que los acompañan.

Pero nosotros reconocemos que podemos estar equivocados. Que puede ser, es un supositorio, que la destrucción perpetrada aún deje un margen de maniobra para rehacer desde arriba el tejido social.

Pero en lugar de alentar un debate serio y profundo, se nos pide que volvamos a callar y, otra vez, se nos impele de nuevo a apoyar a nuestros perseguidores, a quienes, por ejemplo, dan cobijo con sus palabras o su silencio a personas como Juan José Sabines Guerrero, quien desde el gobierno de Chiapas persigue y reprime a los que no se unen al falso coro de loas a sus mentiras hechas gobierno, a quien persigue a los defensores de los derechos humanos en la Costa y Altos de Chiapas y a los indígenas de San Sebastián Bachajón que se niegan a prostituir su tierra, a quien alienta la acción de grupos paramilitares en contra de las comunidades indígenas zapatistas.

Porque quienes realmente conocen lo que se está haciendo y deshaciendo en Chiapas y no temen, han renombrado el lema de Sabines y ahora lo llaman “Deshechos, no palabras”. Sabines Guerrero es lo que mejor representa a la putrefacta clase política mexicana: tiene el apoyo del PAN, del PRI, del PRD y del movimiento de AMLO; es generoso con los medios para que digan lo que conviene y callen lo que no le conviene; mantiene una apariencia que a nadie le parece importar que sea eso, una apariencia presta a hacerse añicos en cualquier momento; y gobierna como si del aplicado capataz de una hacienda porfirista se tratara.

Y todavía se nos exige “hacerle aportes críticos constructivos” a un movimiento dirigido y conducido para repetir la misma historia, con otros nombres, de opresión.

¿Cuándo van a entender que existen individuos, grupos, colectivos, organizaciones, movimientos, a quienes no nos interesa cambiar lo que está arriba ni renovar (es decir, reciclar) una clase política que no es más que un parásito?

Nosotros no queremos cambiar de tiranos, de dueños, de amos o de salvadores supremos, sino no tener ninguno.

Pero en fin, si algo hay que agradecer a lo ocurrido allá arriba, es que ha develado una vez más la pobreza teórica y la evidente debilidad estratégica de quienes se proponían y proponen mantener, relevar o reciclar a los de arriba para exorcizar la rebelión de los de abajo.

Creo sinceramente que una reflexión crítica profunda debiera tratar de apartar la mirada del hipnótico carrusel de la clase política y ver otras realidades.

¿Qué tienen qué perder? En todo caso, tendrán más argumentos para autoerigirse en “la única alternativa posible”. Después de todo, l@s otr@s son taaan pequeñ@s y (¡uff!) taaan radicales.

Aunque tal vez alcancen a ver…

Que el heroico esfuerzo de colectivos anarquistas y libertarios por sustraerse de la lógica del mercado capitalista es efecto y causa de un pensamiento radical. Y que el futuro tiene su apuesta principal en los pensamientos radicales. Así que bien harían en ver con respeto ese variopinto modo de tener identidad propia: los piercings, tatuajes, estoperoles, las greñas multicolores y demás parafernalia que tanto les repulsa.

O la lucha de organizaciones sociales de izquierda independiente, que optan por organizar choferes, mini-micro-nano comerciantes y colonas (lo que sea de cada quien, las hembras también ahí son mayoría), en lugar de organizar automovilistas, cámaras de comercio y asociaciones vecinales VIP, y que pueden dar cuenta de cambios importantes en sus condiciones de vida. Y no por la vía del asistencialismo electoral disfrazado de gestoría, sino por la organización del colectivo con proyectos inmediatos, mediatos y de largo plazo. Por algo es que se mantienen independientes y así resisten.

O la legendaria resistencia de los pueblos originarios. Si alguien sabe de dolor y lucha, son ellos.

O la digna rabia de las madres y padres de asesinad@s, desaparecid@s, pres@s. Porque bien harían en recordar que en este país no pasa nada… hasta que las mujeres deciden que pase.

O la indignación cotidiana de obrer@s, emplead@s, campesin@s, indígenas, joven@s frente al cinismo de los políticos sin distinción de color.

O la empecinada lucha de l@s trabajador@s del Sindicato Mexicano de Electricistas a pesar de, ellos sí, tener en contra una gigantesca campaña mediática, represión, cárcel y amenazas y hostigamientos.

O la persistente lucha por la libertad a l@s pres@s polític@s y la presentación con vida de los desaparecidos.

¿O no? ¿La democracia que quieren ellos no es sino una amnesia administrada a conveniencia? ¿Se escoge qué ver y así se elige qué olvidar?

III.- ¿EL INDIVIDUO CONTRA EL COLECTIVO?

En su misiva, Don Luis, toca usted el tema del individuo y del colectivo. Una añeja discusión de arriba los contrapone y ha usado eso para hacer la apología de un sistema, el capitalista, frente a las alternativas que surgen frente a él como resistencia.

El colectivo, se nos dice, borra la individualidad, la subyuga. Y entonces, en un salto teórico ramplón, se pasa a cantar alabanzas al sistema donde, se repite, cualquier individuo puede llegar a ser lo que sea, bueno o malo, porque existe la garantía de libertad.

Se me ocurre que esto de la “libertad” es algo sobre lo que habría que bordar más a fondo, pero tal vez sea en otra ocasión, por ahora volvamos al individuo… o individua, según el caso o cosa.

El sistema canta loas al individuo de arriba o al de abajo.

