Cantopolítico: junio 2010

El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, ni participa. No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.

lunes, junio 28, 2010

Humberto Maturana: “Las emociones son el fundamento de todo hacer”


Entrevista a Humberto Maturana.

Por César Pincheira.


En los setenta revolucionó a la ciencia con su concepto de autopoiesis. Luego remeció a los más tradicionales con su objetividad entre paréntesis. Y más tarde planteó que todo argumento racional se funda en premisas no racionales aceptadas desde la emoción. Humberto Maturana, el hombre detrás de estas afirmaciones, fue invitado al ciclo Diálogos Creativos el 4 de mayo, y fue entrevistado por el periodista César Pincheira.

Humberto Maturana es Doctor en Biología de la Universidad de Harvard. Obtuvo el Premio Nacional de Ciencias en 1994 por su destacado aporte a la biología del conocimiento.

Además, es autor de diversos libros como De Máquinas y seres vivos, El árbol del conocimiento -ambos en colaboración con Francisco Varela- y Amor y juego, entre otros.

“Tápense el ojo izquierdo y miren con el derecho la cruz que está al medio. Luego muevan el papel y el punto negro desaparecerá”. Así comenzó Maturana la conversación con la gran cantidad de asistentes que se reunieron en el Hall del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA). Los ejemplos, y las láminas didácticas permitieron explicar en forma distendida sus planteamientos sobre conocer, la razón, los seres vivos y el amor.

- ¿Podría explicarnos su afirmación de que los seres humanos estamos imposibilitados para distinguir entre ilusión y percepción?

Si me toco la punta de la nariz con los dedos cruzados, se sienten dos puntitas. Pero si me veo en el espejo… ¿A quién le creo? ¿Al espejo o al tacto? Los seres vivos vivimos lo que vivimos como válido en el momento de vivirlo. La ilusión es una experiencia que uno vive como válida en el momento de vivirla e inválida desde otra experiencia que uno acepta. Al creerle al espejo, digo “esto es una ilusión” (porque veo una puntita, acepto lo que me muestra el espejo).

Con la percepción es lo mismo. La percepción y la ilusión son experiencias. La primera se valida con otra, y la segunda se invalida con otra.

En la experiencia misma no tenemos cómo distinguir entre ilusión y percepción.

- ¿Cómo diferencia el error y la mentira?

Supongamos que un niño dice algo, y un adulto le dice “eso no es así, estás mintiendo”. Pero el niño insiste diciendo “yo lo vi” ¿Qué le pasa al niño? El niño no está mintiendo, puede haberse equivocado, pero no mintió. Uno no sabe que está cometiendo un error cuando dice lo que dice. Cuando digo “me equivoqué” nace el error. La disculpa por el error pide al otro reconocimiento de honestidad. En cambio la mentira, uno sabe que está mintiendo. En el error no me equivoco porque quiero equivocarme… Si castigamos el error, invitamos a mentir. Asi que por favor cuando alguien se equivoque y diga “disculpe, me equivoqué”, felicítenlo.

- ¿A qué se refiere con plantear a la cultura como red de conversación?

En esto aparece el tema del lenguaje. Usualmente uno piensa que el lenguaje es un sistema de comunicación sobre la realidad, sobre lo que existe allí. Una comunicación simbólica. Que el lenguaje nos permite hablar de lo que hay. Pero el lenguaje no puede ser eso porque no tenemos cómo hablar de aquello independiente de nosotros porque no sabemos, y esto no es una limitación. Uno descubre que con el lenguaje uno coordina sus conductas. Por ejemplo: salgo a la calle y quiero tomar un taxi, en una avenida de doble vía, pero todos vienen ocupados. Sin embargo al otro lado están desocupados, ¿qué hace uno? Quizás uno puede cruzar la calle, pero no se puede porque hay barreras, entonces uno ve que viene al otro lado un taxi desocupado. De repente se encuentra la mirada con el taxista y lo detengo con un gesto. Seguramente dará la vuelta y vendrá hacia acá. Pero si justo viene en mi dirección otro y lo tomo, el anterior taxista se molestará.

Lo que ha pasado con estos gestos -y que lo expresamos en el discurso-, es una operación mínima en el lenguaje. El lenguajear consiste en un fluir en el convivir en coordinaciones de coordinaciones de haceres. Lo coordinamos de tal manera que surge en la convivencia, en una manera consensual. ¿Qué quiere decir que uno entiende al otro? Que coordina las coordinaciones de haceres. Conversar es un fluir en coordinaciones de haceres y emociones.

Las culturas, las comunidades que constituyen una cultura, forman un espacio común, fundamental, de coordinaciones de coordinaciones de haceres y emociones, que es cerrado, que uno lo aprende cuando se incorpora y es miembro de la cultura y si no lo aprende no es miembro de la cultura. Las culturas son redes cerradas de conversaciones que uno aprende haciéndose miembro de ella, ya sea en la infancia o en algún otro momento.

- Usted plantea que el amor es la emoción que nos constituye como seres humanos ¿Cómo incide esta emoción en el surgimiento del lenguaje?

Yo me encontré con el tema del amor justamente en el tratar de entender cómo tiene que haber sido al comienzo, porque lo interesante es que el lenguaje comienza en un espacio en que no debe haber existido el lenguaje. Uno ve que toda la historia de la transformación del sistema nervioso tiene que ver con la convivencia, con el hacer cosas juntos. Entonces, lo que me di cuenta es que si es cierto que el lenguajear son coordinaciones de coordinaciones de haceres, para que eso pase hay que permanecer juntos. Y para estar juntos hay que disfrutar el estar juntos. La emoción que hace posible el origen del lenguaje es la que constituye la cercanía, ella es el amar. El amar tiene que ver con el ver, con el oír, con el estar presente.

- ¿Cómo podemos hacerle entender a la ciencia que el amor también es un camino para comprender?

Una persona es amorosa cuando se conduce de modo tal que a través de lo que él o ella hace el otro surge en su legitimidad en la convivencia con él o ella. Eso ocurre cuando no hay prejuicios, expectativas, exigencias en la relación. El otro tiene presencia, cuando es legítima su presencia, no se tiene que disculpar por ser. Si yo no respeto nunca lo voy a comprender…

El acto de la reflexión -la ciencia por ejemplo- requiere amar. Requiere este acto de moverse en las circunstancias, sin prejuicios, expectativas o exigencias. En el proceso de entender se requiere una cierta actitud para entender. Pero en el mundo actual aparece la competencia, la ambición, y allí surge esa negación aparente del amar.

Las emociones son el fundamento de todo hacer. Nunca se pueden separar. La comprensión no se da en la argumentación racional, si no en que yo acepte esa argumentación racional como válida, y eso depende de la emoción.

miércoles, junio 16, 2010

Martha Harnecker: “El socialismo del siglo XXI no debe ser calco ni copia, sino creación heroica”

La sociedad que queremos construir es aquella que satisfaga el pleno desarrollo humano, que cada uno se desarrolle según sus capacidades y que es en la transformación, en la práctica de la trasformación de las circunstancias, cómo la gente se va transformando a sí misma, va desarrollándose, va venciendo la cultura heredada; porque tenemos que ser realistas y saber que venimos de una cultura individualista, clientelar, consumista, y que eso no se supera por decreto ni por decisión de una vanguardia que dice “vamos a hacer el socialismo”, es un proceso de transformación y la gente se transforma fundamentalmente actuando en solidaridad, en comunidad. (Martha Harnecker)

Entrevista a Martha Harnecker.

LibreRed.net, 10 de Junio de 2010.

Por Laura López Auza.

Los procesos que vivimos en América Latina no pueden medirse sólo con la estadística económica”. “Uno no puede lanzar al Ejército a destruir a la oposición, tiene que ganar en las urnas”. El socialismo soviético fue derrotado, era el socialismo del siglo XX y cayó en muchas deformaciones”.

El entrecomillado de arriba es de las palabras de la teórica marxista-leninista y socióloga chilena Martha Harnecker, que se apoya en la frase del desaparecido político socialista peruano José Carlos Mariátegui.

Esta pensadora, hoy asesora del Gobierno venezolano de Hugo Chávez, estuvo hace unos meses en suelo boliviano y habla en esta entrevista del horizonte socialista en países de la región latinoamericana y caribeña; hace hincapié en Bolivia, analiza las causas del impacto continental del liderazgo del presidente boliviano, Evo Morales Ayma, y brinda algunas pinceladas sobre las premisas que sustentan al denominado socialismo del siglo XXI.

¿Usted percibe que Bolivia está transitando hacia un modelo socialista?

Estamos empezando a caminar hacia su horizonte, como dice el vicepresidente Álvaro García Linera, y mucha gente ha conocido las cosas negativas del socialismo porque ha sido satanizado por la oposición, y han habido muchos errores; entonces, es importante distanciarse de esa experiencia práctica que tuvo muchas limitaciones y no es la que nosotros queremos copiar, sino que tenemos que construir una alternativa que tiene que ser muy adaptada a cada realidad nacional. No se trata de copiar esquemas, ¿no?, ni Cuba ni Venezuela, ningún esquema; y en base a ello, este socialismo del siglo XXI toma las palabras de (José Carlos) Mariátegui, una experiencia que no sea ni calco ni copia, sino creación heroica.