Al de arriba porque el resaltar su individualidad buena o mala, eficiente o deficiente, brillante u oscura, escamotea la responsabilidad de una forma de organización de la sociedad. Así tenemos que hay individuos gobernantes malos… o más malos (perdón, no encontré ninguno que me permitiera poner “o buenos”), individuos de poder económico ídem, etcétera.

Si el individuo de arriba es perverso, torpe, cruel y terco (lo sé, parece que estoy dando la media filiación de Felipe Calderón Hinojosa), entonces lo que se tiene que hacer es quitar a ese individuo malo y poner en su lugar a un individuo bueno. Y si no hay individuos buenos, pues entonces al menos malo (lo sé, parece que estoy repitiendo una consigna electoral de hace 5 años y pronta a reciclarse).

El sistema, es decir, la forma de organización social, queda intacto. O sujeto a las variaciones permisibles. Es decir, se pueden hacer algunos cambios, pero sin que cambie lo fundamental, a saber: hay unos pocos que están arriba, unos muchos que están abajo, y los que están arriba lo están a costa de los que están abajo.

Y al individuo de abajo se le aplaude y se le admira porque la rebeldía individual no es capaz de poner en serio peligro el funcionamiento de esa forma de organización social. O se le ridiculiza y ataca porque el individuo es vulnerable.

Permítaseme entonces una arbitrariedad retórica: digamos que los anhelos fundamentales de todo ser humano son: vida, libertad, verdad. Y que tal vez se puede hablar de una graduación: mejor vida, más libertad, mayor conocimiento.

¿Es posible que el individuo pueda alcanzar a plenitud estas aspiraciones y sus respectivas gradaciones en un colectivo? Nosotros creemos que sí. En todo caso, estamos seguros de que no puede alcanzarlas sin el colectivo.

“¿En dónde, con quién, contra qué?”. Éstas, decimos nosotros, son las preguntas cuya respuesta define el lugar del individuo y del colectivo en una sociedad, en un calendario y una geografía precisos.

Y no sólo. También definen la pertinencia de la reflexión crítica.

Antes dije que estas reflexiones colectivas no pretenden alcanzar la verdad general, pero sí tratan de alejarse de la mentira unánime que desde arriba se nos trata de imponer.

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Y sólo unas palabras sobre esfuerzos que ahora parecen de individuos solitarios.

A quienes critican las distintas iniciativas que, aún dispersas, surgen del dolor social, habría que recordarles que, al juzgar y condenar a quien hace algo, están absolviendo a quien nada hace.

Porque acabar con la arbitrariedad, desorganizar la confusión, parar la guerra, son tareas colectivas.

IV.- LO QUE VA A PASAR.

El mundo como ahora lo conocemos será destruido. Desconcertados y maltrechos, nada podrán responder a sus cercanos cuando les pregunten “¿Por qué?”

Primero serán movilizaciones espontáneas, violentas y fugaces. Luego un reflujo que les permitirá respirar tranquilos (“¡uf! ya pasó, mi buen”). Pero después vendrán nuevos levantamientos, pero organizados porque participarán colectivos con identidad.

Entonces verán que los puentes que destruyeron, creyendo que habían sido erigidos para ayudar a los bárbaros, no sólo serán imposibles de reconstruir, también se darán cuenta de que esos puentes eran para ser ayudados.

Y dirán ell@s que vendrá una época de oscurantismo, pero no será sino simple rencor porque la luz que pretendían detentar y administrar no servirá absolutamente para nada a esos colectivos que se hicieron de su propia luz, y con ella y en ella andan y andarán.

El mundo ya no será el mismo mundo. Ni siquiera será mejor. Pero se habrá dado una nueva oportunidad de ser el lugar donde la paz sea posible de construir con trabajo y dignidad, y no un continuo ir contra corriente en medio de una pesadilla sin fin.

Entonces, puesto que poesía, en una pinta sobre un muro derruido se leerán estas palabras de Bertold Brecht:

Vosotros, que surgiréis del marasmo en el que nosotros nos hemos hundido, cuando habléis de vuestras debilidades, pensad también en los tiempos sombríos de los que os habéis escapado. Cambiábamos de país como de zapatos a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella. Y sin embargo, sabíamos que también el odio contra la bajeza desfigura la cara. También la ira contra la injusticia pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros, que queríamos preparar el camino para la amabilidad no pudimos ser amables. Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos en que el hombre sea amigo del hombre, pensad en nosotros con indulgencia.

Vale Don Luis. Salud y que la inmovilidad no triunfe de nuevo.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Abril del 2011.

P.D.- Ya para terminar esta misiva, otra vez la muerte llegó con su imprevisto paso a un camino compañero. Felipe Toussaint Loera, un cristiano de esos que creen en la necesidad de la justicia terrenal, se fue una tarde de este caluroso abril. De Felipe y de otr@s como él son de quienes hablábamos en textos recientes. Él fue y es parte de esa generación de hombres y mujeres que han estado del lado de los indígenas cuando no estaban aún de moda y también cuando dejaron de estarlo. Lo recuerdo en una de las reuniones preparatorias de La Otra Campaña, en el 2005, ratificando su empeño en inscribir su historia individual en la historia de un colectivo renaciendo una y otra vez. Saludemos su vida, porque en ella, a las preguntas “¿dónde?, ¿con quién?, ¿contra qué?” Felipe se respondió: “abajo, con los indígenas que luchan, contra el sistema que los explota, los despoja, los reprime y los desprecia”. Todas las muertes de abajo duelen, pero hay unas que duelen más cerca. La de Felipe es como si algo muy nuestro nos faltara.