¿Qué países están inmersos en la región latinoamericana en este proceso socialista?

Bueno, hay clasificaciones que han hecho varios analistas que dicen que en nuestro subcontinente, como le llamo yo, que no solamente implica América Latina, sino también el Caribe, hay gobiernos que continúan con las políticas neoliberales. Los más conocidos son el de Perú, Colombia, México y ahora probablemente Chile; y dentro del resto ha habido un avance muy grande de las fuerzas progresistas y de izquierda, todos estos otros gobiernos han triunfado con banderas antineoliberales apoyados por los pueblos que ya conocen lo que es la experiencia del capitalismo neoliberal, el aumento de la pobreza, la distancia entre ricos y pobres, el desmantelamiento de las industrias nacionales, el ataque a la naturaleza.

Entonces los pueblos empezaron a reaccionar, primero a resistir, en muchos casos salieron gobiernos por la presión popular, pero durante un tiempo no había alternativa, hasta que se empezó a comprender que había que apoyar a candidatos que se planteaban un programa alternativo al capitalismo neoliberal, y así triunfan gobiernos que son muy diferentes. Dentro de estos gobiernos hay algunos que ya han empezado a romper con el el modelo económico neoliberal, empezando con Venezuela.

Todos estos gobiernos coinciden en la necesidad de plantear una alternativa al capitalismo neoliberal, fundamentalmente a la lógica de lucro, al individualismo, al consumismo, y le han puesto distintos nombres. El presidente venezolano Hugo Chávez fue el primero en hablar de socialismo y le puso muy rápidamente una calificación: socialismo del siglo XXI, porque el socialismo que se ha conocido como experiencia en el mundo, especialmente el socialismo soviético, fue derrotado, (era) el socialismo del siglo XX, y cayó en muchas deformaciones.

Por eso no es una fuente de inspiración para el socialismo del siglo XXI. Se critica el estatismo, además que ha sido satanizado por la oposición; bueno, la propia izquierda no se identifica ni con el estatismo ni con la falta de democracia, ni con la planificación burocrática ni con el colectivismo, ni con el ateísmo, ni con el partido único en la manera en que se practicó en ese momento. Entonces por qué hablar de socialismo cuando hay tanta carga negativa, y ahí yo creo que el presidente Chávez consideró que los valores socialistas, que son muy antiguos —desde los profetas y Jesucristo—, las tradiciones de las comunidades indígenas de nuestros países, los valores solidarios, los humanistas, el respeto a la naturaleza, había que rescatarlos, era cuestión de diferenciar el socialismo que queremos construir del anterior.

Coincido con Álvaro García Linera cuando él dice: “El horizonte al que vamos es el socialismo, pero podemos llamarlo comunitarismo, podemos llamarlo vivir bien”. Los ecuatorianos discutían si ponerle (de nombre) “sociedad de la plenitud”. Porque el objetivo que (Karl) Marx planteó, y es bien poco conocido, de la sociedad alternativa al capitalismo, se conoce más el de los trabajadores libremente asociados, pero no se conoce tanto aquel párrafo en que él insiste en que la sociedad que queremos construir es aquella que satisfaga el pleno desarrollo humano, que cada uno se desarrolle según sus capacidades y que es en la transformación, en la práctica de la trasformación de las circunstancias, cómo la gente se va transformando a sí misma, va desarrollándose, va venciendo la cultura heredada; porque tenemos que ser realistas y saber que venimos de una cultura individualista, clientelar, consumista, y que eso no se supera por decreto ni por decisión de una vanguardia que dice “vamos a hacer el socialismo”, es un proceso de transformación y la gente se transforma fundamentalmente actuando en solidaridad, en comunidad.

¿Cuál es su apreciación sobre la proyección política futura de Bolivia?

Soy muy optimista, porque vine hace un año y medio y la situación era muy diferente. Yo creo que ha habido una gran capacidad, una estrategia muy correcta para ir acumulando fuerza dentro de estos procesos de tránsito pacífico que son tan complejos, porque uno no puede lanzar al Ejército a destruir a la oposición, tiene que hacer procesos electorales, ganar en las urnas. Aquí en Bolivia, ¿por qué el pueblo ha apoyado electoralmente?, porque se está viendo la transformación, se está viendo la diferencia entre los anteriores gobiernos y éste, se está viendo la intención clara de este gobierno por favorecer a los sectores más pobres.

Preguntaba cómo se tomaban la decisiones en el gabinete, entonces el Vicepresidente me contaba que siempre que había discusiones, la pregunta era: “¿Esta medida, o este programa, o este proyecto, favorece a los sectores más pobres?”. Porque otros gobiernos pensaban: “Tenemos el apoyo de Estados Unidos, vamos a conseguir dinero de tal transnacional” Aquí el criterio ha sido ése, y creo que la gente lo siente, y no sólo la gente más pobre, sino las capas medias, la mayor parte de productoras que han sido favorecidas con créditos, con estímulos, con la compra de sus productos asegurándoles, digamos, su ciclo económico.

Entonces, yo estoy optimista, pienso que hay todavía mucho que recorrer, por supuesto. Cuando me cuenta el Ministro de Minería (José Pimentel), por ejemplo, la situación en que encontró todo el proceso minero, es muy complicado, es muy complejo, y el pueblo y los sectores trabajadores están inmersos también en la cultura anterior. Entonces uno tiene que producir un proceso de transformación cultural en todos los planos, y es un proceso lento. Y vienen los gobiernos populares, pueden haber muchas reivindicaciones economicistas de sectores de la sociedad que ahora dicen: “¡Ah!, ahora somos gobierno, ahora tienen que resolvernos los problemas”. Y no se dan cuenta de que los problemas no se pueden resolver todos al mismo tiempo; hay que ir estableciendo prioridades, hay que ir avanzando lentamente.

¿Cuál es el impacto latinoamericano de la asunción presidencial de Evo Morales?

No, (un impacto) a nivel mundial. Creo que realmente es un dirigente que ha llamado la atención, primero, porque no se pensaba que un indígena podía llegar al gobierno; luego por las posiciones que ha tenido, porque no se trata de un indígena porque es indígena, sino las posiciones que ha tenido dentro de Naciones Unidas, ahora en la Cumbre Climática. Otra es la propuesta de la Gran Cumbre Climática que van a realizar en abril en Cochabamba.

Es impresionante cómo un dirigente indígena que yo conocí entre 1987 y 1988 en unas reuniones que había en Argentina, cuando él era entonces dirigente cocalero, muy tímido, hoy es el símbolo, diría yo, de la lucha por respetar la naturaleza en el mundo, que es un tema central, porque la crisis del capitalismo actual es crisis ecológica también, y todo el mundo constata lo que está pasando. Entonces, yo me imagino que ustedes los bolivianos deberían estar orgullosos de tener un presidente que no sólo es Presidente de Bolivia, podríamos decir que es el presidente de la lucha por el respeto a la naturaleza en el mundo.

Estuve en Vietnam, en Europa, en Canadá y en otros países de América Latina, y hay un gran respeto (por Bolivia). Creo que nos contaban los compañeros bolivianos que cuando uno viajaba antes se encontraba con bolivianos, en los países que han tenido que emigrar por razones económicas, muy apocados, y ahora se sienten confiados, dignificados. Por eso es que digo que estos procesos que estamos viviendo en América Latina no pueden medirse sólo con la estadística económica, creo que lo más grande que nuestros gobiernos han producido es la “dignificación de nuestros pueblos”.

Creo que hay una cosa muy positiva en Evo, y que no viene sólo de ahora que es Presidente, sino que —a mí me tocó encontrarme con Evo en el aeropuerto de La Guaira cuando veníamos un grupo de venezolanos con el presidente Chávez, Chafic Handel, de El Salvador— y cuál fue el tema que yo tengo grabado: la preocupación por la corrupción. O sea, eso de bajarse los salarios, de tener serias medidas para impedir la corrupción, que es un cáncer que también ataca a nuestros propios cuadros ¿no? Es muy severo en eso, yo creo que eso le da confianza al pueblo, me parece que es muy importante, y además ha sido una de las banderas que ha llevado a la presidencia a muchos candidatos, porque la gente está harta de corrupción.

martes, junio 15, 2010

Veinte Años de Violencia y Control Social en Chile


El artículo que le faltó al “ciudadano”.

Por Ariel Zúñiga Nuñez


En el periódico “El Ciudadano” del mes de marzo se realizó un balance, en diversos tópicos y por diferentes especialistas, de los veinte años de la concertación. Se trata de un trabajo multidimensional en que cada artículo es una síntesis. Abarca casi la totalidad de la obra de la concertación, por lo que las omisiones son comprensibles en atención a la concisión propia de un medio periodístico.

No obstante, pienso, que la omisión de un balance de las políticas de “justicia”, “seguridad pública”, “seguridad ciudadana”, sistema carcelario, control social formal e informal, o de un modo más preciso y general al mismo tiempo, violencia y control social, ejemplifica de un modo cabal cómo la intelectualidad de izquierda criolla se ha relacionado con esta vital materia.

Al mismo tiempo en que los pobres, que la izquierda dice representar genuinamente, son los únicos golpeados por los sistemas represivos “democráticos”, y que los grupos antisistémicos al proliferar y hacerse fuertes pronto son castigados con un sucedáneo de ese control “legítimo”, normalmente los autores críticos han callado y se han restado de la discusión política, en especial de la técnico jurídica, dejando este asunto a merced de quienes poseen interés en la represión, es decir, aquellos que las policías custodian sus inveterados intereses, los dueños del país, los dueños de los uniformados.

Sin una teoría, a veces sin un discurso propio, la izquierda en este tópico reitera lugares comunes de la crítica liberal que prolifera al alero de las escuelas de derecho en donde se forman los abogados corporativos, o se descalifican, por ejemplo, las propuestas de paz ciudadana, o libertad y desarrollo sin comprender en lo más mínimo qué es lo que está en juego. Para ahorrarse tiempo frente al computador concluyen apresuradamente que todo lo que ocurre en Chile es producto de la profundización del “modelo neoliberal”, lo que en último caso, si se trata de un pensador de prestigio, contendrá una frase de Naomi Klein para vestir de seriedad a esta neo entelequia.

A contrapelo de los analistas de “el ciudadano”, que ven en cada materia una responsabilidad exclusiva de la elite dominante, pienso que el estado calamitoso en que se encuentra esta faceta del Estado para la izquierda es en gran medida adjudicable a nuestra incapacidad de construir una teoría que permita apropiarse de la acción política de la derecha y prefigurarla desde dentro, es decir, disputar también en su campo de modo de neutralizarla. Es decir, actuar como la derecha lo ha hecho con la izquierda, apropiándose de sus palabras y del poder de sus símbolos, no como una tarea única sino como parte de una acción multidimensional destinada, al mismo tiempo, construir poder, contener el del adversario y neutralizar al enemigo.

La izquierda se ha dedicado a sus “propios asuntos”, esa es la razón por la que en “el ciudadano” la “justicia” es solamente las violaciones a los DDHH de la dictadura y su impunidad, y los actos más aberrantes de represión en democracia. El silencio respecto a cómo el nuevo sistema procesal penal ha producido una justicia de clases aún más desenfadada que la que denunciaba Eduardo Novoa Monrreal en 1971, nos hace cómplices de lo sucedido. La izquierda dice no poseer velas en este entierro lo que da para pensar que quizá comparta la doctrina Chahuán, Harboe, Rosende o Ubilla, y que firmará “en blanco” sus propuestas siempre y cuando se deje a los mapuche y okupas en paz. Los “delincuentes” son enemigos de todo ciudadano “decente”, sea de izquierda o de derecha.

Lo que no comprenden es que el modo en que los gobiernos reprimen a la disidencia política es una réplica del que se usa en contra de la criminalidad común, es más, el aumento de la represión política del estado chileno en la última década se explica por sí mismo por el cambio en el sistema de persecución contra los lanzas, microtraficantes o monrreros.

Tales reformas fueron pensadas por la derecha dura a principios de los noventa pero fueron, finalmente, los anónimos académicos liberales de las escuelas de derecho, quienes finalmente aprovecharon la coyuntura y se anticiparon, redactando un código de procedimiento penal tan respetuoso de las garantías procesales como antipopular. Si hoy realizáramos una asamblea constituyente sin lugar a dudas las normas rectoras en materia de represión penal serían aún más duras que las actuales porque nuestra sociedad es profundamente autoritaria por lo que el nuevo proceso penal tuvo que ser impuesto, mediante el autoritarismo academicista, en provecho de una sociedad incapaz de valorar su aporte.

Y, desde luego, la izquierda en este punto actuó fiel al común autoritarismo de la sociedad, y a su endémica ceguera. Quizá el rol paradojal que habían ejercido durante los noventa los abogados de DDHH, que en vez que defender a las víctimas de la represión estaban dedicados a encarcelar a los victimarios, aquello que he denominado un uso “criminalizador de los DDHH”, los mantuvo ajenos, e incluso refractarios, a los principios del nuevo proceso restándose a las discusiones tanto en su “diseño” como en su “implementación”.

Sin embargo la derecha, marginada desde el comienzo del proceso por los anónimos, e ingenuos, académicos liberales, pronto comprendió su error y se incorporó a la reforma. Ya no detendría lo inevitable como en algún momento quiso sirviéndose para tal fin de los carabineros y del poder judicial, sino que intervendría la reforma desde dentro, haciéndola suya.

Es así como uno de los tantos histéricos detractores de la reforma procesal penal, Guillermo Piedrabuena Richards, se transformó en la autoridad más importante de su vigencia e implementación, el Fiscal Nacional. Su rol desde el comienzo, y sistemáticamente por ocho años, fue destruir cada uno de los principios liberales en que se fundaba el nuevo código dejando subsistente en la práctica tan sólo las normas que permiten que sea un sistema de represión más eficiente, pero no desde el utilitarismo de sus redactores sino que desde un autoritarismo patronal, un gremialismo propio de los mercaderes que nos gobiernan soterradamente en la concertación y explícitamente con Piñera.

Para los redactores del código importaba más que la “verdad procesal” la resolución de conflictos y por lo mismo en vez que perseguir a los delincuentes de poca monta se privilegiaría los casos graves. Hoy resulta que se persigue a los “pasturrientos” mientras que los delitos graves quedan en la impunidad mientras la televisión no les dé cobertura. Cuando esto último ocurre, el sistema inicia una captura de culpables “a la medida” con total prescindencia de los principios garantistas que inspiraron la reforma. El nuevo sistema es más “eficiente” que el anterior en cuanto a encarcelar personas, pero es altamente costoso y su “seguridad jurídica” es cuestionable. Un poco de rigor en el análisis nos debe llevar a concluir que el nuevo proceso penal en sus diez años de implementación está colapsado, cuesta decenas de veces más que el anterior, y ha fracasado en todos y cada uno de sus fines declarados.

Piedrabuena intervino la reforma y en vez que “cambiarlo todo para que nada cambiara”, a lo Aylwin, cambió todo para que cambiara el sistema de represión en beneficio de la elite dominante. En vez que contener las trasformaciones, al más puro estilo “reaccionario”, se imbricó en el cambio, lo comandó, y navegó el buque de la reforma a un puerto aún más seguro para los patrones. Para que su obra “revolucionaria” no quedara truncada se preocupó de instalar a Sabas Chaguán para que continuara su cometido.

Y la izquierda que se había restado en el diseño, e inclusive había “reaccionado”, tan histérica y majaderamente como la derecha más dura, al nuevo código, siguió abajo de la reforma durante toda su implementación sin una teoría, qué digo, sin siquiera un discurso que permitiese algún reparo ante la escandalosa refundación autoritaria del país. Aquí si que era imperioso un acuerdo con los “sectores más avanzados de la burguesía”, pues la academia liberal era quién había parido este engendro antes que lo adoptara el lado oscuro de la fuerza. La izquierda pudo fortalecer este mancillado bastión y tironear al bebé para que no lo arrebataran de las manos de sus padres biológicos, pero, incapaz de comprender el país en que vive, el mundo que lo circunda, y el ser humano que lo puebla, siguió dedicada en forma exclusiva y excluyente a asuntos de “mayor importancia”.

Las voces de la izquierda, cada vez más numerosas y estridentes, que denuncian el clima de violencia represiva, unilateral e insufrible, que padecemos, recién comenzaron a escucharse hace un par de años cuando el bebé “reforma procesal penal” ya había crecido y transformado en un monstruo que se alimenta de los más débiles y de todos quienes disienten.

Chile es tercer el país con más presos por habitante en toda América y el décimo en el mundo. El único estado que se dice democrático y está en esta nefasta nómina, a parte de Chile, es Estados Unidos.

Pero esta situación es apenas advertida debido a que la separación simbólica, impuesta desde arriba desenfadadamente, entre pobres “buenos” (honrados y trabajadores), y pobres “malos”, (mendigos, rotos, malentretenidos, flaites, etc), es transversal en la población y de ello no se libra ni la izquierda. Es más, gran parte de ella sigue atada a un discurso que refuerza tal ideología, la que incluso es más autoritaria que la misma empleada por los medios de derecha: La separación entre proletariado y lumpen proletariado. (A quién le quepan dudas que por favor lea lo que se escribió los días inmediatamente posteriores al terremoto, mientras la derecha pedía toque de queda y palos a mansalva algunos izquierdistas exigían hasta el “paredón” para aquellos que cometían actos de pillaje diversos al aprovisionamiento de productos básicos.)

Piñera se deleita con el festín que le ha servido la concertación, puede darse el lujo inclusive de darse por triunfador de la “guerra en contra de la delincuencia”. Sus declaraciones de hoy, posteriores al “día del joven combatiente”, son coherentes con esta hipótesis, defendida hace meses respecto de un eventual gobierno de la alianza por Chile y hace casi diez años en relación con el insostenible, comunicacionalmente hablando, fracaso de la “mano dura”. Cada cierto tiempo se debe decir que la “delincuencia” ha sido derrotada puesto que de lo contrario el gobierno se exhibiría como ineficiente. Pero, cuidado, eso no significa que se afloje la mano.

Así como se inventó mediáticamente, contra toda evidencia empírica, que la delincuencia había aumentado para justificar la represión en democracia, sólo basta, como dice Antonio Carlos Jobim, desinventarla.

Para ello se quiere apagar con agua, y no con bencina como lo hizo la concertación en los últimos años, el conflicto mapuche y todos los casos bomba-anarquistas: “los ocho del Salmón”, “Asel Luzarraga”, y las bombacicletas. Aunque se siga condenando a algunos por estos cargos, la prensa los exhibirá como situaciones aisladas, tal cual hoy se ha cubierto la conmemoración del día del joven combatiente. El objetivo es invisibilizarlos para demostrar la eficiencia de Piñera en estas materias tal cual la hiper represión de la concertación la mostraba impotente y superada por estos actos.

No faltará quien me diga que se trata de un delirio de mi parte pues los tribunales son independientes, el ministerio público es un órgano autónomo, la prensa es libre, y las policías ni siquiera dependen jerárquicamente del gobierno por las particularidades de la constitución Lagos-Pinochet. A quién lo haga lo invitaría a caminar un largo tour, por Pudahuel, la Legua, la Bandera, y Pedro Montt, donde están los juzgados del crimen, para que viera la vida “tal como es”.

domingo, junio 06, 2010

Aproximación al objeto social desde el devenir del Mundo Islámico y Árabe



Quisiera en este párrafo, añadir una reflexión propiamente personal, como descendiente de palestinos. Para mí es muy doloroso, no solamente la injusticia y el holocausto que se ha cometido sobre el pueblo palestino, sino también que sea el propio pueblo judío nuestro verdugo. De niños nos enseñaron que el racismo demencial, la matanza indiscriminada y la crueldad sobre el pueblo judío por el nazismo, era la mayor muestra de inhumanidad de los tiempos modernos. Y así lo sentimos. De alguna manera, la actitud inclaudicable de lucha contra la dictadura pinochetista en Chile, estuvo para muchos de nosotros, desde la izquierda, prefigurada por la lucha en contra del nazi-fascismo, nos sentíamos tan perseguidos y humillados como lo fue el pueblo judío y los pueblos europeos y nombramos al primer movimiento político social de lucha, la resistencia.

Sin embargo después de la Segunda Guerra Mundial, hemos visto, como este pueblo, de arquitectura esquizo-revolucionaria, desterritorializado y en fuga, se convirtió, bajo la dirección política del sionismo en un estado paranoico-fascista de soberanía central, que ha negado de manera permanente la posibilidad de la diversidad palestina y de su constitución como estado. Como lo ha dicho reiteradamente un gran amigo, parafraseando al mayor intelectual palestino, Edward Said, los palestinos de hoy, somos los judíos de ayer.

La misma contradicción que muestra Steiner, es la que realmente sentimos muchos no judíos y especialmente los palestinos de izquierda.

A continuación, las terribles y tristísimas palabras del filósofo:

Hoy viene a añadirse algo nuevo a este problema: la relación del judío-huésped en la Diáspora con respecto al sionismo imperante en el país de Israel. Aquí, yo me encuentro en un suelo martirizador. Israel es un absoluto milagro, un sueño llevado a la realidad de forma casi mágica, desde el mismo infierno. Hoy día es el único lugar seguro de refugio para los judíos, si de nuevo surgiese la catástrofe en cualquier lugar del mundo. ¡Y surgirá otra vez, eso es seguro! Es posible que Israel albergue un buen día a mis hijos y nietos. ¿Qué judío tiene derecho a albergar dudas frente al sionismo, incluso tristeza? Y sin embargo: a lo largo de más de dos mil años de persecución, de matanzas, del gueto y del escarnio, el judío no era capaz de humillar a otro ser humano, cuanto menos de torturarlo. En mi opinión, no había una mayor distinción, una aristocracia más orgullosa, que la de pertenecer al pueblo que no ha torturado. Casi desde mi niñez estaba yo orgulloso de ello, sentía una tal arrogancia: yo pertenezco a la raza más alta de todas, porque nosotros no torturamos. Nosotros somos los únicos. Nosotros no teníamos el poder para hacerlo. ¡Aleluya! (...) El que tortura –aunque sólo sea para sobrevivir- es algo mucho más bajo que un ser humano. Esto es para mí, y lo será siempre, un imperativo categórico.

Precisamente para sobrevivir en un entorno fanáticamente hostil, colmado de odio, tiene Israel, ahora también, que torturar y humillar a muchos vecinos, humillarlos de manera terrible. Tiene que hacerlo. ¿Es demasiado alto este precio? ¿Ha arrebatado Israel al pueblo judío sus ‘lettres de noblesse’ metafísico-morales, sus títulos de nobleza? Plantear aquí esta cuestión, y además en lengua alemana, es, probablemente, una insolencia trágica: lo sé. Que Spinoza me preste ayuda”[1].

Frente a este complejo modelo de intervención global, el Islam y el mundo árabe ha mostrado un accionar de redes y flujos. El accionar de Al Qaeda no sólo es explicable desde la conceptualización rizomática o de desterritorialización conforme la cual transforma su naturaleza al conectarse con otra, sino también desde la tradición del lenguaje político islámico.

“El uso de izquierda y derecha, ahora adoptado universalmente (...) fue una alusión histórica que deriva de la disposición de los asientos en la Asamblea nacional francesa después de la Revolución[2].

Entender izquierda y derecha es entender y construir un arriba/abajo, una estructura propiamente cuadrada. El mundo islámico para referirse al poder político, a la organización del estado elabora los temas básicos dentro y fuera, cerca y lejos.

“En la mayoría de las cortes musulmanas había chambelanes que custodiaban los lugares de acceso al gobernante. (...) La sociedad musulmana rechaza, en principio siempre, y en la práctica a menudo, al menos hasta cierto punto, la jerarquía y los privilegios, una sociedad en la que el poder y la categoría dependen fundamentalmente de la cercanía al gobernante y del disfrute de su favor.

(...) El movimiento hacia adentro puede estar rodeado de dificultades y ser obstruido por los chambelanes y otras barreras, pero es incomparablemente más fácil que el movimiento hacia arriba a través de las bien definidas capas de una sociedad estratificada.

En esto, como en muchas otras cosas, el lenguaje político musulmán refleja el ideal de movilidad social”[3].

De esta manera, el Islam, al igual que el capital, también construye una estructura, sin embargo, al ser una estructura circular, remite más al continuo que al discontinuo sistema de estratos, es en rigor una línea infinita.

A su vez, construir estructura circular, significa establecer una equidistancia entre el poder central y lo social, igual para todos los individuos y agrupaciones. Cada agente tiene una misma distancia con respecto al poder central.

El sistema estructurado en estratos, entre otras cosas, construye una pirámide social, en que las agrupaciones o agentes más cercanos al poder, son minoritarios y en la base de la pirámide, alejados enormemente del poder, accionan los mayoritarios, los marginados y entre ellos los refractarios. Al mismo tiempo, cada estrato está amurallado, convirtiéndose en una especie de casta, de ahí la ilusión liberal y socialdemócrata de que la educación es una herramienta de movilidad social, o de salto cualitativo de estrato a estrato. Cuestión ampliamente refutada por los estudios empíricos de la sociología de la educación desde la década de los ‘60 y las construcciones teóricas e investigaciones de la sociología bourdiana.

En plano exterior de la política islámica y de la comprensión política occidental, es explicable entonces la incomprensión del proceso revolucionario Iraní, por parte de los analistas liberaldemocráticos y socialdemocráticos occidentales.

En un programa de la televisión chilena, frente a una pregunta del periodista a un analista de política internacional[4], sobre porqué habría ganado la ortodoxia islámica y no el reformismo, cuando todos los datos al respecto indicaban lo contrario, un primer intento explicativo fue el del fraude electoral.

En realidad, lo que pasó en Irán en una elección con a lo menos tres candidatos fuertes, fue que los ciudadanos eligieron a aquél que les prometió o les dio una seguridad relativa de mayor acceso/cercanía al gobernante y una identidad propiamente islámica frente a la agresión del capital financiero. Una muestra de esto último, es que el Presidente Iraní Mahmud Ahmadineyad del partido Abadgaran, nombró ministros de estado a una mayoría sin experiencia política, es decir más cercanos a la población que a la clase política, ya sea del llamado conservadurismo, o del reformismo que había gobernado durante los últimos ocho años. Y como muestra de la mecánica capital estado-resistencia islámica, hoy, al escribir este ensayo, y meses después del triunfo de Ahmadineyad, el presidente republicano de los Estados Unidos, George Bush ha dado claras señales, en discursos públicos, de realizar futuras operaciones militares contra Irán.

La dicotomía reforma/revolución, conservadurismo/liberalismo en el Islam es una representación occidental estructurante propiamente paranoica, que no explica nada. Para explicar los procesos internos del Islam, es necesario ocupar el lenguaje político del Islam o lo que es lo mismo, el conocimiento islámico del Islam.

_____________________________________________

[1] Steiner, George. Artículo: “Todos somos huéspedes de la vida”. Discurso de agradecimiento con motivo de la concesión del Premio Börne. Extraído del Boletín del GOETHE INSTITUT “KULTURCHRONIK Nº 4. 2003 (año 21).

[2] Bernard Lewis. El lenguaje político del Islam. Editorial Taurus. 1990.

[3] Ibíd. 12

[4] Conversación entre el periodista Fernando Paulsen y el analista internacional Raúl Sohr, en el noticiero ‘Última Mirada’ de Chilevisión.